Archivo de Público
Domingo, 6 de Julio de 2008

Heroína: la agonía de una droga que aún mata

Sus últimos consumidores comparten su adicción con la cocaína

ALBERT MARTÍN VIDAL ·06/07/2008 - 18:40h

Dos voluntarios asisten a varios toxicómanos en el barrio de Sant Cosme, en el Prat de Llobregat. DAVID ROIG.

Han pasado varios lustros desde los tiempos en que la heroína era considerada una plaga que amenazaba a la juventud. En su momento, esta droga irrumpió en las primeras páginas de los medios como causante de terribles historias de exclusión social, muertes prematuras y fuente de contagio de Sida y otras graves enfermedades.

Los tiempos han cambiado, pero la heroína se resiste a desaparecer. Los expertos coinciden en que ha quedado en segundo plano, pero sus usos se han alterado y sus consumidores también. Quienes trabajan con heroinómanos confirman la devastación que esta sustancia sigue causando, aunque su primera preocupación ha pasado a ser la cocaína.

Una de las entidades que trabajan con heroinómanos en Barcelona es Àmbit Prevenció. Recientemente premiada en el Congreso Internacional de Reducción de Daños que acogió Barcelona y referencia europea en lo que a atención a toxicómanos se refiere, la asociación comenzó a trabajar en la calle en 1991 y ha vivido en directo su transformación.

Su coordinadora de programas, Anna Altabàs, explica que la heroína ha pasado a ser secundaria: "Los adictos a la heroína son minoritarios, la heroína ha dejado de ser nuestra principal preocupación". No existe un censo preciso de adictos a la heroína en Barcelona, pero Altabàs se atreve a hacer una estimación: en Barcelona y el Baix Llobregat podría haber cerca de 1.400 afectados. A ellos se añaden los usuarios que han mantenido una calidad de vida, compaginando el consumo con su trabajo y vida familiar, que son una minoría. Proyecto Hombre cree que en el conjunto de España hay cerca de 84.000 heroinómanos.

Vidas arruinadas

Basta acompañar a Àmbit en una de sus salidas diarias para comprobar el valor de su trabajo. Ofrecen atención médica, comida y jeringuillas nuevas a personas sin recursos, que tienen una vida muy estresante -consumen pequeñas cantidades en cuanto consiguen algo de dinero, tras lo cual tienen que volver a conseguir dinero- y consumen cualquier otra sustancia a la que tengan acceso, lo que resulta aún más nocivo.

Una de las novedades en el consumo de este opiáceo es que capta a muchos inmigrantes rusos, georgianos y rumanos. "Están doblemente excluidos, como inmigrantes y como toxicómanos", dicen en Àmbit. Esta entidad conoce bien la degradación en que viven estas personas: "Han cruzado la línea, son el último eslabón de la cadena: ni tienen familia, ni pueden trabajar".

También cocaína

En Barcelona es más habitual que esta sustancia se inyecte, mientras que en Madrid se fuma. Estas variaciones se deben al modo en que la distribuyen los narcotraficantes. Pero para empeorar las cosas, los heroinómanos de hoy alternan esta adicción con la cocaína y cualquier otra droga a que tengan acceso. "La coca es muy psicótica, abre la caja de los truenos, genera paranoia y agresividad", explica Altabàs. "Se ha extendido el caso de gente que empieza con la metadona y con el dinero que ahorra se da a la cocaína", añade. "Otros, que tomaban mucha cocaína, acaban recurriendo a la heroína para dormir", añade. Esta experta añade que "la cocaína es temible, convulsiva y en muchos casos va acompañada de la enfermedad psiquiátrica, provocando una patología dual". Altabàs tuerce el gesto cuando se le dice que la cocaína no provoca sobredosis: "Provoca embolias, y contra eso no hay remedio".

La temida sobredosis

La Generalitat ha publicado datos que situaban la sobredosis como primera causa de muerte en Barcelona en hombres de entre 15 y 40 años, con 90 fallecidos en 2007. Fueron víctima de sobredosis, que llega cuando hay un abuso de la sustancia y en las recaídas.

Uno de los colectivos más expuestos es el de los presos: cuando recuperan la libertad, si vuelven a drogarse pueden sufrir el colapso a causa de la bajada en su nivel de tolerancia. Otro ingrediente que disparan el riesgo de sobredosis es la combinación de heroína con pastillas tranquilizantes, que multiplican sus efectos.

En la lucha contra las sobredosis son diversas las entidades que reclaman que la naloxona, una sustancia que revierte los efectos de la heroína y es efectiva al 100%, sea más accesible. "Todos los toxicómanos deberían tener acceso a ella, pero requiere receta, es cara y sus frascos de cristal no son prácticos para personas que pasan gran parte del día en la calle", dicen en Àmbit.

Paliar daños

Esta entidad ha hecho de la reducción de daños su bandera. Nació para ayudar a los toxicómanos aunque no renunciaran al consumo e impulsar el intercambio de jeringuillas para evitar enfermedades. "Si no querían dejar de drogarse, nadie les hacía caso. Nuestro objetivo era paliar daños y frenar el contagio de Sida", explica su responsable.

A pesar de los avances, la lacra de los 80 está lejos de ser un recuerdo del pasado: aún se cobra vidas y aún encuentra personas dispuesta a conocer la que fue conocida como droga de la felicidad.

Inmigrantes, sin trabajo ni familia y politoxicómanos


Los más degradados

Los que se encuentran en peor situación son aquellos que viven en zonas deshabitadas cercanas al punto de compra. No tienen recursos, no trabajan y no tienen familia. Los que se quedan en los núcleos urbanos tienen más recursos sociales a su disposición.

Inmigrantes

Las rutas de venta de heroína, que parten de Afganistán, hacen que muchos inmigrantes rusos, georgianos y rumanos lleguen a España con esta adicción.

Jóvenes

Existen adictos de todas las edades, pero predominan los jóvenes. El consumidor tipo tiene 25 años.

Politoxicómanos

La inmensa mayoría combinan heroína con otras drogas. Algunos entran en la cocaína por el dinero que ahorran con la metadona, otros recurren a ella para dormir tras abusar de drogas excitantes.