Archivo de Público
Lunes, 7 de Julio de 2008

65 horas: PP y PSOE, unidos en contra

Los eurodiputados tienen en su mano anular la directiva que amenaza la Europa social 

BELÉN CARREÑO ·07/07/2008 - 00:00h

Trabajar 6o horas semanales (ó 65 si se tienen guardias) de media durante tres meses significa que, en una semana, se puedan llegar a trabajar hasta 78 horas. Suponiendo que se trabajaran los siete días naturales, la jornada laboral sería de hasta 11 horas, y si se respeta el fin de semana, 15,6 horas. Ésta es la propuesta que, en pocas semanas, tendrán sobre su mesa los diputados europeos, por obra y gracia del Consejo de Ministros de la Unión Europea que dio luz verde a la iniciativa hace apenas un mes.

La regresión en derechos que supondría subir el techo legal de la jornada laboral ha logrado que PSOE y PP hayan unido sus fuerzas para luchar por un frente común. El escenario es Estrasburgo, y la causa, hacer entrar en razón a los vecinos europeos y compañeros de bancada para echar para atrás las enmiendas a la Directiva sobre Tiempo de Trabajo.

Los partidarios del "no" creen que el trámite parlamentario da una segunda oportunidad a 132 años de historia de lucha por los derechos de los asalariados y la reducción del tiempo de trabajo. La meta de una jornada laboral de ocho horas dio origen al 1º de Mayo en Chicago (1886) y por este sueño han muerto o han sido encarcelados cientos de trabajadores en todo el mundo.

Segunda pesadilla

El texto aprobado por los ministros de Trabajo europeos aún no está rematado (falta la aprobación formal) pero en breve se pondrá fecha para el debate parlamentario de la iniciativa. Todo parece indicar que el estudio de la ponencia en la Eurocámara no se producirá hasta finales de este año.

Ésta será la segunda vez que los eurodiputados se enfrentan con una iniciativa como ésta. En la ocasión anterior, 2005, el diputado español socialista Alejandro Cercas logró aglutinar el voto en contra del texto y las 65 horas se quedaron como un mal recuerdo de la memoria colectiva. Sin embargo, por tratarse de una segunda lectura, Cercas necesita ahora conseguir una mayoría absoluta para frenar la propuesta de las 65 horas.

En esta nueva cruzada el socialista contará con el apoyo del Partido Popular en Bruselas y también con las acciones de sindicatos y movimientos sociales, que han comenzado ya a organizarse para poner freno al despropósito europeo.

La movilización ciudadana puede ser decisiva a la hora de que los parlamentarios comunitarios decidan desligarse del voto oficial de su Gobierno. Las claves estarán en Alemania y sobre todo Francia, donde desde 2000 existe una ley que sitúa el techo en las 35 horas semanales. Aunque Sarkozy ya ha declarado abiertamente su intención de acabar con esa regulación laboral, el shock para los franceses, que verían como casi se duplica la legalidad de su jornada laboral, puede ser demasiado fuerte. Además, las continuas reformas laborales de Sarkozy están causando un fuerte desgaste en el electorado.

Los promotores y fervientes defensores de la causa por trabajar más horas son los británicos. La ironía viene de que la primera reivindicación por fijar la jornada laboral máxima en diez horas en Europa está datada en Manchester en 1784 y fue en Inglaterra donde en 1815 nació el movimiento conocido como "Diez horas". Dos siglos después, los británicos se apuntaron a la cláusula opt-out en los convenios, que es la que permite que el trabajador negocie bilateralmente con su jefe aumentar la jornada laboral.

La medida se tomó como supuesto impulso para la competitividad y bajo la premisa de que se rige por la libertad de las dos partes en pactar la subida. El tiempo ha demostrado que los trabajadores tienen pocos medios para resistirse a las peticiones de la empresa.

La intención de Reino Unido y del resto de los países europeos a favor de la norma (sólo España, Bélgica, Chipre, Grecia y Hungría no la apoyaron) es la de conservar e incluso atraer a las empresas tentadas de deslocalizar sus fábricas a países con menos derechos sociales, como las nuevas incorporaciones del Este o los asiáticos. Los detractores de la medida creen que en lugar de tratar de exportar el Estado del Bienestar, Europa se pliega a la comodidad de importar carencias de derechos sociales, una medida más barata y más rápida.

Otro Bolkestein

Los trabajadores europeos ya salieron a las calles para evitar que la Directiva Bolkestein, que se proponía liberalizar el sector de los servicios en Europa, se aprobara con la cláusula de "principio de país de origen". Esta cláusula contemplaba que si, por ejemplo, una empresa polaca se instalaba en España sólo se tenía que atener al salario mínimo o la jornada laboral vigente en su país. Los trabajadores lograron frenar esta idea y con ello preservar los derechos laborales. Este otoño, los asalariados de la vieja Europa tendrán una nueva oportunidad de mostrar de forma contundente su rechazo.

El cambio de cromos de Reino Unido y Francia

La llegada al poder de Sarkozy y Berlusconi rompió el eje de bloqueo contra la directiva de las 65 horas, en el que también estaba España, y que mantuvo congelada la directiva durante tres años. Sin embargo, en esa decisión también fue importante la negociación paralela sobre las condiciones laborales de los empleados cedidos por las empresas de trabajo temporal.

La presidencia portuguesa metió en el mismo paquete negociador a las dos directivas, y Francia acabó por aceptar las 65 horas a cambio de que Reino Unido accediera a que los trabajadores temporales tengan los mismos derechos que los de plantilla desde su primer día en la empresa, informa J. G.