Archivo de Público
Lunes, 16 de Junio de 2008

Territorio Guaje

El destape de Villa ha sacado del anonimato a Tuilla, su pueblo natal

RAMIRO VAREA ·16/06/2008 - 21:49h


Llueve con fuerza en Tuilla, a sólo cinco kilómetros de Langreo, en el corazón de Asturias. El valle minero está en silencio, como casi siempre. "Esto es muy tranquilo, demasiado", susurra un anciano en el andén del tren que une el pueblo con Gijón y Oviedo. Las calles, mojadas y llenas de charcos, están casi vacías. Se ve a poca gente por este lugar de 1.100 habitantes, enquistado en pleno valle del Nalón.

El pasado sábado, sin embargo, el panorama era muy distinto. Los vecinos de Tuilla estaban nerviosos, inquietos, eufóricos. No era para menos. Su guaje (niño, en bable) más famoso acababa de marcar un golazo a Suecia de forma épica, con el tiempo ya vencido, y metía a España en los cuartos de final de la Eurocopa. Porque en Tuilla, David Villa es antes el hijo de Mel, el minero, que el 7 de España. El chaval que, desde pequeñito, recorría las calles del pueblo con un balón cosido a los pies. "David es un luchador. Siempre le veías en la escuela jugando al fútbol. Y ahí lo tienes ahora, que es el número uno", cuenta con orgullo Maruja, una jubilada.

"Sé que en diez o doce años volveré para quedarme", asegura el ‘7’

La mujer recuerda a Villa como un niño "normal y corriente, un encanto de chico que soñaba con ser futbolista". Y se muestra convencida de que el goleador se ha convertido en lo que es hoy, gracias al esfuerzo y las ganas de Mel: "Le influyó muchísimo. Le acompañaba a todos los partidos, le animaba en los momentos más duros, le aconsejaba...".

 Todos se conocen

Lo relata mientras compra algo de fruta precisamente en la misma puerta de la casa de los padres del futbolista, que estos días están en Innsbruck (Austria), acompañando a su hijo en la concentración de la selección española. En Tuilla, todos se conocen. Y no digamos en La Barriada, donde se crió el goleador que estos días maravilla a Europa. La vista desde esta zona es muy minera, muy del norte: en lo más alto del pueblo, emergen bloques y bloques de edificios grises y modestos, en su mayoría ocupados por jubilados y prejubilados que trabajaban en las minas, hoy ya cerradas. Y Villa, en cuanto puede, se escapa a estar con su gente. "Sé que en diez o doce años, como mucho, volveré para quedarme a vivir", ha manifestado en alguna ocasión a su entorno más cercano.

Porque en Tuilla, David se transmuta de futbolista a vecino. "La fama no le ha cambiado. Es un chico majísimo, humilde. Y él en Tuilla es feliz", afirma una mujer que vive cerca de la casa de su familia. Otra joven, Esther, asegura que conoce a los Villa "de toda la vida". De hecho, las dos hermanas del crack viven en la localidad, aunque a ellas no les gusta aparecer en la prensa. Les abruma la fama de su hermano y se afanan estos días en llevar una vida normal, alejadas de las cámaras y las fotografías.

 El vecino más popular

David Villa está en boca de todos sus vecinos. Sonríen cuando hablan de "su" guaje. "Nadie le ha regalado nada, ¿eh? Que se lo ha currado como el que más", comenta junto a la carretera uno de los clientes del Carly, sede de la Asociación Deportiva David Villa-El Guaje.

Al hombre, razón no le falta. Los inicios del futbolista no fueron fáciles. El Oviedo no quiso ficharle y recayó en el Sporting B. Allí sufrió una gravísima lesión de fémur que a punto estuvo de apartarle para siempre del fútbol. Tras superarla, empezó a dar sentido a la zurda, su pierna mala. De ahí, ascendió al primer equipo. Hasta que el Zaragoza lo fichó y dio el salto a Primera. Después llegó el Valencia, la Selección... y los éxitos.

"La fama no le ha cambiado. Es un chico humilde", dice una vecina

El bar Carly es un auténtico santuario dedicado a David Villa. Hay fotografías dedicadas, pósters, carteles gigantes, camisetas, bufandas, mecheros... Las botas rojas con las que marcó el gol a Francia en los octavos de final del Mundial de Alemania aparecen en un sitio privilegiado. "Aquí somos villistas. Vamos con David a muerte y le acompañaremos allá donde vaya", responde Carlos San Miguel, dueño de este bar-confitería dedicado al héroe.

Carlos sólo tiene palabras de agradecimiento para el goleador, buen amigo suyo desde hace cuatro años, cuando puso en marcha esta peña. Cree que "el Guaje no ha cambiado". "Aunque echa de menos la intimidad. Le gustaría pasar más desapercibido", añade. "Le dije justo antes de irse a Austria que se iba a salir, que ésta iba a ser su Eurocopa. Y David se rió", comenta Carlos, quien se muestra absolutamente seguro de que España va a llegar a la final.