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Domingo, 15 de Junio de 2008

¿Tan buenos son Radiohead?

 

 

VÍCTOR LENORE ·15/06/2008 - 00:00h

VÍCTOR LENORE - Los de Oxford, en pleno concierto.

El concierto rock más comentado de la semana ha sido el Daydream Festival. Desde los diarios nacionales hasta los blogs más modestos parece haber unanimidad en que asistimos a una noche mágica. ¿Es para tanto? Desde luego no procede la palabra perfecto. Pocos arranques de un macroconcierto sonaban tan desangelados como el de los de Oxford. En parte por la escasa potencia de volumen, que luego se fue subsanando. Tampoco ayudó lo ensimismado de muchas canciones de In Rainbows. La sensación en el primer tercio del show es que podríamos haber estado viendo un gigantesco DVD. O mejor: un clip de youtube, ya que las pantallas a ambos lados del escenario eran muy pequeñas y no tenían la suficiente altura para dar visibilidad al público de las últimas filas.

Hubo una época, no muy lejana, en la que Radiohead insistían en alquilar recintos como el Teatro Tívolí de Barcelona o el Kursaal de San Sebastián para que se apreciasen todos los matices de su repertorio. Hoy parece que el perfeccionismo se ha evaporado: presentan su disco más sutil e hipnótico en una explanada poco apta para texturas y detalles. ¿Resultado? Ofrecieron un concierto de estadio en el que se negaron a tocar sus grandes éxitos de estadio. No es sólo que faltara Creep, sino que tampoco hubo piezas mayores como Fake plastic trees, No surprises o Let down. Los Radiohead de 2008 atraviesan su etapa hipnótica y eso amuerma la visceralidad del escaso material antiguo que interpretan. Planet Telex y The Bends exigen desgarro y sonaron inofensivas. La cima de la noche fueron canciones de Kid A (Idioteque o Everything in its right place), que estuvieron a la altura de sus versiones grabadas.

El experimento fallido fue la apropiación de sus piezas por el Ensemble Nacional de España de Música Contemporánea. A ratos recordaban a esos discos kistch de los Beatles tocados por orquestas. En algún momento sí crearon texturas desafiantes, pero en la mayoría sonaron tremendamente previsibles.