Archivo de Público
Domingo, 6 de Julio de 2008

Dos títulos, dos mundos

Santana cobró 25 libras en 1966, mientras que Nadal se embolsará un millón de dólares por el triunfo

ALFREDO VARONA ·06/07/2008 - 23:12h

Aquel sábado, 2 de julio de 1966, Manolo Santana madrugó. El partido fue a las 10.00 de la mañana. Cogió el metro, en la estación de Earls Court, con la raqueta al hombro como si fuese un ciudadano más. Era otra época. Ayer, Nadal llegó a las pistas del All England con chófer y había pasado la noche en un hotel de cinco estrellas.

Nada que ver con el modesto apartamento que alquiló Santana hace 42 años para obtener el mismo premio. O no. A Santana, que un año antes había ganado la Copa Davis para España, le dieron un vale de 25 libras para canjear por ropa deportiva. A Nadal, un millón de dólares. "El tenis ha dado un giro inmenso", admite Santana.

El día en el que Rafa cogió una de las raquetas de madera con las que jugaba Manolo, se quedó alucinado. Sustancial diferencia con las de ahora, que fusionan titanio y aluminio, y que pesan una tonelada menos. Con ellas, el saque común de los tenistas supera los 200 km/h. Seguramente, en la final del 66 que Santana ganó a Ralston no hubo saque por encima de los 150 km. Los partidos, efectivamente, eran más lentos, pero no más breves. Entonces, no había tie break. De hecho, el segundo set de aquella final del 66 se prolongó casi hasta el infinito. Santana, 11 juegos; Ralston, nueve.

Santana (1938) entonces era mayor de lo que es ahora Nadal (1986). Su origen tampoco tenía nada que ver. Santana se aficionó siendo recogepelotas en el Club de Tenis de Velázquez de Madrid. A los ocho años, Nadal ganó su primer campeonato en las Islas Baleares. Desde entonces, siempre ha tenido un entrenador y nunca ha viajado solo a un Grand Slam. Santana sí estaba solo en Londres en el verano del 66. Se calentaba el desayuno y compraba los billetes de metro.

Su preparación tampoco tenía mayor misterio. Jugaba al tenis y salía a correr al ritmo que le parecía: nunca hizo pesas. Algo que ahora sería imposible. Son tiempos en los que cualquier detalle de Nadal pasa al ordenador. A partir de ahí, se corrige la más mínima descompensación muscular. Y si le hace falta trabajar con balones medicinales, lo hace.

Dolor en silencio

Era otro mundo el del 66, muy marcado por la influencia de The Beatles con su recién nacido Yellow Submarine. Y en aquel Londres apareció Santana, que entonces ya era un tenista de categoría. Su rival, sin embargo, no tenía la enjundia de Federer. Era Dennis Ralston, un estadounidense que hizo un torneo prodigioso. En realidad, Ralston era un especialista en dobles. El suspense no fue el de ayer, pero Ralston tampoco se rindió nunca.

"En el segundo, set tuve problemas en la parte dorsal", recuerda Santana, "y lo vi mal". Ayer, Nadal también sobrevivió al dolor y a la duda inacabable. Pero no hay otra opción para ganar en All England Club. Santana se lo advirtió a Nadal. También Conchita Martínez, vencedora ante Navratilova en el 94. "Esto es lo máximo".

Son 42 años de color verde oscuro y púrpura, en los que una única cosa no ha cambiado en Wimbledon: el silencio sepulcral. A Santana le sorprendió en los sesenta. "Podías escuchar hasta los latidos de tu corazón". A Nadal, también ahora. Pero quizá sea la única similitud entre lo de ayer y el 66. Lo demás es otra película, empezando por el uniforme de los tenistas. Santana, patrocinado por la marca Slazenger y con el escudo del Real Madrid en el pecho. Y ahora, Nadal, el emblema de un imperio (Nike) y de un negocio multimillonario: la publicidad.