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Martes, 17 de Junio de 2008

Cómo perder unas elecciones ganando votos

JOSÉ LUIS DE ZÁRRAGA * ·17/06/2008 - 07:31h

El Partido Popular celebra un congreso crítico dentro de unos días. Una referencia esencial de sus deliberaciones deberían ser los resultados obtenidos por el partido en las elecciones del 9-M. Es oportuno, por tanto, analizar para los lectores de Público esos resultados.

En Catalunya, pese a su impresión de fracaso, el PP sólo ha perdido el 2,5% del apoyo de 2004

El PP perdió las elecciones, porque quedó 700.000 votos (1) y 3,5 puntos porcentuales por debajo del Partido Socialista y con ello Zapatero sigue gobernando y Rajoy en la oposición. Pero se puede perder de muchas maneras y el análisis de la derrota es esencial para valorar el resultado y extraer conclusiones de ella. El 9-M el PP perdió las elecciones ganando voto en general, y mucho voto (más del 10% de incremento respecto a 2004) en tres de las cuatro comunidades autónomas más pobladas.

Los resultados del PP –y del PSOE– en 2008 están muy polarizados territorialmente. En estas elecciones, el PP, mientras por un lado perdía más del 5% de su voto en tres comunidades (País Vasco, Asturias y Galicia), por otro, ganaba más del 10% en otras cuatro (Madrid, Murcia, Andalucía y Comunidad Valenciana).

Retroceso en Euskadi

La pérdida más severa de voto del PP se produjo en el País Vasco, donde disminuyó en un 11% respecto a 2004. Sin embargo, frente a un PSE que arrasa en las tres circunscripciones vascas, el PP es el partido que menos pierde en términos relativos: la caída de voto del PNV es de un 27%, la de EA, de un 38% y la de Ezker Batua, de un 51%. Por otra parte, los casi 10.500 votos de UPyD –que posicionalmente son intercambiables con los del PP en el País Vasco– compensan una parte de los casi 26.000 votos que pierde este partido.

El discurso radical ha logrado atraer casi todo el voto conservador y nacionalista español

En otras cuatro comunidades –Galicia, Asturias, Cantabria y Baleares– pierde el PP entre el 3 y el 5% de su voto de 2004. Son pérdidas relativamente moderadas, que tienen consecuencias en el reparto de escaños sólo en una de las circunscripciones gallegas, la de Ourense. No varían los escaños en las tres comunidades uniprovinciales, ni en el resto de Galicia.

En Catalunya, pese a la impresión de fracaso del PP que ha producido el espectacular resultado del PSC, los populares sólo han perdido el 2,5% de su voto de 2004. Un retroceso muy escaso tras la legislatura de la oposición al Estatut, en la que el discurso popular ha sonado muy anticatalanista. Hay que pensar que, en la estrategia del PP, las pérdidas en Catalunya estaban descontadas, compensadas con los réditos electorales que se esperaba que produjeran en la mayoría de las restantes comunidades. Por otra parte, la circunscripción catalana menos nacionalista (Tarragona) se aparta de la pauta y en ella el PP gana más de un 2% de votos. Y en las dos circunscripciones catalanas en las que el PP pierde más voto, Lleida (donde baja el 6%) y Barcelona (baja el 3%), pese a ello gana un escaño en cada una. En conjunto, el PP gana dos escaños en Catalunya.

Fuera de estas comunidades sólo en una circunscripción, la de Las Palmas, pierde el PP más del 3% de su voto. En la provincia canaria baja un 4%, salpicado por las denuncias de corrupción que cuestan a Coalición Canaria el 66% de su voto, frente a un PSOE que obtiene aquí uno de sus mejores resultados. En el conjunto de la comunidad, el PP compensa los votos que pierde en Las Palmas con los que gana en Tenerife (13% más que en 2004). La agregación de las dos circunscripciones le deja con un saldo favorable de 9.000 votos respecto a 2004.

Con la distribución actual del electorado, la polarización favorece al PSOE

En Castilla y León y Extremadura el PP pierde el 1% de su voto, pero en ambas comunidades baja el número de electores en parecida o mayor proporción. En realidad, por tanto, mantiene en ambas su clientela electoral íntegra. Lo mismo sucede en Aragón, donde la pérdida de voto es mínima (0,2%), menor que la pérdida de electores que sufre la comunidad. Y hay que observar, además, que en la principal circunscripción aragonesa, la de Zaragoza, no pierde voto, sino que gana casi un 1%. En La Rioja no se mueve tampoco el voto del PP, porque gana algo de voto (cerca del 1%), pero en proporción parecida al incremento de electores.

Los graneros del PP

Las comunidades en las que el PP gana voto en proporción elevada (entre el 9% y el 14% de incremento) son solo cinco, pero ellas solas suman casi la mitad del electorado. Entre ellas están, por un lado, dos de las tres comunidades gobernadas por los socialistas desde hace más tiempo, Castilla-La Mancha y Andalucía, y por otro, los tres principales graneros de voto del PP, donde gobierna también desde hace tiempo: Madrid, Murcia y la Comunidad Valenciana.

La estrategia electoral del PP puede haber aspirado a: (1) minimizar las pérdidas en Catalunya y País Vasco –donde el impacto de su política a lo largo de la legislatura sólo podía tener efectos negativos–; (2) ganar voto, a costa de los socialistas, en las comunidades del centro y el sur –las más receptivas a un discurso nacionalista español–, Andalucía, Extremadura y las dos Castillas; (3) aumentar el alto nivel de voto propio en Madrid, Comunidad Valenciana y Murcia y (4) mantener posiciones en las demás comunidades periféricas e insulares. Los cuatro eran objetivos electorales obvios para el PP, en las condiciones en que se había desarrollado la legislatura. Si se alcanzaban, superaría al PSOE y se acercaría a la mayoría absoluta, aunque era difícil que pudiera alcanzarla, y eso debían asumirlo los estrategas del PP.

Al final, el PP logró minimizar pérdidas en Catalunya, pero no en el País Vasco; ganó voto socialista en Andalucía y Castilla-La Mancha, aunque no en Extremadura y Castilla y León; aumentó mucho su propio voto en Madrid, Comunidad Valenciana y Murcia y fracasó en mantener su voto en la mayoría de las demás comunidades periféricas e insulares. Salvo en este último objetivo, el balance de su estrategia es bastante bueno. Si no logró su objetivo último –superar al PSOE– no es tanto por sus fracasos, que apenas tuvieron consecuencias en escaños, como por los éxitos socialistas.

Pese a alcanzar sus principales objetivos electorales, el resultado negativo es efecto de una estrategia política equivocada. El discurso radical del PP ha logrado atraer casi todo el voto conservador y nacionalista español; pero, por rechazo, ha concentrado en torno al PSOE todo el voto que Zapatero necesitaba para compensar el voto propio que perdía. Tal como está distribuido el electorado español actualmente, la polarización favorece al PSOE. Y, con su estrategia política, el PP logró una polarización extrema, mayor que nunca. Y por eso, pese a ganar más votos que nadie, perdió.

*JOSÉ LUIS DE ZÁRRAGA es sociólogo