Archivo de Público
Domingo, 20 de Julio de 2008

Cohen no tiene edad

Los susurros del cantautor más admirado todavía seducen

VÍCTOR LENORE ·20/07/2008 - 22:36h

Cohen, en plena actuación. BLANCA DEL AMO 

Vale: estábamos todos rendidos de antemano, pero Leonard Cohen confirmó las mejores expectativas que pudieran tenerse. Una hora le bastó para poner el festival a sus pies, y desde un lado del escenario Enrique Morente no se perdía un detalle.

En las primeras filas hubo aplausos, risas y bastantes lágrimas de emoción. Cohen tocó las canciones que todo el mundo quería escuchar, orillando sus dos últimos álbumes (el injustamente ninguneado Ten new songs y el flojísimo Dear Heather). Fue un gesto de humildad tocar sus piezas más universales, las que estaba seguro de que todo el mundo quería escuchar.

Arrancó con Dance me to the end of love, arrodillado ante su guitarrista Javier Mas. Siguió con un majestuoso Who by fire. Cohen puede hacer sonar suave la canción más amarga. Algunos hasta bailaron la apocalíptica The Future. Ese contraste entre dulzura y crudeza siempre ha sido ingrediente secreto.Versos agridulces como la vida misma. Los arreglos de bandurria, laúd o órgano Hammond le arroparon con cariño, también las tres coristas, incluida su fiel Sharon Robinson.

Seductor a la fuerza

 

Entre canción y canción, el cantante desplegaba una sonrisa tan desarmante y contagiosa como sus estribillos. Bird on a wire propició el primer karaoke colectivo, First we take Manhattan también fue muy celebrada. La desespernzada Everybody knows, por desgracia, sigue sonando tan actual como el día en el que fue compuesta. También tocó la pieza titular de I`m your man, ese ruego de Casanova empalmado ante una belleza que se le resiste. Si alguien ha sabido retratar la mecánica del deseo con dureza y elegancia ha sido él.

Tras una hora no quedan dudas: sabe combinar como nadie voltaje poético con accesibilidad comercial. El disco I`m your man, el más citado de esta tarde, es la mejor prueba . Sin duda fue el mejor álbum que llegó a lo más alto de las listas de ventas de finales de los ochenta.

Los fallos del recital fueron mínimos: sólo se olvidó de un verso y alguna vez dudó al repasar las letras que le salían en la pantalla. El volumen comenzó bastante bajo y acabó remontando poco a poco hasta el eufórico cierre con So Long, Marianne.

Alegrías sin tardar

Nunca un concierto tan temprano en Benicàssim había despertado tanta expectación. Tampoco se recuerda que ningún artista haya congregado a un público de tan amplio rango de edad. En las primeras filas un veinteañero recordaba como los discos del canadienese eran un sonido que asociaba siempre al salón de su casa. De hecho llamó por el móvil a sus padres para compartir con ellos la emoción de estar a punto de escucharle cantar. Hacía quince años que Leonard Cohen no actuaba en nuestro país. En aquel entonces ya era considerado un superventas anciano, pero el domingo apareció en escena con casi la misma apariencia y frescura que entonces.

El festival, por cierto, está lleno de alumnos y admiradores: Raúl de Refree y Abel Hernández de El Hijo, que tocaron unas horas antes en el recinto.

La cola para coger primera fila fue de las más largas que se recuerdan en la historia de Benicassim (quizá le superó una para Oasis). Elegantes , relajados y trajeados, su banda no falló una sola nota. Se palpó la fluidez y la complicidad.

Cohen insertó el nombre de España en la letra de Hallelujah, hizo unos pasos de baile cuando una canción hacía referencia a “white man dancing” y hasta salió dando saltitos del escenario.Como un chaval. Con terno negro y sombrero de fieltro sigue siendo un competente seductor.

Tener pase de prensa esta vez fue un verdadero premio: con él se accedía a una prueba de sonido donde nos regaló tres impecables interpretaciones de Who by fire, Dance me to the end of love y Tower of song, esa letra donde habla de un espacio mítico de los grandes creadores de canciones.

Para quien se quedara con las ganas, hay serios rumores de una gira por España este otoño.Sería raro, rarísimo, que cualquier amante de la canción popular no disfrutará de un catálogo de canciones tan vivo, distinguido y divertido como el suyo.