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Lunes, 21 de Julio de 2008

"No todos pueden escribir de viajes"

Gabi Martínez publica 'Los mares de Wang', el relato de un año de viaje por 2.000 kilómetros de costa china

Guillaume Fourmont ·21/07/2008 - 13:13h

GABRIEL PECOT - Cuando no está en Barcelona para escribir, Gabi Martínez siempre viaja.

Nada más llegar a China le estafaron y le preguntaron: "¿Por qué viene de tan lejos a ver nuestros mares?". Gabi Martínez (Barcelona, 1971) se quedó y recorrió durante un año unos 2.000 kilómetros junto a Wang, un joven chino que nunca había visto el mar.

Martínez responde a la pregunta que le hicieron en Los mares de Wang (Alfaguara), un periplo que narra la China actual, entre la intimidad de los pueblos y los rascacielos de Shanghai. No fue el primero ni será el último gran viaje de su vida. De regreso de Australia, Martínez tiene un oficio que muchos envidian: viaja para escribir, escribe para viajar.

¿Por qué la costa china?
Siempre se habla de Shanghai o de Macao. Pero no existe ningún libro -al menos no los encontré- que trate del resto de la costa, me sorprendió este vacío. Recibimos mucha información sobre China, pero sabemos muy poco de los chinos. Quería hablar con ellos, retratar cómo viven. Siempre se habla del peligro amarillo; quería saber de qué peligro se trataba.

¿Existe entonces ese ‘peligro'? ¿Qué aprendió?
Aprendí que los chinos son conscientes, dueños, de su tiempo. La amenaza resulta del desconocimiento de China por Occidente, pero los chinos son gente como cualquier otra, que debemos entender para quitarnos esa idea. Es una de las civilizaciones más antiguas y avanzadas al mismo tiempo. Mi libro es un paso de aproximación para acercarse a ellos y respetarlos. Los chinos saben mucho más de nosotros, que nosotros de ellos.

¿Viajar, qué es?
Viajo porque soy curioso. Hice la mili cuando la mayoría de mis amigos hacían objeciones, porque yo quería saber lo que era.

¿Se arrepintió?
Después de dos meses, pensé que me quedaban aún diez y me pregunté: ¿qué hago aquí? Me gusta contrastar las ideas y las paranoias que tengo con la experiencia directa, ver cómo funciona la realidad y pensar en ella, necesito calle y encierro. Viajar y escribir es para mí una necesidad vital.

Un lujo de vida, ¿no?
Sí, es un lujo de vida, aunque es un lujo arriesgado. Siempre me la juego económicamente, porque pago todos mis viajes. Si no vendo...
A parte de las guías, la literatura de viaje no funciona muy bien.
La literatura de viaje está menospreciada, no sé si por los escritores, los editores o la idea literaria en general. Siempre se alaba a Ryszard Kapuscinski o a Lawrence de Arabia, decimos que hay que acercarnos a los otros y que viajar es una experiencia fantástica, pero la literatura de viaje se explota mal.

¿Por qué?
Dicen que la gente no compra. El problema es la publicidad. Carlos Ruiz Zafón, por ejemplo, tiene un aparato publicitario impresionante. La gente compra lo que le llega, lo que le sugiere. ¿Quién sugiere libros de viaje? Nadie. Pido más respeto para la literatura de viaje porque es un género de calidad y de primer orden. Cualquier escritor no es capaz de relatar un viaje, aunque sea lo mejor. La literatura de viaje concilia una experiencia personal con la obra literaria. A mí me lo permitió Wang en China. A lo mejor faltan escritores que aborden este desafío.

Si no fuera un destino, ¿qué viaje haría?
Tengo la suerte de viajar mucho. Otros viajes son mentales, son mis fantasías.

En esas fantasías, ¿existe un país soñado del que no podría escribir?
Es un país que dibujé a mi medida, pero sí que me permite escribir. Un viaje da intuiciones para continuarlo en casa, es un poco el regalo que tiene viajar.