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Martes, 8 de Julio de 2008

Irak planea su futuro asumiendo la retirada de Estados Unidos

Maliki reclama a Washington un calendario para la salida de las tropas

ÓSCAR ABOU-KASSEN ·08/07/2008 - 22:09h

La celebración del 4 de julio en Bagdad coincidió con el realistamiento de 1.200 soldados del Ejército estadounidense. AFP / Ali Al-Saadi

El Gobierno iraquí ha comenzado a desarrollar su propia agenda política dando por amortizada la tutela estadounidense sobre Irak. Nuri Al Maliki, el primer ministro iraquí, habló por primera vez el pasado lunes de un calendario de retirada de las tropas estadounidenses. "Pensamos en la necesidad de terminar la presencia extranjera en suelo iraquí y la restauración de nuestra plena soberanía", dijo Maliki en Abu Dhabi.

El primer ministro tiene varios frentes políticos abiertos para buscar la reconciliación con los suníes, dentro y fuera de Irak. Maliki cuenta con ellos para cuando el grueso de las tropas de EEUU se haya retirado del país.

Mientras, Washington le presiona para firmar un acuerdo de seguridad que incluiría la permanencia de tropas estadounidenses. EEUU ha dado hasta finales de julio para firmar el acuerdo, pero el Gobierno iraquí no tiene ninguna prisa en firmar un documento que, según ellos, está lleno de cláusulas leoninas.

"No podemos tener un memorándum de entendimiento con fuerzas extranjeras a menos que haya fechas concretas y horizontes determinados sobre la marcha de las tropas. No somos ambiguos cuando hablamos de su marcha", dijo ayer Mowaffaq al-Rubaie, consejero iraquí de Seguridad Nacional.

EEUU considera que el establecimiento de un calendario permitiría a los grupos armados rearmarse mientras esperan la retirada de los 150.000 soldados estadounidenses.

Los países suníes vecinos de Irak, todos menos Irán, no han reconocido plenamente la legitimidad del Gobierno iraquí. En parte por la presencia estadounidense y por los lazos de los dirigentes chiíes iraquíes con Irán.

El Gobierno iraquí ha logrado mejorar esas relaciones con sus vecinos en lo político y en lo económico. Los Emiratos Árabes Unidos han cancelado casi toda la deuda que Irak tenía con ellos: 7.000 millones de dólares.

El resto de acreedores parecen también dispuestos a condonar los pagos pendientes una vez acabada la presencia estadounidense. El rey Abdalá de Jordania retrasó ayer sin fecha su viaje a Bagdad previsto para hoy. Se trataba de la primera visita de un líder suní a Irak desde la invasión de 2003.

Todos los vecinos verían con mejores ojos a Maliki si logra un acuerdo con el principal grupo suní, el Partido Islámico de Irak. Las negociaciones son interminables pero el principal escollo se encuentra en el futuro de las milicias suníes: Los hijos de Irak.

El Partido Islámico exige que estos grupos armados tribales, que han dado un respiro a Estados Unidos y al Gobierno al abandonar la insurgencia y enfrentarse a Al Qaeda, se disuelvan y acaben con sus delirios de grandeza de pasarse a la política en Bagdad.

"Milicias americanas"

El círculo de Maliki cree que Estados Unidos cometió un error estratégico armando y equipando a unos grupos tribales llenos, según ellos, de fanáticos y asesinos. Desde Bagdad se refieren a ellas como "las milicias americanas".

El primer ministro podría ordenar una ofensiva contra las milicias suníes antes de las elecciones regionales de otoño al igual que hizo a finales de marzo en Basora contra el Ejército del Mahdi, el grupo armado del clérigo radical chií Muqtada Al Sáder.

Ante la cita electoral, Maliki busca ganarse una imagen de hombre firme y de consenso que no depende de Estados Unidos. El primer ministro ha sido acusado de fomentar la división, por su tolerancia con la limpieza étnica de las milicias chiíes, y de títere de Estados Unidos por la insurgencia suní y los radicales chiíes.

Acuerdo de Helsinki

Tras varios meses de negociaciones en Finlandia, los dirigentes de los principales partidos de la mayoría chií y la minoría suní firmaron el sábado en Bagdad el acuerdo de Helsinki. Los firmantes se comprometieron a ilegalizar a las milicias y respetar la independencia judicial.

Se trata de una serie de principios de dudosa aplicación sobre el terreno, pero que suponen un paso adelante en la reconciliación nacional. El acuerdo también prevé la reintegración a las instituciones iraquíes de los soldados, principalmente suníes, expulsados tras la disolución del Ejército en 2003.