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Domingo, 13 de Julio de 2008

Un vampiro mexicano en Gijón

El actor Germán Robles es uno de los tres grandes chupasangres del cine

DAVID LERMA ·13/07/2008 - 19:15h

PÚBLICO - CON LOS DIENTES AFILADOS

Si hay un monstruo, el escritor y crítico Jesús Palacios lo acaba encontrando. Lo hizo el sábado al atardecer durante el ciclo audiovisual que le dedica la Semana Negra a Germán Robles, mexicano de Gijón. Aún mantiene cierta apostura de galán fino de aquel personaje que encarnó a principios de los cincuenta, cuando en su primera película, El vampiro, supo darle "un toque brummelesco".

Lleva una cazadora deportiva blanca y de su cuello cuelga un crucifijo. Es elegante, precisamente, como un vampiro. A sus 78 años, la mayoría de ellos vividos en México, tiene ese punto de coquetería que sólo pueden estilar los guapos de toda la vida. El galán Germán Robles está sentado en la terraza del hotel Don Manuel dejando que el suave sol de la mañana asturiana caiga sobre su rostro bronceado sin ser aniquilado.

Casi 100 títulos

La noche del sábado estuvo en la proyección de El vampiro (Fernando Méndez) y dio fe de que sus dientes no se habían mellado. Con 98 películas sobre sus espaldas preternaturales, Robles tiene la esperanza de acabar redondeando la cifra, aunque no pare de trabajar en telenovelas y obras de teatro. Es domingo y todos los protagonistas de la Semana Negra están convocados para comer en el restaurante Jovellanos.

Los vampiros necesitan descansar sobre su tierra natal. Hijo de exiliados republicanos que embarcaron en el Sinaia, el primero que zarpó a México, Robles estudió para perito industrial en Gijón. "Mis inicios cinematográficos comienzan con el vampiro, aunque ese no fue ni mucho menos el final de mi carrera", asegura. "He trabajado como dibujante para la Disney. Dibujaba cromos y álbumes", una habilidad que aprendió de su padre, Germán Horacio, uno más de aquella generación de artistas e intelectuales que huyó a México como hicieron Luis Cernuda, Pedro Garfias o León Felipe. "Crecí alrededor de todos ellos y algo se me pegó", confiesa. "Eran un latir de libertad".

"El vampiro fue un éxito internacional de la cinematografía mexicana", señala, quizás porque "era un personaje cachondo, con maneras de Greco y olía a Aramís, porque hasta entonces olían a tierra y humedad. Eso gustó al público femenino", reconoce con una amplia sonrisa.