Archivo de Público
Sábado, 12 de Julio de 2008

Roban el expediente de las manos de Perón

El misterio sobre la mutilación del cadáver del ex presidente argentino en 1987 suma un nuevo capítulo. Esoterismo y múltiples pistas falsas condimentan el policial negro rioplatense nunca desvelado

FEDERICO PEÑA ·12/07/2008 - 22:06h

Un grupo comando ingresó el jueves por la noche en la casa de Alberto Baños, el juez que retomó la olvidada causa por la mutilación del cuerpo de Juan Domingo Perón hace dos décadas. Los profesionales, que no dejaron rastros ni se llevaron pertenencias de valor, sustrajeron 800 hojas del expediente, un ordenador portátil, un móvil y diskettes. Según el juez, todo el material es "recuperable". Se trata de un capítulo más en la historia de una de las profanaciones más misteriosas ocurridas en Argentina. Esoterismo y múltiples pistas falsas condimentan el policial negro rioplatense nunca desvelado.

La historia comenzó el 10 de junio de 1987. La tumba de cristal donde yacía el cuerpo embalsamado de Juan Domingo Perón en el cementerio de la Chacarita fue profanada por un grupo de desconocidos. Cortaron sus manos con una sierra eléctrica, y se llevaron un anillo, la espada militar, una capa y una carta manuscrita con un poema que dejó sobre su féretro su viuda, Isabel Martínez de Perón. Tras la profanación, el poema fue fragmentado en tres y enviado a diputados peronistas junto a un escrito a máquina. El mensaje, con un pedido de 8 millones de dólares lleva la firma "Hermes, Iai y los 13".

Cortaron sus manos con una sierra eléctrica, y se llevaron un anillo...

21 años más tarde, los poderes ocultos, la masonería oscurantista, los supuestos intereses políticos y la sangrienta dictadura militar (1976-1983) siguen siendo un acertijo que sus verdaderos responsables intentan mantener en el más absoluto silencio.

Justamente, el juez Baños investigaba la pista militar detrás de la profanación. Según una consulta del diario La Nación a fuentes cercanas a la investigación, Baños estaba por enviarle un pedido a la presidenta Cristina Fernández para que desclasificara información reservada sobre este tema en manos de la inteligencia argentina.

"Esto tiene un trasfondo político", dijo el sobrino nieto del creador del Partido Justicialista, Alejandro Rodríguez Perón, quien agregó que no descarta que el robo esté relacionado con la interna partidaria. La sustracción del expediente, dijo en declaraciones radiales, podría relacionarse con la solicitud del ex presidente Néstor Kirchner de "solicitar la reapertura de la investigación".

La segunda muerte de Perón

La profanación de la tumba de Perón y la mutilación de sus manos ha sido investigada por la justicia y por el periodismo. Actualmente, el cuerpo del que fuera tres veces presidente descansa en la Quinta de San Vicente. Fue trasladado desde el Cementerio de La Chacarita, adonde fue enviado por la cúpula militad en 1976 en un claro gesto de desprecio simbólico. No dejarían que reposara en la Quinta presidencial de Olivos.

Durante años, los jueces que han llevado la causa han sido presionados y amenazados, y la justicia acumuló un fracaso tras otro, hasta diluirse. Un juez, incluso, muere sospechosamente durante unas cortas vacaciones. Las investigaciones periodísticas corrieron por el mismo andarivel durante años.

Hace dos años, el libro "La Segunda Muerte" (Editorial Planeta) ofreció su propia tesis de los hechos y apuntó al italiano Licio Gelli, el jefe de la logia masónica Propaganda Due (P2), como responsable de un "crimen ritual" llevado a cabo con la complicidad de las Fuerzas Armadas, particularmente el Batallón 601 de la inteligencia de la dictadura.

Para los periodistas David Cox y Damián Nabot, autores del libro, la firma "Hermes, Iai y los 13" es el núcleo central de la investigación. Tras rastrear en libros esotéricos y husmear en la mitología del Antiguo Egipto, Cox y Nabot concluyen que "la mutilación del cuerpo de Perón fue un crimen ritual".

Explican que Hermes es el dios de los muertos en la mitología egipcia, que Iai significa la rebelión en el tránsito entre la vida y la muerte, y que son 13 las partes en las que se divide el cuerpo, según creencias ancestrales, al momento de ir hacia el otro lado.

Tras llegar a esta conclusión, los investigadores reflotan el expediente judicial el testimonio de Leandro Sánchez Reisse, quien culpó a Licio Gelli. En su momento, nadie adjudicó validez a la palabra de Sánchez Reisse por su pasado como miembro de la Inteligencia militar de la dictadura. Pero en Europa había compartido un calabozo con Gelli y lo conocía bien, según las pesquisas de los periodistas.

La profanación cumplió con un rito destinado a privar a un cadáver de alguno de sus miembros

Según Cox y Nabot, la profanación cumplió con un rito destinado a privar a un cadáver de alguno de sus miembros, para que el alma del muerto no pudiera completar "su tránsito hacia el más allá" en paz. Ese rito, dicen, es acorde a las creencias de la logia P2. Para acreditar la validez de esta pista, los periodistas accedieron al archivo personal de Gelli, quien en febrero del 2005 donó toda su biblioteca a su pueblo natal de Pistoia, en Toscana. Allí dieron con libros de Cagliostro, Frank Ripel y otros expertos en esoterismo y rituales ancestrales. Hallaron incluso una carta de Gelli a Ripel, quien descubrió el significado de la palabra "Iai".

Mixtura de intereses ocultos

Pero, ¿por qué Gelli estaría interesado en profanar la tumba de Perón? Según los periodistas, se sentía decepcionado- supuestamente Perón le había prometido en su tercera presidencia la exclusividad de las exportaciones a Europa- por el padre del justicialismo, a quien lo unía una vieja relación. Juntos auxiliaron a otro masón, José López Rega, "El Brujo", quien fuera secretario y ministro de Perón e Isabelita, y responsable de los comandos de la Triple A.

Las Fuerzas Armadas Argentinas, que en 1987 enrarecieron el clima político e intentaron un golpe de Estado contra el entonces presidente Raúl Alfonsín para que no avanzaran las causas por la violación de los derechos humanos durante la dictadura. Entre los muchos mensajes, la profanación de la tumba de Perón era uno que no pasaría desapercibido. Ese año se aprobaron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que aparcó las causas de los suboficiales. En un fallo histórico, la Corte Suprema las anuló por inconstitucionales en 2003.

El libro apunta a que existe una confluencia de intereses entre la masonería y el revanchismo personal de Gelli con el de las Fuerzas Armadas. Se habría necesitado del planeamiento de uno y de la mano de obra del otro para llevarlo a cabo.

Los militares aún guardaban mucho poder en esos años. Trasladado en  influencias en lo más alto de la pirámide del poder, colaboración y silencios compartidos, la profanación no habría sido perpetrada por un solo grupo ni por un solo motivo. Para más señas, las pericias demostraron que la tumba había sido abierta con sus correspondientes llaves. Eran diez en total, una para la cerradura de la bóveda y otras nueve para la puerta de vidrio de 170 kilos que protegía el frente del ataúd.

Más pistas

En la mitología de la profanación también se menciona que eran necesarias las manos de Perón para acceder con sus huellas digitales para acceder a una supuesta caja de seguridad de una cuenta en un banco suizo. Pero esta versión carece de legitimidad dado que en esa época no se utilizaba este sistema en el país tirolés.

Estas múltiples pistas mantuvieron la causa perdida en un laberinto sin salida. A falta de arrepentidos, al día de hoy la profanación del hombre más importante de la historia política de Argentina continúa siendo un misterio.