Archivo de Público
Jueves, 10 de Julio de 2008

África no es inocente

Los gobiernos africanos son también responsables de la lamentable situación de sus sociedades

ISABEL COELLO ·10/07/2008 - 08:00h

efe - Manifestación de sindicalistas surafricanos contra la dictadura de Mugabe. Su presidente no les hace caso.

Preguntado por su opinión sobre los resultados de la cumbre del G-8, el ministro senegalés de Asuntos Exteriores, Cheik Tidiane Gadio, alabó ayer a los líderes africanos por haber dicho con coraje lo que África piensa: que hay que dejarse de promesas nuevas y ponerse a cumplir las que se han hecho en los últimos años.

Pero los documentos oficiales de la cumbre del G-8 en Gleneagles en 2005 muestran que el paquete de ayuda se hacía a cambio del compromiso personal de los líderes africanos de llevar adelante planes para reducir la pobreza, fortalecer los procesos e instituciones democráticas y mostrar tolerancia cero por la corrupción. Cuando le preguntaron si África había cumplido, el ministro senegalés eludió entrar en detalles. El condicionamiento de la financiaciónal desarrollo siempre plantea problemas, se limitó a decir.

Los líderes africanos no tienen demasiados triunfos democráticos para alardear desde la cumbre de 2005. Meses después de la foto de familia, uno de los retratados, el amigo de Tony Blair y primer ministro etíope, Meles Zenawi, aplastó con brutalidad las protestas de la oposición contra el fraude en las elecciones, confirmado por los observadores de la Unión Europea.

Silencio de la UA

Hubo 193 muertos y 10.000 detenidos. La oposición entera fue encarcelada, y condenada a cadena perpetua, para ser perdonada después por el magnánimo Zenawi.

La Unión Africana, cuya sede esta en la capital etíope, no dijo gran cosa. De hecho, nunca parece decir gran cosa.

Nigeria, octavo exportador mundial de petróleo, acudió a las urnas en abril de 2007. Umaru Yar Adua fue proclamado ganador de una convocatoria marcada por el fraude masivo. La oposición optó por no recurrir a la violencia y llevar sus demandas a los tribunales nigerianos. Quince meses después, Yar Adua sigueen su cargo.

En Kenia, al hombre que en 2002 derrocó en elecciones libres al partido que llevaba 40 años en el poder se le olvidó la importancia de la alternancia democrática. En diciembre de 2007, Mwai Kibaki fue reconfirmado presidente, pese al fraude detectado en las elecciones y el país se sumió en una ola de violencia sin precedentes en su historia. Todavía se está recuperando.

Pasividad de Suráfrica

¿Qué decir de la primera potencia del continente, Suráfrica? Su presidente, Thabo Mbeki, se ha ganado la reputación de cómplice del dictador vecino, Robert Mugabe. Mbeki cree que en Zimbabue no hay crisis y sigue buscando un Gobierno de unidad nacional entre Mugabe y la oposición, pesea la ausencia de legitimidad de un régimen que perdió la primera vuelta y sólo ganó la segunda tras asesinar a 80 opositores y desplazar a miles.

En casa, Mbeki también da muestras de ceguera. La corrupción aumenta y la población marginada pide agua, escuelas y electricidad. Frente a los problemas, la negación es la respuesta más frecuente, decía hace poco al diario Liberation el escritor surafricano William Gumede. Ante el brote de violencia contra los inmigrantes ocurrido en mayo, fueron las mismas organizaciones de base que respondían a las crisis durante el apartheid las que se movilizaron. Ello demuestra, según Gumede el fracaso del Estado

Ni el G-8 ni los líderes africanos han cumplido las promesas. Todos se beneficiarían si lo hicieran. La democracia y el crecimiento económico se refuerzan mutuamente. Pero están demasiado ocupados en echar la culpa a los demás.