Archivo de Público
Miércoles, 16 de Julio de 2008

El campo y Kirchner se miden en el Senado

La presidenta argentina continúa perdiendo apoyos

FEDERICO PEÑA ·16/07/2008 - 21:07h

Un hombre ondea una bandera argentina durante una protesta de agricultores contra el Gobierno.

A las dos argentinas que el martes reflejaron en las calles porteñas la enorme división que vive el país desde hace cuatro meses les llegó la hora de la verdad. Este miércoles, el debate de la ley sobre el aumento del impuesto a la renta extraordinaria de la soja se trasladó al Senado.

En un mar de incertidumbre, hay una sola certeza en la Cámara Alta: sea cual sea el resultado, será ajustadísimo. La aprobación o no, al cierre de esta edición, dependía del voto de dos senadores indecisos.

Aprobar una ley en el Congreso era hasta hace unos meses un ejercicio automático para el Gobierno, que contaba con al menos con el 60% de apoyos en las dos cámaras.

A cuatro meses del conflicto agrario, una oposición que en cuatro años no había conseguido hacerle cosquillas al Gobierno empieza a disputarle la calle y las instituciones.

Esta atmósfera dividida se trasladó al Senado. Por la mañana, tras el anuncio de dos de los cuatro senadores indecisos de que votarían en contra del proyecto oficialista, la votación estaba empatada en 35 votos por bando.

Según el Gobierno, Ramón Saadi y Adriana Bortolozzi, ambos del Partido Justicialista (PJ) -el de Cristina Fernández de Kirchner-, los dos indecisos, apoyaban el proyecto.

En su última conferencia de prensa, el ex presidente Néstor Kirchner negó que el Ejecutivo haya sufrido desgaste en estos 127 días. Y aunque no se puede impugnar la legitimidad de las leyes que el Gobierno ha conseguido sacar adelante estos meses, las abultadas victorias legislativas de los Kirchner en otros tiempos son ya historia.

Deserciones

En la votación por las retenciones agrícolas, 30 diputados le han retirado su apoyo y se espera que lo hagan ahora 10 senadores.

Con Néstor Kirchner a la cabeza, el acto frente al Congreso para apoyar a su esposa congregó a una multitud de militantes aportados por los sindicatos y miembros de piquetes oficialistas, a los que se sumaron vecinos de la ciudad que apoyan el proyecto oficial.

Frente a ellos, el líder del peronismo reiteró sus críticas a los agricultores, a quienes exhortó a aceptar el resultado del Senado "sea cual fuere".A apenas 50 calles, frente al Monumento a los Españoles, una mezcla variopinta le mostró los dientes al Gobierno.

El conflicto con el campo ha vertebrado, aún sin un liderazgo político claro, a las huestes opositoras. De forma impensable en otras épocas, la marcha rural mezcló al peronismo conservador con el maoísta Partido Comunista; a agricultores con el sindicalismo disidente, conducido por Luis Barrionuevo, y con vecinos del acomodado barrio de Palermo. Pese a las enormes diferencias, confluyeron en un denominador común: el rechazo al Gobierno.

Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural Argentina, rechazó el envite de Kirchner. "Ganemos o perdamos, la resolución 125 no va a poder continuar", dijo. Por su parte, Mario Llambías, líder de las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), anunció que de prosperar la ley en el Senado la recurrirán ante la Justicia.

Una votación en las manos del vicepresidente 

Julio Cobos, el vicepresidente argentino, se convirtió en la tarde de hoy en el jugador clave de la votación en el Senado. Con un pronóstico de 35 votos a favor y otros 35 en contra, la votación del proyecto para aumentar las retenciones agrícolas suscitó todo tipo de quinielas de los medios locales durante la jornada legislativa. Algunas daban incluso un empate de 36 a 36.

En ese escenario, el voto doble de Cobos en su calidad de presidente del Senado es clave. Criticado durante las últimas semanas por su propio Gobierno, su decisión es un enigma.

"Estoy con el campo. Pero también debo pensar que un voto mío en contra del Gobierno equivale a pedirle la renuncia a la presidenta", dijo Cobos a un dirigente rural según el diario ‘La Nación'.

De darse esta situación, el papel de árbitro del vicepresidente será central. Un voto en contra pondría contra las cuerdas a Cristina Fernández.