Archivo de Público
Miércoles, 23 de Julio de 2008

Júbilo en Bosnia, protestas en Serbia

Algunos serbios le ven como un criminal y otros como un héroe 

L. CAÑAVERAS / AGENCIAS ·23/07/2008 - 00:05h

Irhad Rizvo rompió a llorar al enterarse de la detención de Radovan Karadzic, uno de los presuntos criminales de guerra más buscados del mundo. “Noté algo parecido a la libertad. Por fin se hizo justicia”, sentenció este bosnio, residente en Sarajevo.

Centenares de personas celebraron su captura en la capital bosnia, dónde se mantiene vivo el recuerdo de los más de 10.000 muertos que causó el asedio ordenado por el Carnicero de Sarajevo. La radio estatal recuperó algunos de los discursos xenófobos proclamados por el ex presidente serbobosnio durante la guerra de 1992-1995 mientras se sucedían las felicitaciones de altos cargos internacionales.

Protesta violenta en Belgrado

La reacción en Belgrado fue, por el contrario, glacial. Algunos serbios ultranacionalistas protestaron con violencia contra el arresto de Karadzic y corearon su nombre y el de su mano derecha, el jefe militar Ratko Mladic. El líder de los nacionalistas radicales, Tomislav Nikolic, también le defendió: “Éste es un día oscuro para la historia de Serbia. Karadzic no es un criminal de guerra. Se ha convertido en leyenda”. Pero fueron una
excepción.

En las calles de Belgrado no se apreciaban ayer síntomas de intranquilidad por la detención de un personaje que para unos es un criminal, para otros un héroe y para algunos simplemente un “extranjero” (en alusión a su cuna montenegrina y a su puesta de largo en la vida política bosnia). Alguien que durante más de diez años de prófugo ha sido un obstáculo para la normalización de la vida en este país.

Esta última idea, la del obstáculo político, es la que más se escuchaba ayer y la gente formulaba preguntas como: “¿Y por qué era alguien tan importante?, ¿Era tan imprescindible que se le entregará para dejar de ser unos excluidos por más tiempo?” Sin ir más lejos, así opinaba un parroquiano en una cafetería en el centro de la ciudad mientras tomaba una cerveza. Otros contertulios, más optimistas, veían en la detención una prueba del cumplimiento de las promesas electorales del nuevo Gobierno pro occidental.

En los foros de Internet se mezclan las visiones de Karadzic como un “héroe épico” (según los versos de una señora) con las que lo tildan de asesino y genocida; a la vez que aparecen sentimientos, como el de la vergüenza, en ambas partes. Para unos es una vergüenza lo que hizo; para otros la vergüenza es que el Gobierno lo haya detenido. También aparecen disputas en torno a lo que debe pasar a continuación: entregarlo al Tribunal de la Haya, juzgarlo en Podgorica o Sarajevo, liberarlo o esperar a que fallezca víctima de una supuesta enfermedad.

La mayoría de los serbios considera que el Tribunal Penal Internacional de la Antigua Yugoslavia es tendencioso y atribuye la culpa de todos los crímenes de las guerras en Croacia, Bosnia y Kosovo a Serbia. Pero son conscientes también de que la entrega de Karadizc les acerca a la Unión Europea.

Ajenas al debate de la opinión pública, las autoridades serbias dejaron clara ayer su voluntad de cooperar con la Justicia internacional. Aseguran que la extradición se realizará en un plazo máximo de nueve días.