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Miércoles, 18 de Junio de 2008

Un 'copérnico' por un millón y medio

Christie's subasta en Nueva York una primera edición de 'De Revolutionibus' y el primer listín telefónico del mundo

VÍCTOR CHARNECO ·18/06/2008 - 08:00h

EFE / CHRISTIE´S IMAGES - Imagen de una copia del libro 'De Revolutionibus Orbium Coelestium', la obra maestra del astrónomo polaco Nicolás Copérnico.

Cuenta la leyenda que el primer ejemplar de De Revolutionibus Orbium Coelestium se recibió en casa de Nicolás Copérnico, en Frombork (Prusia, Polonia), el 24 mayo de 1543, con tan mala suerte que su autor ya no pudo llegar a verlo; había fallecido tras una larga enfermedad un poco antes. Su publicación ponía fin a un inmenso proceso de trabajo, en torno a 25 años de observación y medidas, y era a la vez el principio una fuerte polémica con la Iglesia, la revolución que cambiaría la ciencia. En sus páginas veía la luz la teoría heliocentrista, que proclamaba que el Sol era centro del Universo, frente a la doctrina oficial geocentrista, que concedía este lugar a la Tierra. Ayer, cuatro siglos y medio más tarde de esa fecha, Copérnico fue la estrella de nuevo, esta vez en Christies Nueva York, donde un ejemplar de esa primera edición fue subastado por 2,2 millones de dólares (alrededor de 1,4 millones de euros).

El astrónomo polaco fue siempre consciente de que su obra estaba en disposición de cambiar todo el conocimiento que se daba por cierto y también, de generar un problema muy grave para la Iglesia de su época. Todo parece indicar que tenía finalizado el libro varios años antes de su publicación, puede que en torno a 1530, y que no se decidió a sacarlo a la luz hasta mucho más tarde, tratando de evitar el enfrentamiento con la institución que había costeado su formación y para la que seguía trabajando. De hecho, en el texto final se incluía una dedicatoria del autor al Papa Pablo III en la que reconocía que poner la Tierra en movimiento iba a ser una fuente de polémica. Considerado padre de la astronomía moderna, Copérnico había llevado a cabo todos sus cálculos sirviéndose sólo de tres herramientas (un cuadrante, un astrolabio y el instrumento paraláctico) y de una lúcida observación del cielo y los desplazamientos astrales.

También se incluían en el lote obrasde Galileo, Newton, Darwin y Einstein

El ejemplar subastado de De Revolutionibus Orbium Coelestium es el mejor conservado de cuantos descansan en colecciones privadas. Pertenecía a la biblioteca del doctor en Física y astrónomo aficionado Richard Greene. Integradas en los más de 300 lotes en los que se dividieron ayer sus libros, también se incluían obras de Galileo Galilei, Albert Einstein, Isaac Newton, Charles Darwin, e incluso una primera edición de El Capital, de Karl Marx. Greene inició su recopilación con la compra de Diálogo, de Galileo, a principios de los setenta, y se aficionó pronto al coleccionismo.

En 1975 adquirió la primera edición del imprescindible tratado que cambió la ciencia en el siglo XVI. Luego ya no pudo parar, y llenó sus anaqueles con un repertorio que la casa internacional de venta de obras de arte enmarcó bajo el título Seis siglos de ciencia revolucionaria.

El primer listín telefónico

Otra de las grandes atracciones de la subasta de ayer era un atlas de 1660, obra de Andreas Cellarius. Considerado como el único atlas celestial publicado durante la era dorada de la cartografía holandesa, es uno de los mejores de este tipo que se han visto a lo largo de la historia. Alcanzó la cifra de 266.500 dólares (unos 146.200 euros) en el remate final; también se subastó la primera edición de Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, de Isaac Newton.

La guía de Bell contiene los nombres de 375 ciudadanos que en 1878 ya tenían teléfono

En otros lotes, también se abrió la pelea por un original de El origen de las Especies, de Darwin; otro de La interpretación de los sueños, de Freud, y una colección de 130 documentos personales de Albert Einstein, con anotaciones manuscritas del Nobel de Física. Como puede apreciarse por la importancia de los títulos, el doctor Green tuvo tiempo de reunir una biblioteca amplia y diversa.

Tan variado fue en su gusto comprador, que su colección también dio para la anécdota de la jornada en el acto celebrado en el Rockefeller Center. Los interesados tuvieron la ocasión de pujar para hacerse con el primer listín de teléfonos de la historia, editado en Estados Unidos sólo dos años después de que Graham Bell presentara su invento. Se trata de un libro de 20 páginas, que incluye los nombres de los 375 primeros ciudadanos de New Haven (Connecticut) que en 1878 ya habían contratado el innovador servicio. El tomo incluye algunas recomendaciones curiosas, como la de iniciar cualquier conversación con otro usuario empleando la expresión Hulloa!, nada que ver con el heterodoxo repertorio de saludos y despedidas de nuestra moderna telefonía sin cables.

El interés demostrado ayer en las pujas de Christies por los diferentes lotes que integraban la biblioteca de Richard Green pone de manifiesto el interés de la ciencia y la inclusión de sus documentos más importantes y antiguos en una categoría artística de dimensiones similares a las de los grandes nombres de la pintura y la escultura. No en vano, el estudio dividido en seis libros que ayer fue la gran estrella de la subasta fue responsable de un cambio tan revolucionario como inesperado o imparable; la ampliación del universo conocido y el replanteamiento de todo el saber existente hasta entonces.