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Domingo, 4 de Noviembre de 2007

Los socialistas rompen el empate técnico con el PP

Los socialistas no pagan precio político por la crisis de los Cercanías y, al contrario, consolidan el voto en Catalunya.

LUIS CALVO ·04/11/2007 - 20:14h

Las diferencias se acrecientan. A pesar de la crisis del AVE en Catalunya, el PSOE no sólo no retrocede sino que alarga la distancia que le separa del PP en casi un punto. Aún así, es mínima.

La estimación del voto, que a cuatro meses de las elecciones sigue sin ser determinante para adelantar un resultado, muestra una diferencia de 3,1 puntos. Mientras que el PSOE se eleva casi hasta los 42 puntos (el límite de la victoria electoral se suele fijar en un 40% de los votos), el PP cae dos décimas, a un 38,6% de los sufragios.

Aunque el voto no está consolidado hay más factores que señalan una posible tendencia de aquí a las generales. Una de las mayores fortalezas del PP, la fidelidad de sus votantes, tiene relación con una de sus mayores debilidades. El PP conserva al 79% de sus votantes de 2004, pero no consigue despertar simpatías entre los de los demás partidos y los nuevos votantes.

Un 33% de los encuestados manifiesta una especial incompatibilidad con el PP, tres veces más que los que la sienten hacia los socialistas. Sorprende que un 2% de los que en 2004 optaron por los populares, rechazan la posibilidad de repetir su voto. Las causas pueden ser la discrepancia con la política de oposición de los últimos cuatro años o la falta de confianza en la candidatura presentada. No ocurre en ninguno de los otros partidos.

Las simpatías de los electores señalan en la misma línea. Aunque el PSOE pierde un punto y el PP avanza medio, la distancia sigue siendo importante. Casi un 30% manifiesta una especial afinidad hacia los socialistas mientras que el 22,5% lo hace por el PP. En medio, 7,3 puntos.

En contra de los de Zapatero juega la menor fidelidad de los votantes socialistas. Sólo un 69%, diez puntos menos que los populares, manifiestan que repetirán en los próximos comicios. Entre los nuevos electores, un 36% manifiesta que votará al PSOE mientras que sólo un 21% se decanta por los populares.

Suelo contra techo

Una de las opciones socialistas para volver a ganar en 2008 pasa por movilizar a los electores y evitar una abstención muy alta. Por ahora, un 53% de quienes se abstuvieron en 2004 siguen sin intención de acercarse de votar.

Estos factores unidos dan a los socialistas mucha más capacidad de crecer que al PP. Aunque los conservadores tienen un suelo electoral más sólido que los socialistas, les resultará más complicado que a éstos captar votos entre los desencantados de otros partidos.

Lo mismo ocurre con los indecisos. Mientras que un 37% contempla a los socialistas entre sus opciones de voto, sólo un 28% lo hace con el PP. El mayor porcentaje corresponde a quienes dudan entre los dos grandes partidos, un 21,8%. Dadas las mínimas diferencias en la estimación del voto, un tropezón que decante tal cantidad de sufragios hacia unos de los dos partidos puede decidir las elecciones.

La crisis de los Cercanías catalanes no se ha traducido, en cambio, en un castigo electoral para el PSOE. Al contrario. Entre los encuestados catalanes, el PSOE ha aumentado la intención declarada de voto. Si hace un mes un 29% confesaba que dará su voto a las listas socialistas, en esta ocasión el porcentaje sube hasta el 33%. En cambio, el PP, que llevó la crisis a primera línea de su agenda política, no crece. Mantiene el 8% que en septiembre declaraba que les votaría.

La fecha en la que terminan las encuestas, el 31 de octubre, no permite valorar las consecuencias que tendrá sobre la candidatura de Rajoy el fallo de las sentencia del 11-M. Será en el próximo Publiscopio político cuando se acuse la decisión judicial que ha desmontado la teoría de la conspiración aletada por la derecha.

Partidos minoritarios

Los más perjudicados por los resultados son el resto de partidos. Tanto IU como los nacionalistas caen, o en el mejor caso se mantienen, en casi todas las tablas, respecto al mes pasado.

Tanto en intención declarada de voto, como en tendencia electoral o en simpatías a los partidos más pequeños les resulta imposible arrancar un porcentaje de votos significativo a los grandes partidos. Peores son los resultados si se comparan con los obtenidos en las elecciones del año 2004. Ninguno conserva íntegros sus votos. La polarización de los dos grandes la pagan en este caso los pequeños.