Archivo de Público
Miércoles, 18 de Junio de 2008

Tsai Ming-liang y los enfermos del siglo XXI

La Filmoteca Española dedica un ciclo al autor de la irreverente 'El sabor de la sandía'

RUBÉN ROMERO ·18/06/2008 - 07:48h

El sabor de la sandía.

Es como el chiste: uno piensa que todos los chinos son iguales. Será porque no nació en China, ni en Taiwán, sino en Malasia en 1957, pero Tsai Ming-liang tiene bastante más en común con un Baz
Luhrman de Moulin Rouge! que con sus compatriotas Chen Kaige o Zhang Yimou y sus historias de capa y catana.

Los estudios de cine le sitúan dentro del grupo generacional de la Nueva Ola taiwanesa, los nuevos realizadores que, a partir de los ochenta, una vez caída la dictadura, se pusieron a contar el precio que para el ser humano tiene un crecimiento económico e industrial galopante.

En The Hole (1998), Taipei es arrasada por una plaga que no es difícil identificar con el capitalismo salvaje; en The Skywalk is Gone (2002), el protagonista asiste atónito a cómo los edificios de su ciudad aparecen por arte de magia y de especulación; en ¿Qué hora es? (2001), un hombre se autoimpone el deber de que todos los relojes de su ciudad tengan la hora parisina, reflejo de la esquizofrenia taiwanesa de vivir en una doble sensibilidad oriental/occidental.

Sin embargo, lo que hace diferente su cine, que huye de la narración lineal y desprecia los diálogos, es su peculiar sentido estético, siempre bordeando el tono kitsch, siempre demasiado exhibicionista para la mentalidad oriental (la alegre masturbación, sandía mediante, en El sabor de la sandía, de 2005) y, sobre todo, su capacidad para retratar el nihilismo adolescente.

Rebeldes del Dios Neón (1992) sigue siendo la Biblia de esa Nueva Generación Perdida que nos ha tocado vivir: jóvenes con unas existencias tan planas y monocordes como la artificial luz fluorescente que ilumina sus oscuras existencias.