Archivo de Público
Sábado, 14 de Junio de 2008

Una propina de 500 euros por tocar la guitarra

La mafia rusa vivía en Marbella y Palma entre la ostentación y la discreción.


A. L. MILLÁN / K. FERNÁNDEZ ·14/06/2008 - 19:12h

“Los rusos no miran los precios. Hace unos días vendí a unos una chaqueta de 700 euros y ni preguntaron lo que costaba”, aseguraba ayer una dependienta de una de las tiendas de lujo del Puerto Portals (Calviá), zona cercana a la residencia de Gennadios Petrov, el supuesto jefe de la mafia rusa detenido en la urbanización Sol de Mallorca.

El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón prorrogó ayer la detención de Petrov, al que la Fiscalía Anticorrupción considera “dirigente cualificado” de una de las mafias rusas más importantes del mundo.

Petrov vivía en Mallorca, donde inmobiliarias de lujo como Kühn & Partner ya venden tanto a alemanes como a rusos. Muy cerca del Puerto Portals se encuentra el término de Bendinat, “la milla de oro” mallorquina. En esa zona  se está construyendo un chalet que llama la atención por el mármol que le reviste. “Dicen que es para un ruso. La reforma que está haciendo puede costar unos tres millones de euros”, comentaba un mallorquín. Otra inmobiliaria de la zona va a incluir el ruso en sus promociones.

Y en Engel & Völkers, la empresa que vendió a un ruso el chalet de Claudia Schiffer en Andratx por unos 12 millones de euros, la lengua de Moscú se incluye ya entre los cuatro idiomas de su web, junto al español, inglés y alemán. Los mafiosos hacían además  ostentación de su poder entre los ciudadanos de Palma. “Por tocar el concierto de Aranjuez me dieron 500 euros, la mayor propina de mi vida”, explicaba un músico que actúa en fiestas privadas de gente de alto poder adquisitivos.

De los rusos le sorprendía sus medidas de seguridad y las chicas que les acompañaban, “muy jóvenes y esculturales”. Sin sorpresas en MarbellaEn Marbella, la notable presencia que tenía la red mafiosa rusa no ha causado ni conmoción ni sorpresa. En parte porque este rincón vive ya acostumbrado a la delincuencia a gran escala. Y en parte porque era un comentario extendido el hecho de que algunas urbanizaciones suponían un extraordinario escondite para algunos.

"Lo he oído por la radio y he pensado lo fácil que es esconderse aquí" 

Un ejemplo: en una calle sin salida se levanta El Castillo de la Paz. Desde este chalé, vigilado por dos empresas de seguridad, se dirigían operaciones de la trama.  Los vecinos de las casas que la flanquean no contestan al portero electrónico. Unos metros más arriba, un jardinero que trabaja en esta urbanización, llamada Rocío de Nagüeles, cuenta que en estos laberintos de pequeñas calles “hay muchos extranjeros” de los que no se sabe ni de dónde vienen ni adónde van .“Todos sabíamos a lo que algunos se dedicaban por aquí”, admite, guardando el anonimato.

Los españoles comparten aceras con italianos, alemanes, británicos y, cada vez más, con ciudadanos de la antigua Unión Soviética. Un vecino inglés cuenta que “hay varios grupos de rusos” en la urbanización. Al preguntarle por su forma de vida responde que “de los rusos no…”. Y hace un gesto como cerrando una cremallera entre sus labios. Un individuo que pasea en moto explica que “en estas calles nadie se conoce”.

En la misma línea se manifiesta Vanesa, que conduce junto a su pareja un lujoso todoterreno. Ambos llevan viviendo ocho años en una urbanización de la zona y no tienen relación con los vecinos.

Los mafiosos también vivieron hace algún tiempo en La Reserva de Marbella. Las casas suelen estar vacías gran parte del año. “Esta mañana he escuchado lo de los mafiosos por la radio y he pensado lo fácil que es esconderse en urbanizaciones como ésta”, señalaba un turista. Su ubicación geográfica, su clima y las enormes cantidades de dinero que se mueven en la compra-venta de lujosos inmuebles hacen que la Costa del Sol sea un lugar idóneo para encontrar un cómodo refugio.

Eso sí, la crisis tampoco aquí pasa desapercibida. Entre mansiones con ostentosas esculturas cada vez son más las que se encuentran a medio terminar, o deteriorándose mientras esperan comprador.