Archivo de Público
Martes, 22 de Julio de 2008

El terrorista que se creyó inmune

La banda mantuvo al frente del ‘comando’ a Goikoetxea pese a ser identificado por la Policía ya el verano pasado, poco después de su primer atentado, y a sus llamativos rasgos físicos 

O. L--F. ·22/07/2008 - 23:23h

Arkaitz Goikoetxea Basabe, el joven etarra detenido como máximo responsable del comando de ETA desarticulado ayer, dejó su huella, literalmente, ya en el primer atentado que cometió: el coche bomba del 24 de agosto de 2007 contra el cuartel de la Guardia Civil de Durango (Vizcaya).

Un desliz dactilar que permitió que fuera rápidamente identificado por la Policía y que su fotografía se hiciera pública. No le importó. Durante los casi once meses que han discurrido desde entonces hasta su captura, el joven etarra ha mantenido una febril actividad terrorista saltándose la norma no escrita hace años por la organización terrorista según la cual los activistas quemados deben refugiarse en Francia para evitar su captura y la caída de sus compañeros.

Sin embargo, Arkaitz Goikoetxea continuó en activo y dejó más huellas en otros atentados. Así, las cámaras de la comisaría de la Ertzaintza en Zarautz (Guipúzcoa) le grabaron el 25 de septiembre pasado cuando colocaba en la parte de atrás una mochila bomba. Su ADN apareció días después, en los artefactos recuperados tras el atentado trampa fallido contra los tedax de la Policía autónoma vasca frente al Palacio de Justicia de Getxo (Vizcaya). Y su voz fue identificada como la del etarra que avisó de la colocación del coche bomba frente al cuartel de Calahorra (La Rioja). Y todo ello mientras su foto era incluida por el Ministerio del Interior en los carteles de los terroristas más buscados.

Sólo en una ocasión, la Policía creyó que Goikoetxea había cumplido la norma etarra. Fue el 20 de noviembre, nueve días después del atentado frustrado de Getxo. Entonces, con una documentación falsa, alquiló una furgoneta en la localidad de Ermua que fue recuperada tres días más tarde al otro lado de la frontera. Sin embargo, los hechos demostraron poco después que lo que parecía una huída era en realidad un viaje de ida y vuelta para recoger material.

Llamativos rasgos físicos

En contra de Arkaitz Goikoetxea también jugaba, en principio, sus marcados rasgos físicos. Alto –supera el 1,80 metros de estatura– tiene una malformación congénita en el labio superior que le ha dejado una visible cicatriz y una acusada pronunciación nasal. Además, en abril de 2000 había sufrido la amputación del dedo de una de las manos al estallarse el artefacto pirotécnico que manipulaba durante un ataque de violencia callejera. Un llamativo aspecto que él había intentado camuflar con una barba y el cabello teñido.

Sin embargo, su rostro era muy bien conocido por las Fuerzas de Seguridad del Estado. De hecho, el joven etarra –28 años cumplidos el pasado mes de mayo– era un viejo conocido en las comisarías del País Vasco y en la Audiencia Nacional. Su primera detención se remonta a 1998, a la que le siguieron otra en 2000 y una más en marzo de 2001. Todas ellas por participar en diversos actos de violencia callejera. Su última captura, hasta la de ayer, se había producido en octubre de 2004, acusado de realizar actividades a favor de la banda. Por ella, estuvo en prisión hasta abril de 2005. Tras quedar en libertad, cruzó la frontera. A comienzos de 2007, los dirigentes de la banda lo enviaron a organizar el comando Vizcaya. Entonces, se creía inmune a la acción policial.