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Lunes, 21 de Julio de 2008

La última marcha de María Vasco

La única atleta española con un metal en los Juegos aspira a repetir podio en Pekín en su despedida olímpica

NOELIA ROMÁN ·21/07/2008 - 10:25h

María Vasco, con la medalla conseguida en Osaka 2007.

Una semana antes de que Pekín inaugure sus Juegos, María Vasco (Barcelona, 1975) abrirá su armario, elegirá su mejor vestido, se maqueará como si en el podio la aguardase un oro y, con su mirada límpida y azul, marchará hacia un compromiso casi tan importante como los Juegos: la boda de Basilio Labrador, su amigo-entrenador.

Se casa el ex marchador, el técnico de Teresa Linares, el hombre que, estos días en Tenerife, vigila de cerca la preparación de la mejor marchadora española, la única atleta que puede presumir de haber conquistado un metal en una cita olímpica, hito que aspira a repetir en un mes en la capital china.

En la cuenta atrás de los Juegos, Labrador dará su sí, quiero y María Vasco hará un breve paréntesis en su preparación olímpica para acompañar al hombre que le ha abierto las puertas de su casa en Tenerife para ayudarla a afinar su marcha hacia Pekín. La liturgia se repite desde hace cuatro años, cuando Vasco descubrió lo mucho que la amistad puede aportar a los entrenamientos. "Los circuitos aquí no son excelentes", admite la marchadora, "pero, a estas alturas de mi carrera, busco otras cosas, como sentirme a gusto; y aquí, me siento como en casa".

María se encuentra como en casa porque, cuando, por las mañanas, se lanza a marchar kilómetros y kilómetros -hasta 26, en estos días-, nunca lo hace sola. De debajo de las piedras, surgen otros marchadores, amateurs y profesionales, jóvenes y veteranos, que la arropan y amenizan el ensayo.

Junto a ellos, Labrador, cronómetro en mano, intentando que María cumpla los tiempos marcados por Rafael Sánchez, su verdadero entrenador. "Lo que Basilio hace por mí es muy fuerte", dice María; "me siento un poco mal porque, para él, es casi una responsabilidad", añade. Y no sin razón: Labrador, cuarto en los 50 km del Mundial de Stuttgart, en 1993, ha hecho coincidir sus vacaciones con la estancia de Vasco en Tenerife para poder ayudarla.

"Nadie, excepto tu pareja, hace algo así. Ahora sólo puedo agradecérselo consiguiendo una medalla en Pekín", señala la atleta.

Osaka, una inyección

La medalla, el ansiado metal, parece un objetivo factible, más incluso que en Sydney 2000, cuando Vasco, con 24 años, atrapó un inesperado bronce. En su madurez deportiva, María rebosa una confianza y un optimismo lógicos, avalados por la medalla de bronce lograda en el banco de pruebas que resultó ser el Mundial de Osaka, el año pasado.

"Moralmente, Osaka me vino muy bien", confiesa María. "Fue una inyección de adrenalina, me permitió coger fuerzas y pensar, después de tantos años, que puedo estar arriba, como las rusas y las chinas, porque no soy coja, me he entrenado mucho y estoy dispuesta a todo", razona. Justo un año antes del bronce de Japón, Vasco había estado a punto de dejarlo todo, frustrada por su decimoquinto puesto en el Europeo de Gotemburgo. "Fue la peor carrera de mi vida", recuerda ahora que se ha sobrepuesto a lo que entonces la condujo a aquella situación y luego supuso un motor: la muerte de su padre.

"En circunstancias así", expone con amargura, "te das cuenta de que la gente es mala, de que no está cuando la necesitas". "Pero luego pensé que a mi padre no le gustaría verme abandonar por la puerta de atrás y que tengo mucho que dar y demostrarme a mí misma", abunda.

En esas anda desde entonces, ilusionada por encontrarse con Pau Gasol y Gemma Mengual en la villa olímpica, y consciente de que sus rivales, las Kaniskina, Shemyakina, Sibileva o Turova, son las mismas en Europeos, Mundiales o Juegos. La diferencia radica en la repercusión mediática del evento y en el entorno. "Respeto, pero no temo la contaminación de Pekín. Es el factor nuevo, pero quizá se le está dando demasiado bombo", apunta María. "No puedes hacer millones de kilómetros y luego tener miedo. Hay que ser inteligente, no salir en plan suicida y saber que lo pasaremos mal hasta el final".

Circuito de tartán

Entre otros motivos porque el circuito olímpico transcurrirá sobre una lámina de pavimento prefabricado, una suerte de tartán de cuatro milímetros de grosor, y no por el habitual asfalto. Eso es lo que tiene a María cada tarde entrenándose en las pistas tinerfeñas para que sus músculos se adapten al tartán. "No me gusta y me cuesta más", admite, "pero, así, mis isquios y mis tibiales llegarán más preparados".

No es este el único cambio que Vasco ha introducido en la preparación de un curso en el que ha obviado otras competiciones para dedicarse exclusivamente a unos Juegos que serán los últimos: ha completado dos pretemporadas invernales (de septiembre a diciembre y de enero a marzo), con mucho volumen, y un pequeño pico para la Copa del Mundo, antes de afinar con vistas a Pekín. "Se ha dicho que no estoy bien, que voy a muchos actos... y me he tenido que morder la lengua: ganar otro campeonato de España no me supone nada, unos Juegos, sí.

Confío mucho en mi entrenador, que es un sabio", asevera. A ritmo de su récord de España (1h 27' 36"), Vasco sabe que tocará podio. "La medalla estará en 1h 28-1h 30m y estoy convencida de que lo puedo conseguir. Me gustaría cambiar el color del metal", concluye la marchadora, que viajará a Pekín unos 15 días antes para aclimatarse.