Archivo de Público
Jueves, 17 de Julio de 2008

El rey visita a un Adolfo Suárez perdido en sombras

Desde 2003 no se tenía ninguna imagen del ex presidente

LUIS CALVO ·17/07/2008 - 20:53h

ADOLFO SUÁREZ ILLANA - El rey pasea con Adolfo Suárez durante su encuentro.

Ayer reapareció. Ausente desde que el alzhéimer comenzó a robarle la memoria, el primer presidente democrático, Adolfo Suárez, volvió a dejar una imagen. Una sola foto, de espaldas y caminando junto al rey. Abrazados, charlando por el jardín de su casa en la urbanización madrileña de La Florida, nadie diría que el ex presidente se ha olvidado del mundo.

Aunque no lo supiera, los reyes acababan de imponerle el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro. En una ceremonia privada, en su propia casa, Juan Carlos I le entregó el galardón que le concedió el Gobierno en junio de 2007. Pese al prestigio del premio, fue el cariño entre ambos plasmado en una fotografía de su propio hijo, Adolfo Suárez Illana, lo que se convirtió ayer en noticia.

A juzgar por la foto, a pesar de la enfermedad neurodegenerativa que sufre, el ex presidente mantiene buena forma física.

Cinco años ausente

 

Adolfo Suárez se perdió en las brumas de la enfermedad hace cinco años. El hombre que convenció al franquismo de que se suicidase se olvidó de cuanto le rodeaba. Fue entonces cuando desapareció. Su último acto, en mayo de 2003, había sido para apoyar la candidatura de su hijo a la presidencia de Castilla-La Mancha por el Partido Popular.
Los primeros síntomas empezaban a hacerse patentes. Torpe y desconcertado, perdía una y otra vez el hilo del discurso. En un momento del acto se le cayeron las notas que llevaba. Sus frases dejó helados a quienes le rodeaban: “Ya no sé si estoy repitiendo esto. Me he hecho un lío y quiero terminar cuanto antes”.

Luego se esfumó.

Hasta ayer, ninguna imagen había roto la oscuridad en la que el alzhéimer sumergió a Suárez. Ni siquiera en 2004 fue capaz de acudir al entierro de Mariam, su hija mayor. Cuando le dieron la noticia de su muerte se había mostrado extrañado. Sólo se le ocurrió preguntar: “¿Y quién es Mariam?” Cuando se lo explicaron, replicó enfadado: “Con esas cosas no me gastes bromas”.

Desde entonces, su único contacto con el exterior eran los amigos que aún le visitaban. Aunque muchas veces ni siquiera les reconocía, siempre era afectuoso. Ayer hizo lo mismo con el rey.