Archivo de Público
Martes, 1 de Julio de 2008

La reina inglesa del desierto

Gertrude Bell, arqueóloga, escritora y espía, recorrió Oriente Medio a principios del siglo XX y vio nacer al Irak moderno 

GUILLAUME FOURMONT ·01/07/2008 - 19:15h

La llamaban Jatún ("sultana" en árabe) por sus maneras burguesas y una fuerza capaz de hacer temblar a los jeques, aunque para muchos iraquíes siempre será miss Bell. Arqueóloga, escritora, lingüista, fotógrafa y espía, Gertrude Bell fue una de las grandes aventureras de principios del siglo XX, quien, junto al más conocido Lawrence de Arabia, luchó por la independencia de los países árabes frente a la potencia del Imperio de Su Majestad.

Gertrude Margaret Lowthian Bell era una mujer fuera de lo común para su época. La periodista británica Georgina Howell la describe en La hija del desierto. La vida íntima de Gertrude Bell (Lumen) como una mujer rebelde, aunque prepotente, una mujer que consiguió lo que quería, aunque nunca tuvo familia.

Bell, hija de un rico industrial, nació el 14 de julio de 1868 en Washington, en el condado inglés de Durham. Rechazó la comodidad que la vida le ofrecía para matricularse en Historia en Oxford, donde se licenció con matrícula de honor en dos años. Era la primera mujer que lo conseguía. Mientras sus compañeros buscaban marido y esposa entre las grandes familias de la época, a la joven Bell le fascinaba la poesía persa.

Primer viaje a Persia

Gertrude tenía 23 años y las normas de la sociedad victoriana no le impidieron irse a Teherán, donde su tío era embajador de Reino Unido. Gozaba de su estatus para viajar lo más posible por el país, montar a caballo, aprender persa y enamorarse. Tras el rechazo por su padre de uno de sus pocos novios conocidos, Gertrude lo tuvo claro: dedicaría su tiempo -gracias a la fortuna de su familia- a viajar por el mundo y a escribir sus experiencias.

Cuando regresó a Londres, tenía 33 años, nunca trabajó y todos la consideraban una solterona excéntrica. Publicó Persian Pictures, tradujo al poeta persa del siglo XIV Hafez y aprendió árabe.

Persia fue el principio de una vida dedicada a Oriente. Gertrude emprendió un primer gran viaje por Palestina y Siria en 1899 antes de instalarse en Jerusalén un año más tarde y viajar por todo Oriente Medio, hasta Hail, pueblo del norte de Arabia, donde conoció, en 1913, a Abdelaziz ibn Saud, quien pronto se apoderaría de la península árabiga y fundaría el reino de Arabia Saudí.

La espía de Su Majestad

Su conocimiento de la zona y su relación con jeques árabes hicieron que la ficharan los servicios secretos británicos en el Arab Bureau de El Cairo. El Imperio Otomano apoyaba a Alemania en la Primera Guerra Mundial y el Hombre enfermo de Europa estaba a punto de desaparecer. Bell dibujó los mapas de Mesopotamia para permitir a los británicos apoderarse de la zona. Acompañó en 1921, junto a Lawrence de Arabia, a Winston Churchill a la conferencia de El Cairo para dibujar las nuevas fronteras de Oriente Medio. Irak era una monarquía independiente bajo control británico.

Bell reclamó, sin embargo, un liderazgo árabe; Londres la criticó y ella decidió dedicarse a la arqueología. El 12 de julio de 1926, Gertrude Bell se quitó la vida con una sobredosis de somníferos. Fue enterrada aquella misma tarde en el cementerio británico de Bagdad. El ataúd iba envuelto con la Unión Jack y la bandera iraquí. El Irak de Bell desapareció con la proclamación de la República en 1958, la dictadura de Sadam Husein en 1979 y la invasión de Estados Unidos en 2003. Bell escribía en 1919: "No dudo de que los suníes, a pesar de que sean minoritarios, deban ejercer el poder. Sino tendremos un Estado teocrático, lo que es peligroso".