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Miércoles, 9 de Julio de 2008

La revolución agrícola pendiente

Las medidas de emergencia ya no son suficientes para paliar la crisis de los alimentos. La FAO pide 30.000 millones al año.

África no es inocente

I.S.U. ·09/07/2008 - 22:59h

afp - Aumentan las voces para que se ponga en marcha una revolución verde en el Tercer Mundo.

Los responsables del Programa Mundial de Alimentos (PMA) saben reconocer una emergencia cuando la tienen a la vista. Como agencia de la ONU dedicada a facilitar alimentos a 73 millones de personas en 78 países, están acostumbrados a correr contra el tiempo para impedir la siguiente hambruna.

Ahora saben que no están ante una alerta más. Por eso, han definido la actual crisis de los alimentos como un tsunami silencioso. No es una simple emergencia, sino un problema estructural que según temen algunos, no los más pesimistas se prolongará durante años o décadas.

La revista The Economist lo han llamado el fin de la era de la comida barata y ha dicho que son necesarias medidas radicales. Si eso es cierto y ha empezado una nueva época, los países del G-8 no han dado muestras de haber recibido el mensaje. Su compromiso de aportar 6.000 millones de dólares, a pesar de las dimensiones de la cifra, se queda increíblemente corto.

Ya no son sólo las agencias de la ONU y las ONG las que han lanzado la voz de alarma. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, ha dicho que para más de 2.000 millones de personas el aumento de los precios es un asunto de supervivencia: Calculamos que la crisis actual empujará a 100 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza. Eso podría significar perder siete años en nuestros esfuerzos por reducir la pobreza, reconoció en marzo de este año.

Las medidas de emergencia ya no son suficientes. Hasta el primer ministro británico Gordon Brown, ha admitido que es imprescindible una revolución agrícola (otros la han llamado revolución verde) para aumentar la producción de alimentos en el Tercer Mundo. Y es obvio que esos países no tienen fondos para financiar el salto.

Hasta que el problema entre en vías de solución los fondos que recibe el PMA deben multiplicarse. Se utilizarán en programas de nutrición infantil relacionados con la escuela. Así los padres tendrán incentivos para no cortar la educación de sus hijos.

El economista Jeffrey Sachs ha propuesto que se cree un fondo especial para ayudar a los agricultores de los países más pobres a conseguir acceso a fertilizantes, semillas y agua. Proyectos de irrigación a pequeña escala son esenciales para aumentar la productividad de sus campos. Sachs dice que en el pasado se ha conseguido da el ejemplo de la India en los años sesenta doblar la producción en sólo dos cosechas. Esos agricultores deben recibir la tecnología necesaria para que sus cultivos sean más resistentes a los ataques de la naturaleza en forma de sequías.

Toda esa producción debe llegar al consumidor. Los países africanos, con la ayuda exterior, deben multiplicar sus inversiones en infraestructuras rurales. Sin mejores comunicaciones la comida no llegará a los mercados. Sin agua potable la producción sólo será de subsistencia.

Reducir la dependencia de la agricultura de combustibles fósiles como el petróleo, y hacer lo mismo con la apuesta por los biocombustibles, subvencionada por los estados, pueden empujar a la baja a los precios.

Cambiar la forma en que África y Asia producen sus alimentos exigirá mucho dinero: 30.000 millones de dólares al año según la FAO. No es tanto si se compara con los 372.000 millones que los países de la OCDE se gastan al año en subvencionar su agricultura.