Archivo de Público
Lunes, 14 de Julio de 2008

Un satélite español para controlar la Tierra

Deimos I, es el primer satélite espacial de observación terrestre y está desarrollado por una empresa española.

LOURDES GÓMEZ ·14/07/2008 - 18:44h

El presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, el presidente de Deimos Imaging Francisco Javier Martinez de Irujo y el director general Pedro Duque durante la inauguración de la estación terrestre del Deimos I en Boecillo, Valladolid.

"Es un satélite pequeño, pero matón", advierte José Luis Casanova, de la Universidad de Valladolid. El profesor se refiere a Deimos I, el primer satélite privado español de observación de la Tierra, destinado a aplicaciones agrícolas, control de riesgos y recursos y evaluación de desastres naturales. Pertenece a la empresa que dirige el astronauta Pedro Duque, Deimos Imaging, y lo construye el consorcio británico Surrey Satellite Technology (SSTL, en sus siglas en inglés), a un coste estimado en siete millones de euros.

Deimos I tuvo este lune su puesta de largo. Lo hizo en el laboratorio de SSTL, dentro del campus de la Universidad de Surrey, en Guildford (sur de Inglaterra) de la mano de los ingenieros británicos que lo han construido basándose en las especificaciones concretas de Pedro Duque y el resto del equipo castellano. Antes de acceder a su interior, ejecutivos, políticos y periodistas españoles han de pasar por el área de desinfección. Colocados la bata, el gorro y los calcetines se acciona la luz verde hasta la cámara donde se dan los toques finales en la construcción del satélite, que se integrará en la cadena del Disaster Monitoring Constalation (DMC), sistema de observación de la Tierra con satélite de bajo coste.

Deimos I es un rectángulo de reducidas dimensiones: 60 centímetros de ancho más un metro de altura. Pesa unos 100 kilos. Seis cámaras y una diminuta antena receptora de instrucciones resaltan en el lateral que, una vez en órbita, enfocará constantemente a la Tierra. En la parte opuesta de la estructura, asoma en su interior una especie de cilindro que, según explicaban ayer, funciona como un motor de futuros reajustes y posiciones espaciales. La batería sólo le garantiza cinco años de vida. Pero, como aseguró ayer Miguel Bello, director general de Deimos Space, el satélite se desintegrará totalmente, de forma que no generará residuos espaciales.

Captura de imágenes

Deimos I se integrará en la cadena Disaster Monitoring Constellatión (DMS), sistema de observación y captura de imágenes de la Tierra con distintas aplicaciones, incluido el seguimiento de desastre naturales. Formará el sexto eslabón del proyecto de SSTL, que se lanzó originalmente en 2002 por encargo del Gobierno de Argelia. Desde entonces, participan Nigeria, Turquía, China y Reino Unido. Deimos I y un segundo satélite británico compartirán cohete en su lanzamiento, previsto para la primer quincena de diciembre, en Rusia. Son los únicos satélites de observación de la Tierra con financiación exclusivamente privada.

"Asociado a una constelación, con nuestro satélite, obtenemos el potencia del seis", dijo ayer Bello. Entre las ventajas de la colaboración hispano-británica se resalta la capacidad de cubrir diariamente cualquier punto de la superficie terrestre. "Antes, se necesitaban unos 16 días", señala Paul Stephens, director de desarrollo de DMCII, filial de SSTL. "Éste es un primer paso al espacio para los países que aún no están presentes en él", añade Stephens.

Con sus aplicaciones enfocadas a la agricultura, los bosques, el medio ambiente y el control de riesgos y de recursos, el servicio de Deimos I se dirigirá primero a las administraciones públicas y grandes empresas, pero su futuro es potencialmente ilimitado. "La teledetección ha de ser tan popular como beberse un refresco", dice el profesor Casanova. "Son aplicaciones a tiempo real que, al final, pueden necesitar tanto un agricultor en zonas remotas o diferentes personas con intereses diversos".

El profesor de la Universidad de Valladolid resaltó, entre los servicios que se podrán vender, la posibilidad de informar al cliente de cuándo y durante cuánto tiempo regar una determinada parcela, y también aconsejarle sobre el control de químicos. Además, se pueden realizar evaluaciones de una sequía o de los daños de una tormenta de granizo; se puede usar también para localizar cayucos o para analizar el estado de las aguas litorales. "Ofrece muchas prestaciones, es muy adaptable", dice Casanova.

Pedro Duque, director de Deimos Imaging

¿Qué supone operar un satélite privado propio?
La posibilidad de dar servicios con mucha mayor fiabilidad que cuando el satélite no es tuyo. Ahora ya se reconoce que la observación de la Tierra es muy útil para muchos cosas -agricultura, cuidado de los bosques, medio ambiente, control de vertidos,...- y van a ser necesarios servicios regulares que sólo se pueden garantizar cuando tienes datos regulares. La mejor manera de garantizar dichos servicios es tener un satélite propio. Éste el motivo de la inversión en el satélite.

La constelación DMC, de la que forma parte Deimos 1, ¿duplica en cierta forma el proyecto europeo del GMES para aplicaciones medioambientales y de seguridad?
El GMES es un programa de la Unión Europea junto con la Agencia Europea del Espacio (ESA) que trata de fomentar el desarrollo de empresas como la nuestra que ofrecen un servicio regular de observación de la Tierra. El objetivo de GMES es tener los datos que Europa necesita, que estén a disposición de empresas y científicos europeos y que sean de utilidad al ciudadano y la actividad económica de toda Europa. Hay varias vías para conseguirlo: mediante la construcción de satélites específicos, o comprando al por mayor los datos de los satélites disponibles, ya sean privados o públicos. No es el uno o el otro. GMES necesita nuestros satélites.

A medida que crece la iniciativa privada, ¿seguirá siendo necesaria la inversión pública en la construcción y lanzamiento de satélites?
Los satélites de la ESA se construyen con una orientación más científica; son de mucho mayor alcance y tienen validez universal. Son muy especiales, muy polivalentes, con las últimas tecnologías. El nuestro está diseñado para la observación de la vegetación en grandes extensiones.

¿Cuál es su objetivo de rentabilidad?
Los satélites tienen una vida garantizada de cinco años. Debemos tratar de que en cinco años esté amortizado. Suelen durar más, pero es mejor no arriesgarse. Y pensamos que se puede alcanzar el objetivo. El Deimos 1 no cuesta lo mismo que un satélite de la ESA, donde todo está multiplicado casi por cien.

¿Qué planes tiene usted a corto plazo?
He prolongado la excedencia de astronauta de la ESA por otros dos años, hasta finales de 2010. Echo un poco en falta a los compañeros, el trabajo ligado a la operación y los vuelos espaciales tripulados, pero en Deimos también voy a estar ligado a la operación. En unos meses tendremos que operar un satélite, así que no es tanta la diferencia. Nos entusiasma que empiece a dar vueltas por el espacio.