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Viernes, 11 de Julio de 2008

Un Cinturón Rojo para robar energía al Sol

Los países del Mediterráneo presentarán este domingo un ambicioso plan de energía termosolar en el Magreb

ANDRÉS PÉREZ ·11/07/2008 - 21:17h

Una central termosolar, en funcionamiento.

Todos daban por seguro que Francia iba a sembrar el Mediterráneo de centrales nucleares con su industria atómica y su propuesta diplomática de Unión para el Mediterráneo. Pero el giro en el Elíseo, imperceptible hace sólo unas semanas, es ya un hecho: Nicolas Sarkozy ha tenido que rendirse ante la eficacia y el realismo de la propuesta de centrales solares en el desierto del Magreb y Oriente Próximo. La electricidad del Mediterráneo será solar, antes que nuclear.

Según fuentes de la presidencia francesa, de la diplomacia gala y de la Unión para el Mediterráneo consultadas por Público, el proyecto de construcción de centrales termosolares (o de energía solar por concentración) en el Cinturón Rojo del Norte de África figura entre las “cinco o seis prioridades” del último borrador de declaración de la naciente Unión para el Mediterráneo (UpM), que mañana celebrará su primera cumbre en París.

Será la única prioridad en materia de energía eléctrica que, trabajada en todos sus detalles, figurará en el orden del día los jefes de Estado y de Gobierno de unos 20 países mediterráneos y la autoridad palestina, además de Estados asociados de la Unión Europea (UE).

El proyecto, elaborado discretamente desde hace meses por técnicos de la industria solar, expertos de la Comisión de Bruselas y altos funcionarios franceses, supondrá el impulso político para la construcción de granjas solares de producción de electricidad en el desierto, en condiciones de exposición óptimas. Sólo un incidente diplomático de última hora en la Ciudad de la Luz podría frenar el bautizado Plan Solar Mediterráneo (PSM).

La tecnología provendrá principalmente de España y Alemania, países punteros hoy en materia de concentradores solares, cilindros parabólicos, tubos y fluidos de conversión del calor, sales de almacenamiento térmico y turbinas, en condiciones de explotación cercanas a la rentabilidad.

Francia, pionera del sector termosolar en los años sesenta, con su central experimental de Odeillo y Targassonne (Pirineos Orientales), se está poniendo las pilas a toda prisa en un sector que había abandonado a mediados de la década de los ochenta, cuando creyó ciegamente en la bonanza nuclear eterna. De hecho, esta creencia la llevó a saltarse la directiva europea de energías renovables de 2001, a la que sí se sumaron Alemania y España.

Ahora, el laboratorio termosolar francés de Odeillo y Targassonne, con una experiencia valiosísima en la producción de altas temperaturas –hasta 3.000º de concentración solar– y en el almacenamiento químico de la energía –capital para la gestionabilidad de las centrales solares de tercera generación, hacia 2025–, están renaciendo como proyecto
industrial eléctrico.

Y es que el Plan Solar Mediterráneo (PSM) va a conllevar inversiones públicas y privadas por valor de más de 60.000 millones de dólares (unos 38.000 millones de euros) en los próximos diez años, en condiciones de rentabilidad casi inmediatas, así como un óptimo balance carbono contra el cambio climático.

En marcha en 2011

El primer megavatio solar magrebí entrará en los cables de alta tensión en 2011, la rentabilidad igualará a la del megavatio de origen fósil en 2012, y el objetivo “considerado factible”, según fuentes diplomáticas, es el de alcanzar una producción de 20 gigavatios de potencia instalada en el Cinturón Rojo en 2020.

Cinco de esos gigavatios irían a la venta y exportación a Europa de electricidad, al precio que el mercado atribuya a las renovables. Ello permitirá convertir en rentables los otros quince gigavatios de potencia instalada, destinada a producir electricidad para la demanda interna magrebí y makrechí, vendida a precios asequibles en el marco de la lucha contra la pobreza y por el desarrollo.

Aunque sólo sea por una vez, desarrollo sostenible y hecatombe del turismo de masas han parecido conjugarse para hacer posible lo que, hace unos veinte años, no era más que una utopía ecologista y casi hippie que recibía nombres como Deser-tec.

Los técnicos del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y del Plan Azul sobre desarrollo sostenible en el Mediterráneo presentaron pasado el 3 de julio en París un informe sobre energía y clima en esta región con un escenario documentadamente catastrófico e inmediato. Así, de una demanda de energía anual de 1.000 millones de toneladas equivalentes de petróleo en el Mediterráneo hoy, se va a pasar a 1.400 millones en 2020. Es decir, ya, y sobre todo en la orilla sur, a causa del crecimiento demográfico, de los 140 millones de turistas suplementarios previstos y del proceso de industrialización.

Y eso sin tener en cuenta que, probablemente, las necesidades de agua potable exigirán instalar masivamente plantas desaladoras, unas instalaciones de por sí fuertemente consumidoras de electricidad suplementaria.

Frente a esa urgencia, el razonamiento, según una fuente de alto nivel con un pie en el Elíseo y otro en Bruselas, fue cartesiano: “Hemos procedido por eliminación. Hacía falta que pasaran al menos 15 años antes de poder producir el primer megavatio de origen nuclear en el Magreb. Y hay que evitar promocionar las centrales de fuel o gas, que emiten gases con efecto invernadero. Las centrales solares, y algo de energía eólica, son ya la única alternativa”.

Clima de “entusiasmo”

El Plan Solar Mediterráneo ha generado un clima de “entusiasmo” en los gobiernos y administraciones de Túnez, Egipto y Marruecos, y cuenta con el visto verde y un buen apoyo del BEI y de instancias multilaterales y medioambientales del Mediterráneo.

También países como Jordania, Siria y Palestina manifestaron interés. Por su parte, Israel ya ha entrado en la carrera de las centrales termosolares, por su cuenta y riesgo,
desde hace más de un año.

Por otra parte, según Mari Angels Pérez, secretaria general de Estela, la asociación europea de la industria solar, “los países del sur saben que la opinión europea aceptará fácilmente importar electricidad a precio de mercado producida por ellos a partir del sol, con lo cual construir plantas termosolares contribuiría no sólo al propio desarrollo sostenible de esos países, sino que les abriría un mercado de futuro al exportar electricidad hacia el norte.”

La electricidad solar sahariana será producida en condiciones que los técnicos implicados en el proyecto euromediterráneo comparan, sin rodeos, con el polo andaluz generado, a partir de las experiencias de la Universidad de Sevilla, en torno a Andasol, Schott y Solnoa; es decir, la concentración de los rayos del sol mediante colectores de cilindros parabólicos, y una conservación del calor en sales.

Por otro lado, Philippe de Fontaine Vive, vicepresidente del BEI, y Henri-Luc Thibault, director del Plan Azul (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) fueron taxativos en la presentación de su informe sobre el Mediterráneo: “Son necesarias acciones decididas antes de 2025” para evitar una subida de 35 centímetros del nivel del mar antes de fin de siglo.

Según las conclusiones del estudio presentado por ambas instituciones, “el Mediterráneo ya es un punto caliente del cambio climático”. La Península Ibérica, el Magreb y Europa del sureste podrían registrar antes del fin de siglo subidas medias de temperaturas en verano de 5 grados centígrados. La subida de las aguas consiguiente dejaría inhabitable una zona tan densamente poblada como el delta del Nilo, por citar sólo un ejemplo.

En sus esquemas de futuro, los expertos recuerdan que no hacer nada ahora contra el fenómeno del efecto invernadero representaría, en el año 2015, un coste para la región de unos 30.000 millones de dólares, cantidad que equivale a sacrificar todo el PIB de un país como Túnez. Por el contrario, actuar ya, por ejemplo invirtiendo en renovables, significa invertir sólo entre 40% y 50% por cada tonelada de equivalente petróleo ahorrada en Túnez o Egipto.

Un arma contra el cambio climático 

1. En construcción: en la región mediterránea, se están construyendo centrales eléctricas termosolares o híbridas (solar+gas) en Argelia, Egipto, Grecia, Italia, Marruecos, Francia y, sobre todo, España. El total de potencia instalada de origen solar previsto en la cuenca del Mar Mediterráneo es de unos 700 megavatios.

2. Inversiones: a nivel mundial, incluyendo a EEUU e India, las previsiones son de inversiones en centrales termosolares por valor de unos 16.500 millones de dólares en 2025. El programa de la Unión Europea para el Mediterráneo conllevaría multiplicar por cinco esa cifra, sólo en el Mediterráneo.

3. Proyectos en curso: los proyectos solares ya en curso en el mundo habrán evitado, en 2025, la emisión de 325 millones de toneladas de CO2. Si los países mediterráneos cumplen el Plan Solar, evitarán a la atmósfera 280 millones de toneladas más.

4. Puestos de trabajo: el Plan Solar Mediterráneo generaría, según cálculos de la industria europea, entre ocho y nueve empleos anuales por megavatio instalado, esto es, un mínimo de 160.000 empleos en el Norte de África y Oriente Próximo.

5. El plan del ‘20’: el paquete Energía Clima de la UE, en preparación, es conocido como el “20, 20 en 2020”, ya que su objetivo es conseguir en 2020 un 20% de reducción de emisiones de CO2, y alcanzar un 20% de consumo eléctrico gracias a las energías renovables. La electricidad solar producida en el Sáhara y consumida en Europa entraría en ese 20% mediante certificados de origen.