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Martes, 22 de Julio de 2008

El disco más sórdido de la historia

Lou Reed interpretó al completo 'Berlin', su obra cumbre de 1973, en el Teatro Cervantes de Málaga

JESÚS MIGUEL MARCOS ·22/07/2008 - 10:06h

Lou Reed, en una imagen de archivo.

En 1973 Lou Reed publicó un disco que metía miedo. Los efectos de escucharlo y ver El exorcista eran parecidos... Pero Berlin, como se llamaba el disco, aterrorizaba más. Por una vez, la masa popular y la crítica se pusieron de acuerdo: fue un fracaso estrepitoso.

Su compañía invirtió muchos dólares en lo que creían que iba a ser una ópera-rock superventas -muy a la moda en la época-, pero el público huyó despavorido y la crítica, esperando una nueva pirueta glam-rock-pop como Transformer, lo puso a caldo. Reed pasó página.

Pero el tiempo, mucho más sabio que los pequeños y contingentes seres humanos que somos, iluminó con su paso aquel pozo fangoso de podredumbre. Porque eso era Berlin: un viaje sin retorno a la crueldad más radical. Y se convirtió en un clásico, una obra cumbre, un canon, la cima creativa del ex líder de The Velvet Underground.

Tres décadas y media después, Reed lo tocó íntegro, el lunes por la noche, en el Teatro Cervantes de Málaga. Sólo una fecha en España, la última de la gira en la que Reed volvió a transitar las calles de Berlin. Casi una teintena de personas sobre el escenario, incluyendo un coro de doce niños y una sección de cuerda y viento. Un decorado decimonónico y el lleno en platea y palcos -ilustres incluidos: Fino Oyonarte (ex Enemigos) y Jesús Ordovás- pintaban un preámbulo perfecto.

Reed apareció vestido con pantalones vaqueros y una camiseta roja XL, como si bajara a comprar el pan. El príncipe de las tinieblas no puede parecerlo. Y así comenzó a desgranar, canción a canción, por riguroso orden, el encuentro, el amor y las destrucción de la relación de Jim y Caroline, una pareja de drogadictos a los que no resulta difícil ubicar en los bajos fondos del Nueva York de principios de los setenta (aunque él los sitúe, claro, en Berlín).

'Berlin' es un disco que hay que leer. Es un paradigma de "disco conceptual". Por eso Reed nunca tocaba estas canciones en directo, porque no tienen sentido por separado. Cuando lo canta entero, se amplifica la pesadilla. Reed encarna el papel de Jim, paladea cada uno de sus pensamientos y sentimientos hacia Caroline, una chica que pasa de ser una mujer fatal (en Caroline says I), a una chica apaleada (tres canciones más tarde, en Caroline says II).

La toxicidad de Reed 

La voz tóxica de Reed iba desgranando la transformación de Jim en un personaje cuya crueldad no tiene fondo. En The kids, Caroline ve cómo las autoridades se llevan a sus hijos, mientras Jim dice aquello de "yo soy sólo un hombre cansado, no tengo más que decir".

En el límite de la perversión, Reed canta con la frialdad de un psicópata el suicidio de Caroline -'este es el sitio donde se cortó las muñecas aquella extraña y fatídica noche'- y concluye: 'Nunca hubiera empezado esto si hubiera sabido que terminaría así, pero es divertido: no siento la menor tristeza de que haya terminado así'. El coro de niños que canta dulcemente el estribillo -'oh, oh, oh, ¡vaya sentimiento!'- sólo puede entenderse como un intento de llevar la sordidez a su último extremo.

Esta parte final del concierto capturó el dramatismo y la gravedad del disco -terrorífica la guitarra hipnótica en The Bed-, que se diluyó en los primeros compases debido a que la banda alargó demasiado algunas canciones y a algunos solos de guitarra excesivos. Se le llamó ópera-rock, pero en el fondo es un gran ejercicio de contención y concentración en el relato. La treintena de músicos pusieron el colofón con una poderosa versión de Sad song, donde el protagonista no muestra ningún signo de arrepentimiento, sino que culpa de lo ocurrido a su pareja.

Hasta aquí Berlin. Tras diez minutos de ininterrumpida ovación, Reed y todos los músicos volvieron al escenario para interpretar una magistral Satelite of Love -mención especial para el coro de niños-, el Rock and roll de la Velvet Underground y The power of the heart.

Esta última es una canción reciente en la que un enamorado le pide a su novia que se case con él. Una forma de redimir el daño causado durante la noche. Por cierto, Reed se casó hace un par de meses con su compañera desde hace años, la también cantante Laurie Anderson.