Archivo de Público
Sábado, 14 de Junio de 2008

Campillo da el 'sí consiento'

Los enlaces gays y heterosexuales son el motor de la economía de una comarca de Guadalajara

PATRICIA RAFAEL ·14/06/2008 - 20:50h

Lo que empezó como un acto de reivindicación ha terminado por convertirse en la rehabilitación y recuperación de la comarca". Francisco Maroto, alcalde socialista de Campillo de las Ranas (Guadalajara) resume con estas palabras el espíritu del negocio de la zona: las bodas.

La comarca, integrada en la zona turística de la arquitectura negra de Guadalajara, saltó a los medios de comunicación cuando fueron aprobadas las uniones entre personas del mismo sexo. Su alcalde aseguró entonces que casaría a todo el que se lo pidiera. Seis años después, y tras más de un centenar de enlaces oficiados, ahora le tocaba al alcalde Maroto ser el protagonista de su propia reivindicación.

Tras más de 14 años de convivencia, el alcalde, y su pareja Enrique Rodríguez, juez de paz de la comarca, contrajeron ayer matrimonio, en una ceremonia, a la que acudió prácticamente todo el pueblo. El regidor, al "sí consiento" agregó parte de una canción del grupo Amaral: "Sin ti no soy nada...". El tararero musical fue el colofón y vino después de la entrega de los anillos.

Campillo de Ranas tiene 50 habitantes censados y cerca de 125 entre los siete pueblos de la comarca. A la boda del regidor y el juez de paz no faltaron los vecinos de toda la vida, ni los amigos de fuera. No faltó la música rociera, con Ave María incluido, y los pétalos y el arroz al término de la ceremonia nupcial.

Su enlace es uno de los tantos que se celebran en la zona a la llegada de la primavera. El entorno, la arquitectura singular de la zona, y sobre todo, su cercanía de Madrid (a poco más de una hora en coche) ha hecho que más y más parejas elijan la zona para celebrar sus matrimonios, y de paso revitalizar una zona que cada vez más y más vive del turismo rural.

"Cuando se aprobó la ley me vi en la obligación de apoyar a (José Luis Rodríguez) Zapatero", indica Maroto. Los matrimonios homosexuales se iban sucediendo, pero no sólo. El boca oreja de los que acudían a las ceremonias, se convirtió en la mejor publicidad. Y así hasta llegar a 2008, cuando desde el pasado abril hasta el próximo noviembre todos los fines de semana hay una boda en el pueblo, donde permanentemente no viven más de 50 personas.

Incluso un coro rociero

La primera teniente de alcalde, Pilar Peinado, ganadera y nacida en el pueblo hace 51 años, fue la encargada de oficiar la boda, en la que no faltó ni un coro rociero por el origen sevillano de la madre de Francisco. "El Ayuntamiento es muy pobre así que son los propios vecinos y todos los que vienen de fuera los que lo mantienen", indica. Con 14 años, se tuvo que marchar del pueblo, pero a los 29 volvió de nuevo, con su marido, y ya para quedarse. "Y de aquí no me muevo", puntualiza.

No es la única que volvió, o que llegó, se enamoró de la zona y decidió establecerse. Ana Visa, casada y con dos hijos de diez y ocho años, conocía desde hace años la comarca. Hace dos, decidió quedarse a vivir con su familia. "Nos gustaba el entorno para criar a los niños y aunque algunos nos tomaron por locos, al final es cuestión de prioridades", matiza y lo clarifica con un ejemplo: "Aquí el hospital está a 70 kilómetros, pero cuando alguna vez se han puesto malos los niños, llamo y en cuanto llego los atiende; cuando vivíamos en Madrid, una vez nos tocó esperar tres hora en el hospital Niños Jesús a que los atendieran".