Archivo de Público
Jueves, 1 de Noviembre de 2007

Las tumbas sin nombre

Unas 400 personas que mueren solas o sin recursos son enterradas por el Ayuntamiento de Madrid. Ayer nadie los visitó.

MARTA HUALDE ·01/11/2007 - 22:11h

Los nichos sin nombre del cementerio sur. MARTA JARA.

Tienen nombre, pero no figura en sus lápidas. Sólo un número les diferencia. Parecen presos. Su cárcel: la sección 22 del Cementerio Sur, en Carabanchel (Madrid).

A lo largo de varios pasillos con diferentes letras, yacen sus cuerpos en nichos austeros, sin decoración, con pocas flores, la mayoría de tela, viejas y polvorientas. Sólo les protege una tapa de poliuretano y otra de mármol. Algunos, muy pocos, descansan en tumbas.

Han sido enterrados por beneficencia o caridad. Allí van a parar los cuerpos de personas sin hogar, de familias sin recursos o los que nadie reclama. Madrid se echó ayer, día de los Difuntos, a los cementerios: 500.000 madrileños visitaron los 22 camposantos, pero la sección 22 del Cementerio Sur estaba desierta.

Apenas son 2.000 de las 200.000 tumbas que hay en las 87 hectáreas de este cementerio. Sus nichos salpican la zona más alejada de la entrada principal. Como en el mundo de los vivos, en el de los muertos, también hay clases. Los pasillos B, F y G del sector 22 huelen a semiabandono.

Los jardines están más secos, la hojarasca se acumula con más asiduidad y los muros en los que se incrustan sus nichos parecen de peor calidad.

Decoración manual

Algunos se empeñan en vano por evitarlo: nombres pintados a mano en las lápidas, una cruz improvisada con cinta aislante negra, estampas de la Virgen pegadas con celofán, una placa de madera con un nombre tallado en colores o flores en un tarro de cristal con agua alegran las tumbas de los olvidados.

Una hoja, escrita a máquina, desgarra al leerla: "Llegamos unidos porque éramos los dos en uno solo. Desde que nos separaron el 29 de diciembre, sabía que te llevaría en brazos, pero ahora que me voy sin ti, me siento vacía y partida en dos... Han sido seis meses en los que me has hecho la madre más feliz del mundo". Bajo la carta, pegada en una lápida en blanco, sólo un nombre a bolígrafo: Inocencio Abale Mokuy.

En la misma parcela de los sin nombre, también hay nichos normales. Los familiares de estos fallecidos lamentan el abandono de esas tumbas. Yolanda Correa, de 36 años, ayer fue allí a visitar la tumba de sus padres.

No sabe que sus familiares comparten área con los no reclamados. "Quizás no decoren las lápidas porque como ya están muertos, a lo mejor no le dan importancia", dice.

Jenaro, de 72 años, también tiene su teoría: "Deben ser gente mayor, que no tiene familia. Yo intenté comprar un nicho concreto para mi mujer y no pude, estaba ocupado aunque en la lápida no ponía nada".

Alquiló el que estaba encima. Ahora espera a que se quede vacío el que él quería para comprarlo. Los nichos son temporales durante 10 años (753 euros). A partir de entonces, se pueden comprar durante 99 años (1.200 euros).

Entierros de beneficiencia

Las tumbas sin nombre del sector 22 han sido reservadas por el Ayuntamiento de Madrid. Es lo que se llaman los entierros de beneficencia. Paga 1.400 euros del entierro y se realizan unos 400 al año. Para conseguir que sea el consistorio quien financie el funeral hay que justificar la insolvencia. Para estos entierros o incineraciones, las familias deben presentar un certificado negativo de Hacienda que acredite la falta de recursos, según explica el director del Cementerio Sur, Gabino Abanades.

Cuando se trata de cadáveres con identidad desconocida, suele ser la policía la encargada de averiguar el nombre del fallecido. Si se descubre, una vez enterrado, se incluye en el registro de inhumaciones. Pero a veces no llega a descubrirse el nombre. Ocurre con tres muertos al año. Sus lápidas quedan en blanco.

Derroche para los muertos

Frente al silencio del sector 22, constrasta el jaleo de una multitudinaria familia gitana. Frente a la austeridad de los sin nombre, la opulencia. Tumbas recargadas de mármol, elementos decorativos bañados en oro y plata, nombres incrustados en las lápidas o en relieve, fotografías de los muertos, palomas blancas aladas, figuras religiosas, columnas salomónicas, altares.

Y ayer, 1 de noviembre, una cama de flores de mil colores y clases, en panteones familiares. Cabe una infinidad de celebraciones de este día: lágrimas de los que perdieron a un familiar o amigo hace poco tiempo, el recogimiento y la visita solitaria al cementerio o vivir la tristeza en familia acompañando el alma de muerto.

Clanes enteros pasaron ayer horas en el cementerio Sur. Comieron allí, inundaron las tumbas con flores, charlaron y vieron cómo sus hijos jugaban entre los muertos sin enterarse.

A pocos metros de allí, en el silencio del 22, una figura solitaria: una anciana, vestida de negro riguroso, coloca un clavel en el suelo de uno de los nichos sin nombre. Su florero: un ladrillo. No quiere hablar. Sólo rezar a su ser querido.

Visitas

Se prevé que un millón de personas visiten los 22 cementerios de Madrid entre ayer y hoy, con motivo de la celebración de la festividad de Todos los Santos y del Día de Difuntos.

Flores

Los puestos ambulantes de flores a la entrada de los cementerios recaudan una media de 700 euros al día. La docena de rosas cuesta hasta 40 euros, mientras doce claveles salen por 6 euros. Cuando se secan, se retiran. El año pasado, sólo del cementerio de La Almudena, salieron 30 camiones.

Trece rosas

En el de la Almudena, cubierta de rosas y la bandera tricolor de la II República, está la pared de ladrillo en la que fusilaron a un grupo de jóvenes defensoras del bando republicano.