Archivo de Público
Martes, 22 de Julio de 2008

"Los italianos nos odian, no entiendo por qué", dice la madre de las niñas gitanas ahogadas en una playa de Nápoles

Varios bañistas contemplan impávidos los cadáveres de las dos gitanas ahogadas en la playa italiana de Torregaveta. Las fotografías han aumentado las tensiones en el país transalpino respecto a la inmigración, caballo de batalla del gobierno de Berlusconi

MIGUEL A. ORTEGA / Agencias ·22/07/2008 - 15:45h

Una de las fotografías de la discordia, tomada en la playa Napolitana de Torregaveta. / CESARE ABBATE

Pocas veces el segundo plano de una fotografía cobra más notoriedad que el primero. Pero sí: puede suceder que lo que ocurra entre bastidores sea mucho más elocuente que la representación misma, e incluso proporcione una nueva y demoledora perspectiva a la escena. Esta imagen, tomada el pasado lunes junto a algunas más, es un ejemplo de ello. En primer término, los pies desnudos y morenos de dos niñas, asomando bajo las toallas que cubren sus cuerpos inertes a la orilla de una playa; al fondo, un hombre y una mujer, éstos no cubiertos sino sentados sobre sus toallas, tomando el sol, al parecer mirando de soslayo pero sin inmutarse a la orilla, a los cadáveres, al fotógrafo.

La estampa puede resultar impactante de por sí, pero cabe agregar unos datos más para entender el revuelo producido por la fotografía: las niñas, Cristina y Violeta, de 11 y 13 años de edad, ahogadas el pasado 19 de julio al ser arrastradas mar adentro por el oleaje, son gitanas; la playa en la que se encuentan es una playa napolitana, Torregaveta, al sur de Italia, donde las medidas contra la inmigración ilegal de tintes xenófobos del gobierno de Berlusconi han tenido una especial repercusión sobre la etnia gitana de origen rumano.

Por motivos obvios, las imágenes, publicadas en diversos diarios italianos, han causado un escándalo a nivel nacional y la indignación de buena parte de la opinión pública. El diario conservador Corriere della Sera, por ejemplo, señala que no pocos bañistas -no sólo los que vemos en la fotografía- continuaron comiendo y tomando el sol a pocos metros de los cadáveres.

"Más grave que el suceso mismo" 

Sin embargo, la voz más implacable en contra de lo sucedido se ha manifestado desde el seno de la Iglesia. El arzobispo de Nápoles, Crescenzio Sepe, aseveró que "éstas son las imágenes de nuestra ciudad que no querríamos ver nunca. Mirar hacia otra parte o pasar del tema en algunas ocasiones puede ser más devastador que los acontecimientos".

"No se puede hacer caso omiso de tragedias como éstas", afirmó. "La indiferencia que hemos visto es casi más grave que el suceso mismo. Más terrible que ver nuestra ciudad, Napoli, sumergida por los deshechos", concluyó, refiriéndose al problema de recogida de basuras de la ciudad.

Por su parte, Franco Iannuzzi, alcalde de Monte di Procida, localidad donde se produjeron los hechos, aseguró que, según habían explicado testigos presenciales, los bañistas que se encontraban en la playa habían intentado salvar a las niñas. "Me han dicho que no ha habido indiferencia, porque muchos bañistas intentaron salvar a las niñas zambulléndose en el mar. En lo que podían han ayudado a la policía y fuerzas de rescate. Ellos mismos han traído las cajas de la playa"

La Guardia Costera informó que las dos chicas, acompañadas por otras dos amigas, habrían decidido bañarse, pero las olas y las fuertes corrientes las arrastraron mar adentro.Un corte de digestión habría hecho el resto. El aviso de algunos bañistas permitió que los socorristas pudieran rescatar a dos de las niñas con vida, mientras que las otras dos, Cristina y Violeta, fueron llevadas hasta la costa, donde intentaron reanimarlas sin éxito.

"Las podríais haber salvado, por eso os maldigo", exclamó ante los micrófonos la abuela de las niñas 

Muchos napolitanos se acercaron al campamento gitano de las niñas para asistir al funeral y mostrar así su solidaridad con la familia. La abuela de las niñas, sin embargo, no pudo contenerse cuando fue abordada por los periodistas: "Las podríais haber salvado pero no lo hicisteis, por eso os maldigo". "Los italianos nos odian, no entiendo por qué", apostilló la madre de Violeta, Myriana. "Mi hija nació aquí, era italiana como todos. Cuando hubo un accidente de coche frente al campamento, salimos para ayudar al muchacho herido como si hubiera sido nuestro hijo". 

Por su parte, la representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Italia, Laura Boldrini, expresó su indignación por el comportamiento de los bañistas y se preguntó si hubiera sido el mismo de tratarse de niñas italianas. A su vez, la asociación pro derechos humanos Everyone declaró en una rueda de prensa que el gobierno italiano intenta imponer a los gitanos su sailda del país. "El año pasado dejaron Italia 27.000 en dirección a Francia, España, Portugal, Grecia y Rumania", dijo Roberto Malini, portavoz de la asociación. Everyone ha añadido que presentará a ACNUR un informe sobre este tema.

Tensiones raciales 

Desde el pasado mes de octubre, políticos y medios de comunicación de la derecha italiana han llevado a cabo una campaña contra los gitanos de origen rumano, después de que una mujer fuera presuntamente asesinada en Roma por un ciudadano de esta etnia. La tensión se agravó tras el anuncio del paquete de medidas sobre la seguridad del Ejecutivo Berlusconi, que suele identificar criminalidad con inmigración, y uno de cuyos principales objetivos para esta legislatura es la "seguridad" del país transalpino.

Entre las medidas contempladas por el gobierno se encuentran la lucha sin cuartel contra la inmigración clandestina con la posiblidad de deportación, sobre la base de la polémica directiva europea que incluye la repatriación de los ciudadanos comunitarios sin papeles, con Rumanía como país prioritario en el caso de Italia. Además, la policía ya realizan acciones como tomar las huellas dactilares a todos los gitanos o inspeccionar sus campamentos.

La muerte de las dos niñas gitanas y la subsiguiente polémica han dado lugar, sin embargo, a una nueva reforma legislativa en Italia, dada a conocer el pasado lunes por el ministro de Interior, Roberto Maroni, según la cual se concederá la nacionalidad italiana a los menores gitanos abandonados. Con una condición, eso sí, que tampoco ha sentado nada bien: Maroni pretende que se les impongan nombres y apellidos italianos; según él, para favorecer su integración.