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Miércoles, 2 de Julio de 2008

"España es un país de letras; la ciencia está acosada"

Carlos Elías es químico y profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III. Publica un ensayo en el que critica un sistema que estrangula la producción científica y a los investigadores más brillantes.

ÓSCAR MENÉNDEZ ·02/07/2008 - 19:08h

MÓNICA PATXOT - Carlos Elías.

Un químico que se lanzó al mundo del periodismo. O tal vez un periodista que es químico. La calificación de Carlos Elías no es, desde luego, sencilla. Licenciado en Químicas y en Ciencias de la Información, ahora es profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, aunque ha trabajado en diversos medios de comunicación.

Elías es el autor del libro La razón estrangulada, resultado de un estudio sobre el declive de la ciencia en Occidente, en el que ofrece una visión catastrofista del estado de la ciencia en Europa en general, y en España, en particular. Este ensayo, recientemente publicado en la editorial Debate, es el resultado de un año de investigación en la London School
of Economics.

“España es un país de letras, dominado por la gente de letras, en el que existe un problema de acoso a la ciencia”, dice. Crítico con la Universidad y con los medios de comunicación, Elías no es políticamente correcto y alerta del retraso que puede vivir Occidente si renuncia a las ventajas de los estudios científicos.

Su libro asusta, al menos a cualquiera que se preocupe por el futuro de nuestro país. ¿Tan mal está la ciencia?

Creo que hay que preocuparse por determinados datos. Por ejemplo, por el descenso de vocaciones. En España, el sistema está llevando a alumnos muy brillantes hacia disciplinas que no requieren ese tipo de talento, como, por ejemplo, Comunicación Audiovisual. Hay más matriculados en esa carrera o en Periodismo que en Física, Química o Matemáticas... ¡Y necesitamos físicos, necesitamos químicos y necesitamos matemáticos!

Necesitamos la ciencia.

Claro. Los anglosajones se han preocupado mucho en saber por qué fue Inglaterra y no España quien tomó el liderazgo mundial a partir de los siglos XVI o XVII. Y fue porque ellos apostaron por las ciencias de la naturaleza y nosotros no. Ahora, ellos empiezan a temer que sean países como China o India los que estén apostando por la ciencia.

En cualquier caso, la ciencia de España no tiene comparación con la anglosajona. Usted menciona la diferencia de premios Nobel.

Es curiosa la comparación. Los países conquistados por Gran Bretaña tienen muchos premios Nobel. No sólo Estados Unidos, donde la comparación es terrible. Tenemos el ejemplo de Australia, que tiene nueve premios Nobel. Y nosotros sólo tenemos el de Ramón y Cajal, porque el de Severo Ochoa computa para Estados Unidos. En el año 2006, yo estaba en Londres y allí se debatía sobre por qué en los últimos años el Reino Unido no había recibido ningún premio Nobel. En España, en esas fechas, el debate era la celebración del centenario de nuestro único Nobel, el de Cajal.

"Los científicos tienen que ser 'frikis' para salir en los medios" 

En su libro, compara la Royal Academy británica con la Real Academia de nuestro país y pone el ejemplo de dónde están situadas ambas.

Sí. El edificio británico es una magnífica construcción en un lujoso barrio, muy glamuroso. En España, la Real Academia de la Ciencia se ubica en una degradada calle de Madrid, llena de prostitución... Si hasta tiene un sex-shop al lado, pared con pared. No voy a desmerecer a los sex-shops, pero la diferencia es paradigmática.

El problema, según denuncia usted, es muy serio. Pero, ¿cuáles son las soluciones?

Tenemos un problema educativo. No entiendo que haya un bachillerato exclusivo de letras. Y también hay problemas económicos. En el currículum de una persona como María Dolores de Cospedal, figura que a los 26 años ya era abogada del Estado. Si haces Derecho, puedes tener la vida asegurada a esa edad. Pero, si estudias Física, a los 26 años eres, como mucho, becario. Y, para ser profesor universitario, está más valorado tener una decena de publicaciones mediocres que una única publicación revolucionaria. Así lo que se consigue es eliminar a la gente brillante de la carrera. Albert Einstein publicó tres artículos. Fueron sólo tres, pero son los más importantes de la ciencia del siglo XX.

Usted critica mucho la visión de la ciencia que se da en los medios de comunicación. Y pone el ejemplo concreto de un personaje de la serie ‘Aída’, Fidel, un joven al que se le denigra a menudo porque le interesa la ciencia y la tecnología. ¿Cree de verdad que ese tipo de personajes pueden hacer daño a la investigación?

Quizás no para una persona de 35 años que trabaje en un banco. Pero, para la ciencia, sí es relevante la visión de un joven de 16 años, porque tiene que elegir carrera. Y la muestra es que en los últimos años el interés de los jóvenes por la ciencia se ha reducido. Desde luego, ningún chico de 16 años quiere ser como Fidel, el protagonista de Aída. Pero no es sólo la televisión, en el cine pasa lo mismo. El arquetipo de científico allí es igual. En el cine sólo los profesores de letras tienen vidas interesantes con aventuras amorosas y eso. Los físicos son feos y están locos.

"Hay más matriculados
en Periodismo que en Química"

Los medios escritos, ¿son tan peligrosos?

No. La mayor parte de la prensa, no. Los medios escritos tienen un tratamiento más serio, pero... ¿qué chico de 16 años lee el periódico? Además, se trivializan las informaciones y se destacan estudios como la resolución del volteo de la tortilla de patata, el descubrimiento de la estrella de Belén o hacia qué lado se gira la gente cuando besa. Los científicos tienen que ser frikis para salir en los medios.

La conclusión de su libro es que no sólo no avanzamos, sino que, además, vamos para atrás.

El economista estadounidense Paul Samuelson ha dicho que antes se medía la riqueza de los países en sus toneladas de acero o megavatios de electricidad y que ahora se mide por el número de ingenieros y científicos que tienes. Si en Occidente, da igual que sea Reino Unido que España, desciende el número de vocaciones, tenemos motivos serios
de preocupación.