Archivo de Público
Domingo, 15 de Junio de 2008

"Antes era España se rompe, ahora es España se hunde"

A tres semanas del 37 Congreso, expresa su disposición a seguir en el cargo

GONZALO LÓPEZ ALBA ·15/06/2008 - 16:09h

José Blanco, secretario de organización del PSOE. EFE

Cuando en el año 2000 se incorporó a la aventura de Nueva Vía, apenas conocía a Zapatero. Ocho años después, acumula más poder e influencia que cualquier ministro y el presidente le ha colgado la etiqueta de “imprescindible” como su prolongación en el partido. José Blanco descree de esa categoría y asegura que “en el PSOE hay suficiente cantera de cuadros” para asumir la secretaría de Organización.

Ocho años después –que le han convertido ya en el dirigente más longevo en ese cargo–, con el convencimiento de que “hay vida más allá de la política” y el impulso vital de explorarla tras haber dedicado al partido 30 de sus 46 años, abrió una “reflexión íntima” que le conducía a “dar un paso atrás”.

El interrogante sobre su continuidad como número dos del PSOE, que ha mantenido abierto durante meses, lo despeja en Público: “Esa reflexión aún no se la he podido hacer al secretario general, pero él sí me ha transmitido con toda claridad que quiere seguir contando conmigo, y hay ámbitos donde uno ya no puede tomar decisiones personales. Es indudable que no voy a fallar a quien ha hecho posible que pudiera realizar un trabajo apasionante estos años. Estoy disponible para asumir la tarea que me pueda encomendar”.

¿Pone plazo a esa disponibilidad?

Una vez que he asimilado el deseo del secretario general, y si el congreso así lo dispone, no pongo plazos. El mandato del secretario de Organización es para cuatro años y me marco nuevos objetivos de trabajo con ilusión renovada.

Se dice que aspira a ser ministro, que ambiciona acabar su carrera como presidente de su Galicia natal... ¿Qué hay de cierto?

Honestamente, no ambiciono nada más. Jamás había pensado en llegar a tan alta responsabilidad como dirigir el PSOE, durante ocho años, desde la secretaría de Organización. Estoy muy agradecido a quien me propuso, sin prácticamente conocerme, y a los compañeros del partido que me han hecho la vida fácil y ayudado al éxito en la gestión. Mis ambiciones políticas están colmadas.

Zapatero ha dicho que quiere que el 37 congreso sea el del cambio. ¿Qué cambio puede hacer un partido que gobierna y acaba de ampliar su mayoría electoral?

La sociedad española cambia a una velocidad que a veces da vértigo. El partido que no adapte sus respuestas y estructuras al ritmo de la sociedad y a las nuevas realidades sociales, se puede quedar anquilosado. Al que no renueva el discurso cuando está en el Gobierno, le renuevan los ciudadanos enviándole a la oposición.

¿Cuál es el papel del partido en relación con el Gobierno? ¿Cree que hay que revisar el modelo?

El modelo ha funcionado razonablemente bien, aunque todo es mejorable. El partido tiene que ser un instrumento de apoyo y también de exigencia al Gobierno para que se cumpla el programa electoral. Estamos muy orgullosos del grado de cumplimiento en la pasada legislatura.

A la vista de la composición del Gobierno, ¿habrá también mayoría de mujeres en la próxima Ejecutiva?

Será paritaria, de acuerdo con nuestras estatutos. Si hay un hombre o una mujer más, es irrelevante.

¿Qué grado de presencia deben tener los miembros del Gobierno en la dirección del partido?

Hay que buscar un equilibrio razonable, como en la actual. Debe haber miembros del Gobierno, pero lo que le da sentido político a la Ejecutiva es que no sea el calco del Gobierno.

¿Y los líderes territoriales?

Los secretarios regionales tienen un órgano propio, el Consejo Territorial, y están en el máximo órgano del partido, que es el Comité Federal. Puede haber casos excepcionales, pero con carácter general no soy partidario.

El Gobierno se ha enfrentado esta semana al mayor conflicto social desde la llegada de Zapatero al poder. ¿Se acabó la paz social?

Se ha olvidado, pero en 2005 hubo una huelga del transporte que tuvo momentos de mayor dureza que los vividos hasta ahora. Hay una situación de cierto desasosiego a causa del brutal encarecimiento del petróleo, pero que condiciona la vida de las personas, y hay que buscar respuestas. El Gobierno ha dialogado para buscarlas y estoy seguro de que la sociedad valorará ese esfuerzo.

En España ha habido dos modelos ante situaciones de dificultad: los gobiernos del PP respondieron con recortes y decretazos; el del PSOE trata de preservar derechos sociales y responde no con recortes, sino con ayudas.

¿Le preocupa que ceder ante los transportistas produzca un efecto contagio a otros sectores?

No se trata de ceder. Lo que no podemos hacer es dar la espalda a una situación de dificultad que afecta al transporte, la pesca y la agricultura. El Gobierno es consciente de ello y trata, en la medida de sus competencias y posibilidades, de mitigar los problemas.

¿Por qué ese empeño en no hablar de crisis? ¿No sería más creíble llamarla por su nombre?

No voy a hacer un debate terminológico. Estamos reconociendo que hay una situación de dificultad. Algunos llaman a la crisis porque creen que así puede tener un rédito electoral. Vuelven a las andadas. Antes el discurso era “España se rompe”, y ahora es “España se hunde”. No se trata de negar ni de esconder las dificultades, pero tampoco de exagerarlas. Algunos desean que fuera peor y tengo que pedir un poco de responsabilidad.

Han pasado tres meses de las elecciones. ¿No cree que hay un déficit de presencia pública de los ministros?

Lo que creo es que tenemos que hacer un esfuerzo permanente de explicar las decisiones que se toman. Se ha creado el estado de opinión de que el Gobierno no ha tomado ninguna medida en estos tres meses, quizás porque la atención está centrada en la crisis del PP, pero se han tomado muchas y van a tener un impacto económico muy fuerte.

¿Observa alguna tentación dentro del Gobierno de utilizar la crisis como coartada para hacer recortes sociales?

Al revés. Todo lo que he oído del Gobierno, y singularmente del presidente, es que se van a incrementar las políticas sociales, de acuerdo con nuestros compromisos electorales.

La ley de ayuda a la dependencia está siendo un recorte de hecho, por su inaplicación...

El desarrollo es desigual porque su aplicación es competencia de las comunidades autónomas. Es verdad que no es razonable que en Andalucía ya haya muchos miles de personas que están percibiendo las ayudas y que en otras comunidades, como Madrid, haya un retraso considerable. El Gobierno, dentro de sus posibilidades, está presionando para acelerar su cumplimiento.

Si el Parlamento Europeo aprueba finalmente ampliar a 65 horas de la jornada laboral, ¿la directiva se aplicará en España?

No, en ningún caso. El PSOE va a liderar una ofensiva en Europa y somos razonablemente optimistas sobre la posibilidad de configurar una mayoría suficiente para bloquear esa iniciativa, que es un clarísimo paso atrás en los derechos sociales.

Coincide con la crisis económica la revisión de los sistemas de financiación autonómica y local. ¿Cómo van a lograr la cuadratura?

No sé en qué medida pueda afectar la crisis….

Habrá menos fondos a repartir…

Sí. Pero también sería así con el modelo actual. Si uno tiene la gestión de un determinado impuesto, en función de lo que recaude tendrá más o menos ingresos. Hay una voluntad decidida de acordar un nuevo modelo en este año, para que entre en vigor en 2009, y también de revisar en paralelo la financiación local.

¿No teme que esta negociación quiebre la paz interna del PSOE?

No. Siempre ha sido una negociación difícil. Alguna Comunidad socialista llevó al Tribunal Constitucional el modelo que negoció el último Gobierno de Felipe González y otras recurrieron el que negoció Aznar. Siempre se parte de puntos de vista distantes, siempre hay acuerdos y siempre hay alguna Comunidad que está menos de acuerdo con el modelo final. Creo que habrá acuerdo y que será satisfactorio para la mayoría.

Zapatero ha imprimido un giro en terrorismo, inmigración o trasvases. ¿Estamos ante rectificaciones en toda regla o lo que se llama un giro al centro?

Yo no he visto ninguna rectificación. Eso forma parte más de la leyenda que de una realidad. Hemos sostenido siempre que el Gobierno garantizaría el agua para consumo humano en todos los territorios y no creemos en los trasvases como solución. Las circunstancias que concurren en el terrorismo no son las mismas que en la anterior legislatura, y si las circunstancias han variado, las respuestas no pueden ser las mismas. Y en cuanto a la inmigración, no ha habido un Gobierno que trabajara más para que se cumpla la ley, que haya hecho más repatriaciones, más control de entrada, más cooperación con los países de origen y más política de integración, aunque la propaganda del PP, que practicó lo contrario de lo que predica, ha hecho que nos costara sacudirnos la imagen de que con los socialistas había papeles para todos.

Zapatero dijo que, tras las elecciones, pondría los puntos sobre las íes a la Iglesia católica. ¿Se han convertido en puntos suspensivos?

No. Mantenemos un diálogo que a veces no es tan fructífero como nos gustaría, a juzgar por sus reacciones exageradas, y vamos a cumplir con nuestros compromisos reformando la Ley de Libertad Religiosa para garantizar, precisamente, que la haya. Eso no debe molestar a nadie.

La crisis del PP les ha dejado prácticamente sin oposición. ¿No ha hecho eso que el Gobierno se duerma en los laureles?

No. El Gobierno está tomando decisiones y los ministros están compareciendo en el Congreso para marcar los objetivos de la legislatura de acuerdo con el programa electoral. Es verdad que todos estamos un poco pendientes de lo que pase en el PP, porque tenemos la voluntad de acordar asuntos importantes, pero hasta que pase su congreso se me antoja que será muy difícil.

¿Qué espera del congreso del PP?

Poca cosa se puede esperar de un partido que mantiene al frente a quien ha perdido dos elecciones generales consecutivas y, en medio, algunas otras. Cuando se producen esas derrotas, es normal que un partido reflexione. Lo que ya no parece tan normal es que su máximo responsable piense que eso no va con él. Rajoy es cualquier cosa menos una expectativa estimulante de futuro.

¿Es Ruiz-Gallardón la alternativa que más les puede inquietar?

Nunca se sabe lo que dará de sí alguien hasta que está en el papel. Nosotros tenemos confianza en nuestro proyecto y en nuestro liderazgo. No dependemos de lo que haga el PP.

La próxima cita electoral será seguramente en el País Vasco. ¿Puede pactar el PSOE con el PNV de Ibarretxe?

En el País Vasco tenemos la voluntad inequívoca, por primera vez en mucho tiempo, de ganar las elecciones. Si lo conseguimos, no vamos a renunciar a gobernar en Euskadi.

¿Con el PNV o con el Partido Popular?

A partir de los resultados se verá qué disposición existe entre las fuerzas políticas de favorecer un acuerdo de Gobierno y de estabilidad.

¿Espera que los comicios sean el no definitivo al ‘plan Ibarretxe’?

Ibarretxe no aprende. El suyo es un plan electoral. Ya tuvo una merma importante de la confianza ciudadana con su primer plan y ahora, con el plan Ibarretxe II, perderá apoyos doblemente. La sociedad vasca ya está harta de que permanentemente se la convoque a la confrontación y a la crispación, en lugar de al entendimiento y al diálogo.

¿El tripartito catalán condiciona un posible pacto estable con CiU en el Congreso?

No. Nuestro objetivo es alcanzar acuerdos de estabilidad, pero sin intención excluyente. Al contrario, queremos incluir al mayor número de fuerzas políticas. Estamos por sumar y no por restar.

¿Prefiere a CiU o al PNV?

Hay más opciones. La suma de ERC, Coalición Canaria y BNG también da. Es verdad que la dinámica electoral dificulta más el entendimiento con el PNV, pero tras las elecciones se volverá a la normalidad.

Zapatero está en su segundo mandato. ¿Aprecia en él síntomas del famoso ‘síndrome de La Moncloa’?

No. No digo que no pueda haber síndrome, pero desde luego el presidente no lo tiene.