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Martes, 15 de Julio de 2008

La humanidad defraudada, según el teatro argentino

Las dos únicas propuestas hispanoamericanas en el certamen, la de Ricardo Bartís, La pesca y la de Lola Arias, Airport kids, coinciden en una mirada a un mundo que traiciona al ser humano

PABLO CARUANA ·15/07/2008 - 08:00h

Público - En 'La pesca', de Ricardo Bartís, tres porteños de vidas fracasdas se cruzan en un club.

Ricardo Bartís, actor convertido en director que desde su pequeño teatro bonaerense ha admirado al mundo, volvió el sábado pasado al Festival de Aviñón con una pieza, La pesca (programada hasta el próximo 23 de julio), en la que se encuentran todos los tópicos conscientes de Argentina: la recurrencia obsesiva a un pasado mejor, la política omnipresente, la degradación de la sociedad paralela a la del ser humano, un machismo recalcitrante y equívoco... Bartís los pasa por la minipimer del humor y la desmitificación con tres actores: Luis Machín (uno de los grandes), Sergio Boris y Carlos Defeo.

Al igual que en Muñeca, montaje de 1994 sobre un texto de Armando Discépolo, Bartís vuelve a utilizar un relato de personajes nacidos del imaginario popular, hiperconocidos y previsibles, para jugar en escena. Tres porteños de vidas fracasadas que rememoran tiempos mejores. La obra arranca sobre un espacio oscuro, un club que en realidad es una mera charca. Allí vemos a Don Atilio, viudo degradado por un esfínter que no puede controlar. René, fracasado de buenos sentimientos y capaz de llorar a su madre muerta. Y Arturo, gallito porteño agarrado a un ideal romántico, que escucha a todas horas una canción de Chico Buarque.

Estados animados

Pero Bartís es capaz de hacer como dice Pavlovsky, un teatro de estados donde los actores experimentan con el texto desviando la historia y extraviando el tiempo cronológico por tiempo de intensidades. El montaje destila un amor evidente por la actuación y el actor.

Todas las iluminaciones de este montaje residen en cómo se actúa, en la libertad de hacer pura teatralidad con un relato en primer término, que pudiera pasar por pobre. Otro cantar es su capacidad metafórica, quizá demasiado encajada. Es una lectura de lo que el peronismo ha significado y significa en Argentina.

La intención queda clara, se muestra un peronismo que supo prometer e ilusionar para luego defraudar y también a una población frustrada, decepcionada, violenta y condenada a engañarse a sí misma. En un momento, Machín dice: La pesca es un teatro de marionetas, pero al revés, sentencia universal desde las cañerías bonaerenses. La obra llegará a España al Festival de Girona, Temporada Alta, el próximo 30 de octubre.

En cambio, Lola Arias, desde otra generación la novísima y posterior a los Spregelburd o Daulte llegó con una interesante propuesta textual bajo la dirección del suizo Stefan Kaegi, de quien en España vimos su anterior montaje, Cargo, una muy afilada propuesta de teatro documental y poético que se desarrollaba en un camión y estaba interpretada por verdaderos camioneros búlgaros.

Qué asco global

Arias y Kaegi presentaron Airport kids, pieza interpretada por niños de entre 5 y 12 años que viven situaciones propias de esta sociedad moderna. Hijos de trabajadores de multinacionales que tienen que viajar a distintos países cada poco tiempo y adaptarse por completo en colegios internacionales, hijos adoptados de situaciones de extrema pobreza, inmigrantes de Asia... vamos, lo habitual en lo que se ha dado en llamar globalización.

En un espacio lleno de cajas transportables, como si fuera una nave de carga de cualquier aeropuerto, vemos a estos niños que viven dentro de estos mismos cubículos. Desde ahí nos cuentan sus vidas, que no dejan de parecer datos, como si la existencia de estos seres estuviera condenada a las cifras y estadísticas. Aun así, Arias hace nacer de entre ellos momentos de una clara humanidad donde surge la inocencia propia de la infancia. En un tono pop los niños forman una banda y bailan a la manera so british se deja intuir que son estos cachorros los que serán canes. No se sabe si esto es mejor, así parece apoyarlo el montaje, o es una puerta abierta al apocalipsis. De cualquier manera, la combinación del teatro político-documental de Kaeghi, con la fuerza popera de Arias deja una puerta abierta a una interesante consolidación transatlántica.