Archivo de Público
Sábado, 5 de Julio de 2008

Los polacos aún no son bienvenidos en Alemania

Las restricciones laborales de Berlín enturbian las relaciones con la vecina Polonia

GUILLEM SANS MORA ·05/07/2008 - 08:00h

g.s.m. - La localidad alemana de Pasewalk ha perdido 40.000 habitantes desde la reunificación de Alemania.

Hay acontecimientos históricos que pasan inadvertidos. Cuando Polonia entró en el espacio Schengen el pasado 21 de diciembre, polacos y alemanes pudieron pasar por primera vez la frontera sin controles de ninguna clase. Incluso cuando existía el bloque oriental, las autoridades de la República Democrática Alemana y las de la Polonia comunista, dos países amigos, querían saber exactamente quién pasaba la frontera, cuándo y por qué.

Los trámites burocráticos eran interminables cuando quería llevar a mis alumnos de excursión a Polonia, recuerda Ernst Heidschmidt, maestro de escuela del pueblecitoalemán de Eggesin.

Los polacos pasan desde diciembre al lado alemán cuando quieren, pero no para trabajar

Hoy, el bloque oriental es historia desde hace casi dos décadas y Heidsch-midt dirige la administración de Stettiner Haff, una región que se extiende a ambos lados de la frontera polaco-germana, desde la isla báltica de Usedom hasta la ciudad polacade Szczecin.

Alemanes y polacos tienen aquí los mismos problemas. El paro y deficiencias de infraestructurasprovocan una vertiginosa sangría de población.

La localidad alemana de Pasewalk, por ejemplo, perdió 40.000 habitantes desde la reunificación. Ahora tiene 12.200. Y la polaca Szczecin, con sus 400.000 habitantes, centro urbano de referencia de la región, experimentará un descenso ligero, pero continuado. Rondará los 330.000 en 2030, según cálculos municipales.

Berlín decidió en 2004 restringir la llegada de trabajadores del Este hasta 2011

La invasión inexistente

Pero la nueva libertad en esta esquina de Europa no es completa. Ante la histórica ampliación de la UE en 2004, Alemania y Austria decidieron restringir la libertad de movimientos de los trabajadores del Este durante siete años. Sólo los autónomos pueden establecerse en esos dos países.

Sus políticos temían que una invasión de polacos, checos y húngaros desestabilizara sus mercados laborales. Alemania piensa mantener estas restricciones incluso hasta 2011, algo que ha irritado a la República Checa.

Los neonazis son un problema en la esquina nororiental de Alemania

La prórroga de las restricciones es un problema, hay que decirlo claramente, señala Urszula Berlinska, directora de la oficina del alcalde deSzczecin. No hubo ninguna catástrofe en Irlanda y Reino Unido, añade en referencia a dos países que no aplicaron esas restricciones y se convirtieron en destino laboral preferido de decenas de miles de polacos.

El alcalde de Pasewalk, Reiner Dambach, también lo ve así: La restricción de libertad de movimientos para los trabajadores es claramente perjudicial. Muchos polacos trabajan en negro en Alemania porque no les queda otro remedio.

Es por eso que los 19 empleados del polaco Jaroslaw Wieczorek son alemanes. Wieczorek ha convertido un antiguo matadero de Pasewalk en una pequeña fábrica de componentes de electrotécnica y automoción. Volkswagen, Opel y Philips son algunos de sus clientes. Montó su tinglado en Alemania porque la etiqueta made in Germany vende mejor.

El mismo producto tendría que venderlo un 20% más barato en su ciudad, Poznan, que está a medio camino entre Szczecin y Varsovia y es una de las ciudades polacas con un tejido empresarial más dinámico.

La ironía del caso es que Wieczorek tiene dificultades para encontrar en Alemania personal cualificado. Necesita programadores y técnicos en el manejo de máquinas de precisión. Pese a todo, Wieczorek tira adelante. Prefiere hacer oídos sordos a los prejuicios xenófobos que tuvo que aguantar cuando decidió despedir a dos empleados.

Ciertamente, en la esquina nororiental de Alemania, los neonazis son un problema. La región tiene el dudoso honor de contar con cinco agrupaciones de camaradas que no tienen nada mejor que hacer que planear ataques contra un albergue de solicitantes de asilo. El alcalde Dambach dice que el 10% de los ciudadanos de Pasewalk vota al Partido Nacional Democrático (NPD), principal fuerza neonazi del país.

La ampliación de Schengen no ha traído consigo más criminalidad en esta parte de la frontera. Los temores de muchos políticosno se han confirmado.

Una anécdota de Heidschmidt ilustra cómo los neonazis se aprovechan del asunto. Participaba en el pueblecito de Eggesin en una fiesta de los bomberos de ambos lados de la frontera cuando le robaron la bicicleta. Un vecino le avisó del hurto. Cuando fue a recuperarla, el ladrón le espetó: Sólo la cogí para ponerla a buen recaudo, porque por aquí andan muchos polacos.

Los nuevos polacos

La presencia de camaradas no parece espantar a los polacos. Robert y Pamela Bukowski son una pareja de treintañeros que no cuadra con la imagen del polaco católico y conservador que se extendió por Europa con los gemelos Kaczynski. Vivían en un apartamento de 60 metros en Varsovia con sus dos hijas, de 11 y 14 años. Lo vendieron el verano pasado por 100.000 euros y huyeron del ajetreo para establecerse a más de 500 kilómetros de casa,en Alemania.

Los Bukowski compraron por 30.000 euros una casa de cuatro plantas en lo poco que queda del centro histórico de Pasewalk, una construcción de 1911 en estado deplorable. La pareja dedica el resto de los ingresos de la venta a obras de acondicionamiento. Los obreros son, una vez más, alemanes.

La familia se ha instalado en la cuarta planta. El resto lo van a alquilar y vivirán de las rentas. Sólo podrán plantearse trabajar cuando a Berlín le dé la gana eliminarlas restricciones.

Al principio, nos daba un poco de miedo, nuestros amigos se llevaban las manos a la cabeza por irnos a Alemania sin trabajo, cuenta Pamela. Las niñas tendrán que aprender la nueva lengua. Pero pronto podrán ayudar a sus compañeros de clase. Aquí, los niños pueden aprender polaco desde la guardería.