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Miércoles, 16 de Julio de 2008

La OCDE da el tiro de gracia al 'oro verde'

Un estudio del organismo coincide con la ONU o el Europarlamento en que los biocombustibles reducen sólo ligeramente las emisiones de CO2 y suben los precios

ANDRÉS PÉREZ ·16/07/2008 - 21:44h

Ilustración: LUCIANO LOZANO

No puede ser Brasil todo el que lo desee, y así lo recordó este miércoles la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En un informe presentado en París, los economistas del organismo dieron el tiro de gracia contra las políticas de apoyo a los biocarburantes en el mundo desarrollado (incluida España). Según el estudio, el que era calificado de oro verde es, en realidad, para los países del Norte, un auténtico despilfarro de fondos que, además, poco o nada aporta en la lucha contra el cambio climático.

El informe, titulado Evaluación Económica de las políticas de apoyo a los biocombustibles, estima en sustancia que subvencionar y promover los biocarburantes resulta excesivamente caro, no contribuye a la seguridad energética, reduce sólo ínfimamente las emisiones de CO2 y, por si fuera poco, propulsa la espiral alcista de los precios de la alimentación en el planeta.

La Dirección para el Comercio y la Agricultura de la OCDE no se anduvo con rodeos en la presentación del informe en París. Aunque el texto de más de 110 páginas de análisis y estudios sobre eficiencia de los biocarburantes no preconiza explícitamente la muerte del oro verde, Stefan Tangermann, director de Comercio y Agricultura en la OCDE, sí dictó sentencia de viva voz en la rueda de prensa: "Sería muy sensato declarar una moratoria, porque los programas actuales deben ser reexaminados".

Con ese mazazo, la OCDE viene a sumar su capacidad de influencia, como ente económico, en el debate sobre el que ya se han posicionado, también de manera hostil, organizaciones multilaterales como la FAO, la ONU, el Banco Mundial y, más recientemente, el Parlamento Europeo.

Los biocarburantes eran presentados hace una década, a la luz del ejemplo brasileño, como una triple solución a la inestabilidad crónica del suministro de petróleo, a las emisiones de gas con efecto invernadero y a los bajos ingresos de las familias de agricultores. Ahora, a la luz de los nuevos informes, los biocombustibles se convierten en el peor enemigo de las finanzas públicas y de la cesta de la compra.

Un bolsillo roto. Eso es lo que ha encontrado la OCDE en las políticas que Estados Unidos, Canadá y la UE han puesto en marcha desde hace casi diez años para promover el biocarburante. Según sus expertos, ese inmenso aparato de subvenciones, mandatos, precios subsidiados y
desgravaciones fiscales puesto en marcha costará, hacia 2015, unos 25.000 millones de euros cada año.

Coste y beneficio

Como, de hecho, el impacto de los combustibles de origen vegetal en la reducción de emisiones de CO2 del transporte es muy reducido (sólo del orden de entre el 0,5% y el 0,8% menos), las cuentas se pueden echar fácilmente. Por cada tonelada de CO2 ahorrada a la atmósfera gracias a los biocombustible, se habrán gastado entre 970 y 1.700 dólares.

Con esas cuentas, los expertos de la OCDE intentaron señalar claramente que, para ellos, la producción de biocarburantes subvencionados en el mundo desarrollado es "ineficaz" en materia de lucha contra el cambio climático, por lo que inmediatamente dispararon la alarma contra la ley estadounidense de diciembre de 2007, que prevé aumentar el dispositivo pro oro verde, y contra el capítulo biocarburantes del paquete energía-clima de la Unión Europea. De hecho, sin esperar a la OCDE, el Parlamento Europeo ya empezó la semana pasada a arriar las velas del dispositivo de Bruselas en favor de los biocombustibles. Habrá que buscar otras vías contra las emisiones de CO2 en el sector transportes.

Hecha su evaluación totalmente negativa de los biocombustibles en el Norte, y después de señalar su posición favorable a una moratoria en las subvenciones, la OCDE se permitió dos matices.

En primer lugar, los técnicos reconocieron que habrá que esperar y ver si las investigaciones sobre una segunda generación de biocarburantes da resultados en materia de eficacia contra el CO2.

En segundo lugar, la OCDE reconoció que un segmento particular de los biocombustibles, el etanol sacado de la caña de azúcar en medios tropicales -el milagro brasileño-, sí es ya eficaz.

Por ello sugirió que, de inmediato, se suprima la política de subvenciones al cultivo en EEUU, UE y Canadá de cereales, remolacha u oleaginosos para carburante, sustituyéndola por una liberalización de importaciones de biocarburante tropical.

No obstante, reconocieron los expertos de la OCDE, hasta esa vía, la importación de biocarburantes tropicales, tiene un límite: aumentar las superficies de cultivo contribuiría a destruir más selva primaria tropical. 

"No es sensato utilizar grano para los coches"

El investigador del CSIC Pablo Vera, del Instituto de Biología Molecular y Celular de las Plantas, fundó en 2005 la empresa biotecnológica Calantia, dedicada a la búsqueda de biocarburantes independientes del sector alimentario.

¿Es realista el actual objetivo del 5,75% en 2010 y el 10% en 2020?

Si se investiga es alcanzable. Pero si no hay una inversión económica realista, esto no se lo cree nadie, porque la tecnología no está madura.

¿Se puede hacer una apuesta seria con informes tan negativos como el de la OCDE?

Yo estoy convencido de que se manipulan, porque los biocombustibles de segunda generación no tienen nada que ver con la crisis alimentaria.

¿Cree que las petroleras tienen una campaña contra los biocarburantes?

Me lo tendrán que demostrar. Las grandes productoras de petróleo, como Repsol o British Petroleum, también se están inclinando por formas alternativas de generar combustible. Saben que es una necesidad: nos quedan 50 años de petróleo.

¿Se puede confiar en la segunda generación?

Sí, lo que no deberíamos permitir es la tecnología de primera generación, como el bioetanol, el sustituto de la gasolina, que se obtiene de los cereales. Porque si lo hacemos, estamos abocados a igualar el precio de los alimentos al del petróleo. No tiene sentido facilitar esta producción con subvenciones. Con esto no quiero decir que la escalada especulativa de los alimentos sea debida a los biocombustibles, porque no es verdad. Son los intermediarios, los lobby y los mercados financieros los que están especulando con las materias primas.

Entonces, ¿por qué los biocombustibles son el chivo expiatorio?

Porque los de primera generación necesitan grano, el mismo del que salen las barras de pan. Mientras siga muriendo gente de hambre, no es sensato que utilicemos grano en nuestros motores. Necesitamos sacar energía de los cultivos lignocelulósicos, de la madera. Pero para eso hay que investigar. No se puede decir de la noche a la mañana “voy a degradar la celulosa de la madera en glucosa para sacar etanol”. Queremos biocombustibles ya, tirados de precio y sin investigación. Y eso no puede ser.