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Miércoles, 9 de Julio de 2008

Luna llena de sorpresas

El hallazgo de agua en cristales lunares sugiere que el satélite retuvo la humedad heredada de su planeta materno o de impactos de cometas. Es posible que las regiones sombreadas de los cráteres polares aún conserven depósitos de hielo

 

JAVIER YANES ·09/07/2008 - 21:22h

La Luna se recorta contra el fondo negro del espacio sobre el horizonte terrestre, en esta imagen tomada desde la Estación Espacial Internacional. NASA

Hace 4.500 millones de años, un cuerpo del tamaño de Marte colisionó con la Tierra primitiva, en el mayor cataclismo que este planeta ha sufrido a lo largo de su historia. Pero también en la vida del cosmos, tras la tempestad llega la calma. En lugar de provocar la hecatombe definitiva, los escombros fundidos en el impacto regeneraron una nueva Tierra y un satélite atrapado en su órbita. Desde que el planeta y su Luna partieron sus bienes, el tiempo transcurrido ha marcado diferencias en su evolución. Una de ellas, observada por las misiones Apolo y Luna y que se convirtió en consenso científico general, era que todos los elementos volátiles de la Luna se esfumaron en el espacio durante la formación del satélite. Entre éstos, el agua.

El consenso se ha roto este jueves en las páginas de Nature. Un equipo de científicos ha demostrado no solamente que el viejo satélite de la Tierra aún reserva sorpresas para la ciencia, sino que algunas de éstas se pueden desvelar sin enviar naves al espacio ni enfocar los telescopios al cielo. El material necesario ya está aquí: las muestras recogidas por los astronautas de las misiones Apolo en la década de 1970. Y la sorpresa es que la Luna no fue siempre seca, y tal vez hoy tampoco lo sea.

Los autores han analizado roca primitiva de basalto lunar, en forma de vidrios verdosos o anaranjados que semejan minúsculas cuentas de collar, de tamaño inferior a un milímetro. Estas partículas fueron expulsadas por los volcanes lunares hace 3.000 millones de años y recolectadas por las misiones Apolo 11, 15 y 17. El equipo dirigido por el geoquímico argentino Alberto Saal, de la Universidad Brown (EEUU), partía de una premisa sugerente: los exámenes practicados a las muestras lunares ya habían apuntado a la existencia de elementos volátiles en el vientre del satélite, como azufre, cloro, flúor y carbono. ¿Qué hay del agua? La pregunta se enfrentaba al reto de desafiar un resultado que hasta el momento había sido negativo en los análisis. Pero para Saal y sus colaboradores, negativo quizá significaba que la cantidad era demasiado pequeña para la sensibilidad de los instrumentos disponibles, capaces de descubrir hasta 50 partes por millón (ppm) de agua. Era necesario disminuir el umbral de detección.

Agua en los cristales

Según explica Saal a Público, el coautor del estudio Erik Hauri, de la Carnegie Institution, logró perfeccionar la metodología para alcanzar una resolución de 5 ppm. Y al aplicarlo a los cristales, la lectura les dejó atónitos: 46 ppm de agua.

Pero eso no era todo. El estudio de las cuentas cristalinas revelaba su historia geológica; los volátiles decrecían del núcleo del cristal hacia su superficie, indicando que una parte sustancial del agua se había perdido durante la erupción volcánica: hasta un 95%, estimaron los científicos. La consecuencia de esto era que el magma original debió contener hasta 750 ppm de agua. El estudio evalúa el alcance del hallazgo, sugiriendo la intrigante posibilidad de que el interior de la Luna pudo contener tanta agua como el manto superior de la Tierra.

Si el 5% aún se conserva encerrado en la roca, ¿qué fue del 95% restante? Saal razona que una parte debió escapar de la débil gravedad lunar para perderse en el espacio. Pero si, como sugieren algunos estudios, los cráteres sombreados de los polos lunares pueden albergar reservas de hielo, los resultados de Saal darían un giro a las hipótesis corrientes, que sitúan el origen de estas reservas hídricas en el impacto de cometas o asteroides y no en la propia Luna. Es más; Saal está convencido de que la similitud en los isótopos entre la Tierra y su satélite demostrará que el planeta ya albergaba agua antes del gran impacto, una teoría discutida.

A la espera de las misiones que dirimirán si los futuros exploradores lunares podrán contar con abastecimiento de agua in situ, el proyecto de Saal aporta algo más: un ejemplo de cómo el dogma puede convertirse en un lastre para el avance, si nadie se atreve a arrancar la espada de la roca. Saal precisa que su intención no era retadora, sino más bien naif: “Yo trabajaba con material terrestre, pero nos dijimos, ¿por qué no? La contribución de científicos de otras disciplinas plantea cuestiones fuera de la corriente, que pueden retar hipótesis asentadas en el pensamiento de los científicos del propio campo. Cuando sugerí medir volátiles en material lunar, todos decían que era una empresa inútil. Tardamos tres años en convencer a la NASA de que el proyecto merecía financiación. Porque todos sabíamos que la Luna estaba seca”.

 

Objetivo: reconquistar el satélite terrestre

‘Lunar Reconaissance Orbiter’ (‘LRO’): el explorador

La misión programada por la NASA para el próximo 24 de noviembre preparará el camino a los futuros viajes tripulados a la Luna. La sonda orbitará el satélite durante un año para trazar mapas en alta resolución, localizar lugares adecuados para el alunizaje y el establecimiento de una base, identificar los recursos presentes y evaluar las condiciones ambientales.

‘Lunar Crater Observation and Sensing Satellite’ (‘LCROSS’): en busca del hielo

El ‘LCROSS’ despegará en el mismo vuelo que el ‘LRO’. Su cometido es analizar la presencia de hielo en el polo sur lunar. Para ello, lanzará un módulo que colisionará contra la superficie y estudiará el material eyectado antes de, a su vez, estrellarse en una zona diferente del cráter.

‘Chang’e’: China toma posiciones

El Gobierno chino ha anunciado que su primera misión, el satélite ‘Chang’e-1’, lanzado el pasado año, está cerca de producir un mapa lunar en alta resolución. En 2009 se lanzará una fase destinada a alunizar. Europa, Rusia, India y Japón cuentan también con sus propios programas lunares.

Google Lunar X Prize: la luna en privado

El concurso promovido por Google premiará con 20 millones de dólares a la organización que logre situar un ‘rover’ en la superficie lunar antes de 2013.

Viajes tripulados: de nuevo, el gran salto

Todas las potencias espaciales preparan sus futuras misiones tripuladas, que desde finales de la próxima década llevarán de nuevo al ser humano a la Luna.

 

Una caja fuerte para el archivo fósil

El agua no es el único secreto que la Luna puede aún esconder. Según un grupo de investigadores británicos, el satélite podría conservar testimonios fósiles de una primitiva biología terrícola, que aquí quedaron borrados por miles de millones de años de vulcanismo y erosión, pero que en la Luna habrían resistido el paso del tiempo, como en una caja fuerte a salvo de la violenta historia geológica de la Tierra.

El origen de la hipótesis se remonta a seis años atrás, cuando el astrónomo de la Universidad de Washington (EEUU), John Armstrong, propuso que la intensa lluvia de meteoritos que bombardeó la Tierra hace 4.000 millones de años y que expulsó al espacio millones de toneladas de roca pudo, casualmente, trasladar material desde el planeta a su joven satélite. Si por entonces ya existía vida en la Tierra –la estimación más reciente, publicada la pasada semana en Nature, apunta a los primeros organismos hace 4.250 millones de años–, su rastro podría estar presente en la Luna.

Los investigadores de la Universidad de Londres Ian Crawford y Emily Baldwin se plantearon si es físicamente posible que esas rocas alunizasen relativamente intactas. Para responder a la cuestión, emplearon un sistema informático para simular las presiones que sufrieron estos meteoritos al estrellarse contra la Luna.

Los resultados, publicados en Astrobiology, sostienen esa posibilidad. Incluso en las condiciones más extremas ensayadas, algunas porciones del meteorito se habrían fundido, pero una gran parte de él habría aguantado la colisión. Según los científicos, un análisis pormenorizado de estos presuntos meteoritos terrestres en la Luna puede revelar biomarcadores como carbono orgánico e incluso microfósiles.

Ante la proximidad de nuevas misiones lunares, Crawford y Baldwin se preguntan: ¿Cómo localizar estos meteoritos? La respuesta que ofrecen resulta, precisamente hoy, curiosa: buscar el agua. Los minerales terrestres, dicen, contienen agua encerrada, mientras que, como todo el mundo sabe, la Luna está seca. Los investigadores británicos no podían sospechar que el dogma quedaría obsoleto. Ahora deberán proponer otro método.