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Domingo, 13 de Julio de 2008

Carla Bruni: una niña de 40 años

El martes sale a la venta el tercer disco de la cantante, cuyo hilo conductor es el paso el tiempo. Ha escrito la mayoría de las letras y sus beneficios irán a causas humanitarias. 

PATRICIA GODES ·13/07/2008 - 12:15h

La fuerza del personaje público y la sencillez de sus canciones dificultan la atención a la música de Carla Bruni. Sin embargo, debajo de su silueta de top model y de sus apariciones en la prensa amarilla, existe verdadero talento artístico. Es más, si Carla no fuera guapa y famosa, reconoceríamos sin paliativos su gran talento, la calidad y novedad de sus letras y de sus buenas melodías. A pesar de su inclemente voz, seca y afónica.

Comme si de rien n’était, tercer disco de Bruni, es una deliciosa colección de melodías con chispa, poesía sencilla de gusto exquisito. En el año 2002, cuando aún no se había casado con el presidente, alabar el primer disco de Carla, Quelqu’un m’a dit, que en Francia vendió 250.000 copias, era un signo de distinción en nuestros ambientes másindie y más cool. En España acaba de recibir el disco de platino (80.000 copias).

Desde entonces, Carla ha tomado clases de canto, ha editado, No promises, un disco dedicado a la poesía inglesa (20.000 unidades vendidas en nuestro país), ha ascendido a las altas esferas de la política internacional y ha grabado 14 nuevas canciones de las cuales nueve son suyas, dos son versiones, una es una melodía de su descubridor Julien Clerc, otra es un poema musicado del escritor Michel Houllebecq y finalmente hay una letra escrita por Carla y Raphaël Enthoven, el profesor de filosofía padre de su hijo. Los beneficios se entregarán a diversas causas humanitarias.

De alta cuna

Carla nació y creció, alta, guapa y lista, en una familia de músicos y artistas. Y, dicho de paso, de millonarios. Su abuelo era un rico industrial y su hijo, marido de la madre de Carla, coleccionaba arte y componía operas, ballets y sinfonías. Su padre natural se esfumó discretamente y su madre tocaba el piano. Carla estudió piano y guitarra. De los 19 a los 29 años trabajó para una agencia de modelos, se hizo muy famosa y ganó mucho dinero. Y en los ratos libres escribía canciones.

Julien Clerc, cantante muy famoso en Francia desde que protagonizase en 1969 la versión francesa de Hair, recibe un fax sin firma con una letra de canción. Lo envia Carla. En su siguiente álbum, Clerc incluirá seis letras suyas incluyendo el tema central, Si j’étais elle. Un cuarto de millón de ejemplares vendidos permitirán a Carla grabar un disco.

Ahora canta mejor

La principal diferencia entre Comme si de rien n’était y Quelqu’un m’a dit y No promises, es que Carla canta mejor y que los sucintos acompañamientos de guitarras han sido sustituido por delicados y agradables arreglos de grupo, acústicos en su mayor parte. A pesar de las colaboraciones, Comme si de rien n’était es un disco personal que cuenta muchas cosas sobre su autora. “Hay más participantes pero es tan mío como los dos primeros”, dice.

Quizá por eso, su célebre vida amorosa se puede leer entre las letras. Notre grand amour est mort podría estar dedicada a su ex Raphaël Enthoven: “Nuestro gran amor ha muerto, hay que vestirlo de blanco/ Mandar que perfumen su cuerpo, velarlo durante tres noches”. “Yo que hacía bailar a los hombres”, dice de sí misma en otro tema, Ta tienne.

El paso del tiempo es el hilo conductor del disco (Carla cumplió 40 años el pasado diciembre): “Pero mi juventud me mira seriamente y me dice: ‘(…) ¿Qué has hecho con nuestras horas preciosas?” (Ma jeunesse). En Salut, marin dice: “Te llevas contigo nuestra infancia de cristal y nuestra juventud de miel”, mientras asegura, en Je suis une enfant, seguir siendo una niña “…a pesar de mis 40 años”.

El poder

El poder es otro de los temas del álbum. Carla sabe que fama y belleza lo pueden todo, incluso hacer lo que le da la gana con algo tan estricto como la gramática francesa. “Yo soy tu tuya/ Esto no es francés. No. Pero sigue estando bien” (Ta tienne). L’amoureuse parece una inocente canción de amor, pero: “Parece que mis brazos se han convertido en alas/ Que a cada instante que vuela podría tocar el cielo/ Que a cada instante que pasa podría comerme el cielo”. “Vivo tranquila al borde de un precipicio”, se jacta con la misma arrogancia con que caminaba por las pasarelas enla canción Salut, marin. ¿Se despeñará?