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Lunes, 21 de Julio de 2008

El absurdo nunca se agota

Con 'Tres veces uno', la editorial La Cúpula vuelve a fijarse en la cada vez más frecuente colaboración entre escritores y dibujantes

Peio H. Riaño ·21/07/2008 - 13:59h

PÚBLICO - Una escena del cómic de Gabrielle Piquet.

La dibujante francesa Gabrielle Piquet (París, 1979) ha sabido elegir. Quería humor, quería suspense, quería destinos tragicómicos e inesperados, quería un retrato del ser humano a ratos melancólico, a ratos crítico y lo tuvo gracias a los relatos cortos del escritor Tonino Benacquista (París, 1961), que desde hace algo más de una década es una de las referencias inevitables entre crítica y público.

Con la publicación de Tres veces uno, la editorial La Cúpula vuelve a fijarse en la cada vez más frecuente colaboración entre escritores y dibujantes para darle aliento a la novela gráfica. Meses antes la misma editorial publicaba Pizzería Kamikaze, basada en un relato de Edgar Keret (Tel Aviv, 1967).

La colaboración ha hecho de este libro una dulce madurez de recursos, que recoge tres voces en estos tres relatos a partir de las tres edades del hombre. Con una línea clara sin preocuparse por la exactitud del detalle ni cerrar las situaciones en viñetas, el dibujo flota sobre la página en blanco como lo hacen los trabajos de Joann Sfar (Niza, 1971).

Desde la vejez a la infancia, pasando por la madurez, Gabrielle Piquet se ha interesado por acercarse a la intimidad que determina la identidad de estos tres personajes de una manera ligera, de pasada, pero con suficiente calado como para entender las preocupaciones e incoherencias propias de hoy. De ahí esa portada tan acertada, que nos muestra a los tres personajes perdidos entre la multitud.

El relato en tercera persona, la crónica y el monólogo interior, tres fórmulas que se combinan a la perfección para caminar por los puntos más débiles de un viejo, un adulto y un niño. El primero confía en su lecho de muerte a su sobrino el deseo de ser enterrado junto a "la pajarera" y nadie espera el secretillo que guarda el anciano. El adulto es un periodista de una radio local que no es capaz de romper con sus ilusiones antes de que éstas acaben con él. Y el niño, un ser especial que busca un lugar entre la incomprensión tanto en la Tierra... como en el cielo. No, el absurdo ni se agota ni tarda en aparecer.

Quien haya leído Malavita o La máquina de triturar niñas (ambos en Lengua de Trapo) de Benacquista, que no se espere aquí caer fulminado por el humor mordaz y absurdo del escritor. Aquí está el Benacquista más reservado y menos cínico. Pero es inevitable el Benacquista maestro irónico en el estrago de las previsiones para alcanzar los deseos de una vida apacible.