Archivo de Público
Viernes, 4 de Julio de 2008

Nebrera no se rinde "por dignidad"

Mientras reivindica la independencia del PP catalán, Sánchez Camacho presume de avales

MARÍA JESÚS GÜEMES ·04/07/2008 - 19:06h

“No me voy”, repitió sin cesar. Bajo el título de “Ser u obedecer”, Montserrat Nebrera dio una rueda de prensa en la sala Matahari de un hotel madrileño. Su intención: demostrar que no se va a rendir por “dignidad”.

La diputada catalana enfrentará hoy, en el Congreso del PP catalán, su candidatura a la de Alicia Sánchez Camacho. Aunque no quiso desmerecer a su contrincante, no pudo dejar de criticarle que ésta no haya participado en la recogida de avales, recorriendo el territorio, como todos los demás durante meses.

La que fuera número dos de Piqué denunció la imposición de Génova disculpando a Rajoy, de quien dijo que quiere creer que “hasta el final va a ser imparcial”. Los que la rodean explican que ella piensa que la decisión ha sido ‘maquinada’ por Alberto Fernández y Javier Arenas.

También comentó que si al comienzo su prioridad era la renovación de las ideas, ahora por encima de todo reivindica “el ser del PP catalán”. A su juicio no habrá ningún tipo de lealtad a la formación nacional sino se parte de la propia identidad e independencia de la regional. Además afirmó que, aunque corra el rumor de que le puede levantar el sillón a Sirera en el Parlament, no había cargo que le pudieran ofrecer para comprar su retirada. “No habría precio posible”, afirmó.

Nebrera quiso aclarar algunas confusiones. Como, por ejemplo, que Francesc Vendrell, mano derecha de Piqué, fuera partidario de su candidatura. “Nunca lo ha sido”, señaló hasta en cuatro ocasiones. Y confirmó que tenía los avales suficientes por mucho que algunos lo hayan cuestionado. Cuando los entregue Joan Garriga, a quien ha elegido para ser su secretario general por demostrarle una lealtad inquebrantable al renunciar a una vicesecretaria que le había ofrecido Camacho, presentará un acta notarial. No teme que Camacho –quien ayer reivindicaba su catalanidad frente a Nebrera y presumía de haber superado los 300 avales en un solo día– le doble los avales y, de ese modo, se anulen. Cree que a Camacho no le ha dado tiempo a recopilarlos y está tranquila porque ha comprobado como en estos días muchos han cambiado el sentido de su aval molestos por cómo se ha gestionado la crisis. Votos de castigoPrecisamente la abstención y los votos de castigo que pueda haber preocupan a la dirección nacional. Para tratar de evitarlo, Rajoy y todo su séquito de colaboradores desembarcaran el próximo domingo en Catalunya en apoyo a Camacho.

Muchos han criticado las formas que se han empleado. Uno de ellos ha sido el eurodiputado Alejo Vidal-Quadras, quien aseguraba ayer que con esta “intervención” se hace perder “legitimidad” a la nueva presidenta. Él prefiere, en todo caso, a Camacho y pide que no se vote a Nebrera porque sería “una catástrofe”. 

Los retos de la futura presidenta

Para Rajoy la palabra ‘unidad’ es fundamental. Ese será, sin duda, el primer y gran reto de la persona que se alce con la presidencia del PP catalán este fin de semana. La presidenta (es la primera vez que se presentan dos mujeres) tendrá que tomar las riendas de una formación muy resentida en la que se extienden los incendios.

Sobre todo en Lleida y Girona. Esta última provincia es el punto flaco de Alicia Sánchez Camacho porque, a pesar de encabezar la candidatura, no obtuvo escaño. La futura líder del PP catalán tendrá que renovar las estructuras y lidiar con las diferentes familias. La situación será tensa porque se verá en medio de Daniel Sirera, el Parlament, y Alberto Fernández, desplegándo sus alas en el partido.

También tendrá que rediseñar estrategias. Dar con un mensaje moderno y moderado que enganche al electorado catalán. Y recuperar la confianza y credibilidad de sus ciudadanos, hartos de ver desfilar nombres a lo largo de los últimos años y las continuas intromisiones de Génova.

Y el objetivo final será tener la maquinaria bien engrasada para aumentar votos en las próximas elecciones catalanas y, sobre todo, de cara a las generales. Aunque en las pasadas elecciones los conservadores catalanes lograron los dos escaños que se habían marcado en la campaña, la diferencia con el PSC (le supera en 16 escaños) es una brecha muy difícil de solventar.