Archivo de Público
Martes, 1 de Julio de 2008

China ahoga las protestas populares antes de los Juegos

30.000 personas denuncian el encubrimiento de un crimen

ANDREA RODÉS ·01/07/2008 - 20:41h

ap - Un niño saca una foto a un grupo de policías en la Ciudad Prohibida de Pekín.

Miles de revueltas sociales estallan cada año en China por el mismo motivo: la corrupción de los gobiernos locales. Y el año olímpico no está siendo una excepción. Un nuevo disturbio violento tuvo lugar el pasado fin de semana en Wengan, en la provincia de Guizhou. Más de 30.000 personas salieron a la calle y prendieron fuego a edificios gubernamentales para protestar contra las autoridades, a quienes acusan de ocultar información sobre la violación y asesinato de una joven.

Los familiares de la víctima, de 15 años, se niegan a creer que se trate de un suicidio, como aseguró la policía tras descubrir el cadáver de la joven flotando en un río.

Los participantes en la revuelta acusan a las autoridades de querer ocultar pruebas para proteger al autor del crimen, identificado como el familiar de un alto funcionario local. En los medios locales e Internet circulan distintas versiones de los hechos, pero ninguna ha sido verificada.

Cuando quedan poco menos de 40 días para la llegada de los JJOO, hallar la verdad sobre lo ocurrido o castigar a una banda de funcionarios locales corruptos no parece ser una prioridad para Pekín.

Armonía social

El Gobierno central acaba de lanzar, coincidiendo con la revuelta de Guizhou, una campaña para ahogar cualquier tipo de protesta popular que ponga en peligro la armonía social del país.

Asegurar una tranquila acogida de los JJOO se ha convertido en una batalla que las autoridades de cualquier nivel deben ganar, fue el mensaje oficial emitido por teleconferencia a nivel nacional. A partir de ahora, entramos en un estado de guerra, dijo un alto funcionario de la provincia de Zhejiang, al sur del país.

Según la agencia de noticias Xinhua, el orden parecía haberse restablecido este martes en Wengan, donde las tropas paramilitares patrullan por las calles y los vehículos oficiales equipados con megáfonos circulan por la ciudad pidiendo a los protestantes que se entreguen a la policía.

300 personas han sido detenidas tras las revueltas, según el Centro de Información para los Derechos Humanos, en Hong Kong. Entre ellas está el tío de la joven asesinada, que encabezó la protesta y que fue duramente golpeado por la policía. Las televisiones locales, controladas por el Gobierno, llaman a la rendición inmediata de los implicados, mientras las fuerzas del orden se encargan de identificar a los protestantes mediante fotografías y videos tomados durante los disturbios.

En China, la extendida corrupción local, la falta de un Estado de derecho que proteja a los ciudadanos de los abusos cometidos por las autoridades y la falta de libertad de prensa para denunciar estos crímenes siguen dando pie a miles de revueltas.

La mayoría acaban siendo reprimidas por la Policía y a las víctimas, casi siempre campesinos cuyas tierras han sido expropiadas por las mafias inmobiliarias, sólo les queda una alternativa: viajar a Pekín, como llevan haciendo durante siglos, para denunciar los abusos ante la Justicia central. El viaje suele resultar en vano.