Archivo de Público
Miércoles, 9 de Julio de 2008

Kafka: los manuscritos perdidos

Los documentos y textos originales del escritor, escondidos durante décadas en un apartamento de Tel Aviv, podrían por fin ver la luz

EUGENIO GARCÍA GASCÓN ·09/07/2008 - 08:14h

Cuando en 1924, a los 41 años, Franz Kafka sucumbió en Viena a la tuberculosis, confió todos sus escritos a su amigo Max Brod y con esta acción se inició una epopeya kafkiana de encuentros y desencuentros que todavía no ha terminado.

Desde su lecho de muerte, Kafka le dio a su amigo instrucciones sobre su última voluntad y su obra: todos los manuscritos debían destruirse inmediatamente. Pero Brod no le hizo caso.

Guardó celosamente los originales y cuando los nazis entraron en Checoslovaquia, emigró a Tel Aviv portando consigo una maleta cargada con los documentos que Kafka le había confiado para que fueran incinerados.

Brod cedió algunos manuscritos a varios archivos, incluidos los originales de El castillo, La metamorfosis y Amerika, pero retuvo en su poder otros muchos, de todo tipo, algunos de los cuales siguen inéditos hasta el día de hoy.

Con las obras en su poder, Brod se convirtió en el primer especialista mundial en Kafka. En vida editó varias obras del escritor checo de expresión alemana y publicó una biografía que los estudiosos consideran esencial. Hay que conceder que sin el trabajo de Brod, y sin aquella traición a la última voluntad su amigo, nadie habría conocido a Kafka.

El matrimonio de Brod no tuvo descendencia. Su esposa falleció poco después de su llegada a Palestina y el amigo de Kafka mantuvo un sinfín de relaciones amorosas con otras mujeres. Una de ellas fue su secretaria Ilse Esther Hoffe, casada, a quien Brod confió sus posesiones a su muerte en 1968, a la edad de 84 años.

Subastas y compradores

Hoffe no fue menos que Brod y hasta su muerte, el año pasado a la edad de 101 años, guardó celosamente los manuscritos en su poder en su domicilio de Tel Aviv. Declinó sistemáticamente todas las peticiones que le hicieron los eruditos para examinar los originales y, por supuesto, rechazó las peticiones de la Biblioteca Nacional de Jerusalén para que los depositara allí.

Hoffe extrajo del país ilegalmente varios manuscritos y los vendió en subastas. Hace veinte años, por ejemplo, subastó en Londres el de El proceso por dos millones de dólares, lo que lo convirtió en el original moderno que ha alcanzado un precio más elevado en una subasta. El anónimo comprador lo cedió a una biblioteca pública alemana.

En 1974, Hoffe fue detenida en el aeropuerto de Tel Aviv cuando pretendía sacar varias cartas de Kafka y su diario de viaje. Quedó en libertad a condición de permitir que se catalogaran sus posesiones, pero Hoffe no respetó su palabra y ocultó a los estudiosos numerosos manuscritos.

"Esther Hoffe tenía mucho miedo a que le robaran el material", ha dicho Avital Ben Orín, una amiga de Max Brod, al diario Haaretz. "El problema es que los manuscritos se encuentran en un lugar inapropiado. La humedad de Tel Aviv no es el medio adecuado para conservar los manuscritos, aunque no hubo forma de convencerla".

La conexión alemana

El profesor Jacob Hessing, que enseña literatura alemana en la Universidad Hebrea de Jerusalén, denuncia la desidia de las autoridades.

"Por razones que todo el mundo conoce, no es agradable para nosotros reconocer la conexión alemana en nuestra identidad nacional. Sin embargo, y a pesar de la represión, sería mejor que abordásemos el problema de manera directa".

Antes de morir el año pasado, Hoffe depositó algunos originales en cajas privadas en varios bancos de Israel, y otros los conservó en su domicilio. Los manuscritos son ahora propiedad de sus dos hijas septuagenarias, y las autoridades israelíes están tratando nuevamente de que el tesoro se deposite en la Biblioteca Nacional y que sea accesible a todo el mundo.