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Viernes, 2 de Noviembre de 2007

El Espanyol se queda seco ante un sólido Murcia

Los blanquiazules fallan en su asalto a la zona que da acceso a la ‘Champions’

ALBERT MARTÍN VIDAL ·02/11/2007 - 00:02h

El defensa del RCD Espanyol, Marc Torrejón (d), intenta cortar el avance del delantero del Murcia, Baiano. EFE

De Cieza (Murcia) tenía que ser José Antonio Camacho. El que fuera feroz entrenador del Espanyol, el único en una década que consiguió tener al equipo blanquiazul en zona Champions transcurridas diez jornadas, vio ayer cómo el equipo de su tierra evitaba que Valverde le igualara.

El empate que arrancó el Murcia de Montjuïc le consolida en la zona media, a costa de unos locales que se quedan, de momento, sin glamour europeo.

El Espanyol navega en un mar de paradojas. Tiene la rara habilidad de doblegar a los equipos grandes y de flaquear contra los humildes. Contra los primeros, los que reclaman como propio el balón y la zona ancha, se convierte en un equipo mortífero al contraataque. Contra los más modestos, sufre para encontrar huecos, se desespera, y acaba por recordar a su afición que a pesar de todo, sigue siendo el melancólico y sufrido Espanyol de siempre.

El equipo de Ernesto Valverde decepcionó en la primera mitad, en que apenas gozó de dos ocasiones de peligro. Era el de ayer el primer partido de la temporada en que el técnico espanyolista podía situar en la sala de máquinas de su formidable línea de ataque a Iván de la Peña. Pocas veces ha podido gozar el Espanyol de cinco jugadores tan capaces a la hora de martillear a las defensas rivales: esperando al cántabro estaban Valdo, Luis García, Tamudo y Riera.

Sin embargo, enfrente estaba un Murcia que conoce perfectamente las virtudes de la casta. Bastaba con ver a toda una vedette como Iván Alonso defendiendo como si en vez de delantero fuera Materazzi para comprender que en ese equipo juega Pablo García. El uruguayo, que sigue marcando el terreno con sus gritos, sus codos y su sudor, volvió a demostrar que a pesar de su torpeza, algo de la sangre del mítico Obdulio Varela corre por sus venas. Su tarea, junto con la del terrorífico Ochoa, bastó para anular el ataque blanquiazul en el primer tiempo.

No cambiaron las cosas en el segundo acto. Un trallazo de Chica al larguero y un remate de Arzo tras un córner fueron las únicas ocasiones de peligro. Pese a que el Espanyol arrinconó aún más al Murcia, el juego se espesó aún más y los pelotazos arruinaron el partido.

Con el empate, Valverde obtuvo ayer la enésima confirmación de que un equipo no puede ser grande si lo fía todo al contragolpe.