Archivo de Público
Domingo, 20 de Julio de 2008

Las grúas borran el viejo Pekín

El Gobierno chino ordena el derribo de miles de viviendas tradicionales antes de los Juegos con el pretexto de mejorar la imagen de la ciudad

ANDREA RODÉS ·20/07/2008 - 19:48h

Yu Changwan y una vecina que se autolesionó para impedir el desalojo de su casa junto a una vivienda recién derribada. ANDREA RODÉS

Es la una del mediodía y el calor aprieta dentro de la furgoneta blanca de los Yu. Pero eso no parece importarle a Yu Changwan, uno de los 14 miembros de esta familia pekinesa obligada a desalojar su casa en el centro histórico de la capital. Es la última que se mantiene en pie en este viejo hutong, calles tradicionales de casas bajas con patio interior, condenado a desaparecer para dar paso a un nuevo proyecto inmobiliario.

Desde el asiento trasero de la furgoneta, rodeado de botellas de zumo vacías, Yu vigila la temible llegada de los agentes de desalojo. Hace turnos con sus cuatro hermanos, que ahora duermen. "Mi familia vive aquí desde hace 60 años. Si nos echan no tenemos a dónde ir", dice Yu. Descalzo, vestido con una simple camiseta sin mangas y unos pantalones de pijama tan sucios que evidencian no haber sido lavados desde hace tiempo, Yu sale de la furgoneta para explicar la situación a los curiosos que se acercan.

A ratos, el alboroto que montan puede escucharse desde la Nanluoguxiang, una de las calles peatonales más turísticas de la ciudad.

Un coche patrulla vigila día y noche la casa de los Yu. A menos de un mes para el inicio de los Juegos Olímpicos, las autoridades de Pekín no están dispuestas a tolerar ningún tipo de protesta. "No hay forma de impedir que nos desalojen", se lamenta Chen Lanrong, una antigua vecina del barrio, cuya casa fue demolida el pasado 1 de julio.

"Me corté el brazo con un cuchillo para asustar a los agentes, que entraron por la fuerza, pero no sirvió para nada", dice Chen, enseñando su brazo vendado a esta periodista.

Chen viene cada día para ofrecer apoyo a los Yu desde que se enteró, por un canal de televisión de Hong Kong, de que la familia se resistía a abandonar su hogar. Vive con una amiga porque no tiene dinero suficiente para comprarse un piso. El Gobierno le prometió una compensación  de 1,1 millones de yuanes (110.000 euros) pero aún no ha cobrado nada.

Compensaciones ridículas

Los Yu han rechazado la misma oferta, porque la consideran ridícula. "No es suficiente ni para comprarse un váter", dijo una hermana de Yu a un periodista inglés. Los precios de los pisos en Pekín se han disparado por culpa de la alta especulación inmobiliaria y la llegada de los JJOO.

"¿De qué vamos a vivir si nos echan de aquí?", se pregunta Yu. En la casa se ubica también el negocio familiar, una tienda de bebidas y frutos secos, pero hace casi un mes que no tienen ingresos.

El pasado 26 de junio, los agentes les requisaron el frigorífico y  parte del mobiliario y de la mercancía. Su hermano mayor, Yu Pingju, se pasa las horas frente al mostrador vacío, cabizbajo, sorbiendo té de un vaso de papel y esperando a que baje el calor. Es al atardecer cuando decenas de vecinos se aglomeran frente a la casa de los Yu en muestra de apoyo. "La gente se solidariza con nosotros, pero nadie hace nada, nadie quiere problemas", dice Yu.

Indefensos ante las inmobiliarias

Las protestas por los desalojos forzados son frecuentes en las ciudades chinas, en especial, desde la introducción de la Ley de Propiedad el año pasado. Algunos consiguen llevar sus casos frente a los tribunales, pero la mayoría siguen desprotegidos frente al poder de las empresas inmobiliarias, en muchas ocasiones, ligadas a funcionarios del Gobierno local.

"El Partido Comunista se está cargando este país", dice el conductor de un rickshaw, que detiene su marcha al ver al grupo de curiosos frente a la casa de Yu. Una máquina excavadora reposa sobre un montón de ruinas, los restos de la última casa derribada. La mayor parte del viejo Pekín ha desaparecido en los últimos 20 años.

Al margen de los espectaculares edificios diseñados en ocasión de los Juegos, como el Estadio Olímpico, el nuevo aeropuerto o la torre de la televisión pública CCTV, obra del arquitecto holandés Rem Koolhas, Pekín es hoy una aglomeración de edificios funcionales, feos y de pobre construcción, con pocos espacios para pasear.

"Estos Juegos no traen nada bueno para la gente común", grita el conductor del rickshaw, con el torso desnudo y sudado, indiferente a las bocinazos de los coches que no pueden pasar. Los vecinos asienten con la cabeza.

Más que una fiesta popular, los JJOO han supuesto una serie de normas y restricciones que entorpecen la vida de los pequineses: desde no escupir y no tender la ropa en la ventana, a los molestos controles de seguridad en el metro o el derribo de barrios enteros, como el hutong de Sr. Yu, con el pretexto de mejorar la imagen pública de la ciudad.

Para frenar la curiosidad de los paseantes, la policía ha obligado a cubrir con una tela negra el muro de la casa de Yu, donde cuelgan las órdenes oficiales de derribo y una fotografía del presidente chino, Hu Jintao. "Hermano Hu, espero que nos mantengas a salvo", puede leerse en grandes caracteres pintados en la pared. Pero las esperanzas de que los Yu logren salvar su casa desvanecen a medida que se acercan los Juegos. "Seguro que vienen a desalojarnos esta noche", dice Yu.

Ocurrió la madrugada siguiente a realizarse el reportaje. Su casa se derribó sin haberse pactado una indemnización. El terreno será utilizado para la construcción de un parque y la reproducción de una antigua muralla de la ciudad".