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Domingo, 13 de Julio de 2008

"Me pagan por crear conflictos"

Neil LaBute. Autor de cine y teatro. Invitado de lujo en el taller de dramaturgia del Obrador de la sala Beckett

TONI POLO ·13/07/2008 - 19:08h

MANU FERNÁNDEZ - El cineasta y dramaturgo busca su propia voz sin dejarse intimidar.

Neil LaBute (Detroit, EEUU, 1961) habla con seriedad y seguridad. Tiene claro su discurso sobre el teatro, el cine, la dramaturgia... Sobre su mundo. Defiende la imaginación como principal recurso de la dramaturgia. "La realidad no me interesa tanto como la imaginación", explica.

"Eso sí, coloco mis imaginaciones en un contexto verosímil, en el que puedan suceder de verdad". Un ejemplo es su obra La forma de las cosas, cuya adaptación de Julio Manrique ha sido uno de los grandes triunfos de la temporada del Lliure, en Barcelona. Se podrá volver a ver la temporada que viene: una chica enamora a un chico y lo transforma hasta límites insospechados, ante la sorpresa de los amigos de él.

-Lleva al límite de la conducta humana las situaciones de la obra...

-En un par de horas tengo que relatar los momentos más apasionantes. Por otro lado, no hay que olvidar que la gente puede tener una vida muy complicada y va al teatro para pasar un buen rato: no se trata de que salga desconcertada.

-¿Los personajes representan a la juventud de Estados Unidos?

-Sí, pero sólo aparecen los momentos más radicales de sus vidas.

-Su percepción de la realidad es pesimista...

-No soy pesimista. En todo caso, escéptico. El ser humano puede hacer el bien, pero también el mal. Si los espectadores creen que la sociedad es pesimista es porque son más optimistas que la obra.

-¿La provocación es una buena herramienta para describir a la sociedad?

-Provocar por provocar no viene a cuento. Yo me ciño a lo que reclama la historia sin dejarme embaucar por lo que pueda querer el público.

-¿Le preocupan las apariencias?

-Sí. Me interesan las máscaras de la gente. Los americanos tienen una obsesión: ser guapos, jóvenes y adinerados. En parte es culpa de la publicidad, pero en mis obras me pregunto por qué. Lo importante es plantearse esa pregunta. Una obra de teatro no va a cambiar el mundo, pero sí hace que la gente se plantee esos problemas.

-¿Se queda con el cine o con el teatro?

-Compatibilizo las dos cosas. El cine requiere tiempo y dinero; el teatro, mucho menos de las dos cosas.

-En sus películas tiene más importancia el texto que la imagen...

-Lo reconozco. Bebo del teatro y del cine me interesa lo que dicen los personajes más que la cámara, que es sólo una herramienta necesaria para hacer cine. A menudo escenas de paisajes sin acción esconden escenas malas.

-¿Con qué actor de cine que haya trabajado se queda?

-He tenido mucha suerte, supongo que porque los respeto mucho. Gwyneth Paltrow, Samuel L. Jackson, Patrick Wilson, Nicolas Cage... Y, por supuesto, me sumo al carro de las últimas tendencias en EEUU: me encantaría trabajar con Javier Bardem.

-También ha escrito cuentos. ¿Llegará a escribir novelas?

-No lo pretendo, pero nunca se sabe... Escribo historias cortas en las que pretendo reflejar el lado menos amable de las personas. Me pagan por crear conflictos y los creo, para que los lectores se entretengan con situaciones que no hayan visto antes.

-¿Le pesa la sombra de monstruos dramaturgos como Mamet, Albee, Williams...?

-Para nada. Son importantísimos, pero no me avasallan. No pretendo copiarlos, sino encontrar mi propia voz.