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Lunes, 16 de Junio de 2008

Croacia deja sin ánimo a Polonia

POLONIA 0 - CROACIA 1. Los croatas ya están en cuartos donde se las verán con Turquía el día 20. De no ser por Boruc, el portero polaco, la goleada habría sido escandalosa

ALFREDO VARONA ·16/06/2008 - 22:18h

Boruc presentó la renuncia frente a la invasión croata. Salió el equipo B, pero podría ser el A. Sigue mostrando a futbolistas de fábula caso de Rakitic, Klasnic o Pranjic, el lateral zurdo más impactante del campeonato. Ha nacido para esto Pranjic por la zancada, el estilo y la capacidad para correr los metros que hagan falta con la pelota. Luego, está la facilidad con la que razona en área, espacio donde los futbolistas suben y bajan de precio en décimas de segundo. A Wasilewski, el lateral polaco, le dio la noche por fútbol y velocidad. Fueron dos mundos, norte y sur. Debe ser genética.

En realidad, Polonia está a mil leguas de Croacia. De no ser por Boruc hubiese salido con azotes hasta en los calzoncillos. Pero ese portero es un lince en el uno contra uno. Hasta cuatro veces lo tuvieron condenado los croatas en la primera parte. Otro hubiese pasado directamente a la horca, pero Boruc se enchufó a lo imposible. Atención a este detalle: ni una sola vez rebotó el balón en su cuerpo como les pasa tantas veces a los porteros. Fue el brazo o el pie del portero el que se estiró al sitio exacto para desesperar a toda la gente que pasó por allí. Primero, el valiente Klasnic, un orgullo para el fútbol y para la vida tras superar dos trasplantes de riñón. Luego, Rakitic. Y, finalmente, fue Leko el que se dio una vueltecita. La respuesta no cambió. Enfrente no había portero. Había una pared.

Era imposible

Como mínimo, Polonia necesitaba dos goles. Algo materialmente imposible. Para los polacos el balón representa una esperanza, no una idea. Dependen de una ocurrencia, de que al defensa rival le dé un ataque de tos o de que Guerreiro encienda la luz. Su zurda es el máximo recurso en un equipo que se mueve a golpes como las tribús indias. Sobre todo en días como el de ayer en el que el mediocentro Lewandowki fue un desastre. Él, que es futbolista potable, parecía atacado por la fiebre amarilla. Ni un sólo pase al sitio que pretendía. Eso también es difícil.

Con los croatas el balón siempre está bien cuidado. Va pegado a la hierba, que es lo suyo, y cuando se aproxima al área lo hace con mala intención. En el transcurso es posible que a alguno se le ocurra una obra de arte. Por ejemplo, en el gol de Klasnic que demostró que Boruc es humano, como nosotros. El gol fue bellísimo por preparación y ejecución. Pero sobre todo por la suavidad con la que Klasnic acompañó ese balón. No hace falta pegar a la pelota con los ojos encendidos, llenos de rabia, para marcar. Seguro que a alguno de esos delanteros polacos, que se ganan la vida en la soledad, le costaría entenderlo. Zahorski, por ejemplo.