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Sábado, 5 de Julio de 2008

Sánchez-Camacho logra la presidencia del PP catalán por escaso margen

La candidata oficial suma sólo un 56% de votos en el tenso congreso catalán

MARÍA JESÚS GÜEMES / FERRAN CASAS ·05/07/2008 - 21:16h

Montserrat Nebrera, Daniel Sirera y Alicia Sánchez-Camacho, la nueva presidenta del Partido Popular de Catalunya. EFE

Mariano Rajoy recibió ayer un serio aviso. Sin el rigor escénico ni las candidaturas solitarias del congreso de Valencia, el malestar sacó cabeza con virulencia en el congreso del PP de Catalunya.

Alicia Sánchez Camacho, la candidata oficial, se impuso con el 56% de los apoyos a Montserrat Nebrera, una outsider que sumó más del 43% de voto de los delegados aunando un descontento que bebe de dos fuentes: el disgusto de la militancia catalana ante la solución impuesta por Génova aupando a la senadora en detrimento de los enfrentados Daniel Sirera y Alberto Fernández y, por otra, la desazón que, a nivel nacional, corroe a la militancia popular y que pudo canalizarse en Valencia.

El apoyo logrado por Camacho fue en realidad mucho menor si se tiene en cuenta el número de compromisarios, 1.090. La candidata oficial logró 439 votos, poco más del 40% de los sufragios, mientras que su oponente sumó 335, casi el 31%.

Los congresos regionales donde hay alternativa a la candidatura oficial indicarán hasta qué punto la dirección nacional es cuestionada. En un cónclave envuelto en gran tensión, los abucheados dirigentes nacionales que tomaron la palabra (Ana Mato, Javier Arenas y María Dolores de Cospedal) se desgañitaron proclamando la democracia interna. Su candidata había sacado 200 votos menos que avales.

El resultado de Nebrera, que aúna a un heterogéneo sector crítico, sabía a victoria. La diputada, símbolo del hartazgo, fue sacada del congreso literalmente a hombros entre gritos de “torera”. Después de entregar poco más de los 200 avales preceptivos reclamó “decidir en libertad”. Un miembro de la Ejecutiva admitía que si la hubieran cortocircuitado habrían tenido que intervenir los mossos por la que se iba a formar.

La dirección, en una clara “muestra de democracia interna, de limpieza y transparencia” como destacó el presidente del Congreso, Jorge Fernández, validó las candidaturas. Se llevó bronca por el comentario. Pero era la única forma de no ser acusados de pucherazo.

La utopía de Nebrera

La que fuera fichaje estelar de Piqué hizo un discurso emotivo y utópico: “He llegado hasta aquí y estoy agradecida por haber cumplido un sueño”. Dijo que el PPC era un partido “de perdedores” y sacó a relucir de nuevo su “dignidad”. Camacho fue más agresiva. Contraatacó: “Nadie nos va a dar lecciones de dignidad... no somos perdedores sino luchadores... mi sueño no es personal sino colectivo” cerró echándole en cara a su oponente que llamara “jarrón chino” a Aznar cuando fue “el mejor” presidente.

Los nervios estaban disparados. Los compromisarios estaban alterados y el calor era asfixiante. Todo comenzó cuando Mato, que esta semana acudió a Barcelona a forzar la “solución Camacho”, pidió unidad. Los silbidos eran fuertes. Al decir que el PP catalán saldría “más fuerte e ilusionado” los “fuera, fuera” eran ensordecedores. Cuando Fernández daba garantías de transparencia había carcajadas. En los pasillos se repetía que todo era una “pantomima”.

Y dentro, la mesa reclamaba seguridad ante el temor de incidentes más serios. Sobre todo cuando intervino Arenas. El hombre fuerte de la dirección nacional no recogió entusiasmo. Pero él, perro viejo, apeló a la “tolerancia”.

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