Archivo de Público
Sábado, 14 de Junio de 2008

De la España de Landa a la del ‘guaje’ Villa

CONTRACRÓNICA. Toreros y vikingos rivalizaron en Innsbruck y en las gradas del estadio.

LADISLAO JAVIER MOÑINO ·14/06/2008 - 22:00h

"España ama a Suecia”, rezaba una pancarta. Y España engendró una expresión, hacerse el sueco, de los tiempos del landismo y de los camareros latinos expoliados por las suecas playeras. El inglés no estaba extendido por la piel de toro, y lo suecos, como caricaturiza Top Secret, hablan hacia adentro.

Así que vikingos e íberos se fundieron por los lazos del exotismo. Linguísticamente, no se entendían, de ahí la expresión, sinónima de hacerse el longui. Muchos de esos trabajadores de barra y fuego de lecho se fueron allí y les colocaron el anillo. Algunos se divorciaron y regresaron por depresión, imantados por lo que atrajo a sus ex: el sol.

El Tivoli Stadion esta vez no ofrecía una división clara entre los colores rojos y amarillos. En las tribunas laterales se mezclaban ambos colores. La reventa, que tiene tantas banderas como aficionados, la hace enriquecerse e hizo posible que se compusiera esa ficticia bandera rojigualda. Pero también había parejas y familias fruto de aquéllos de frenesí costero. La madre, vestida de amarillo, el padre, de rojo.

Los niños, también divididos. Empate técnico. Hasta que Villa alcanzó aquel pelotazo imposible de Capdevila. Quebró a Hansson y mandó el balón a un rincón de Isaksson. Villa salió gritando gol. Vocalizándolo hacia afuera. Al revés, si hubiera sido Larsson, se lo hubiera tragado, por aquello de pronunciar en dirección a la tráquea. El padre de familia también lo gritó hacia afuera.