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Viernes, 13 de Junio de 2008

Crisis en la Unión Europea

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE ·13/06/2008 - 21:25h

¿Por qué hay que reformar la UE? 

Fracasada la Constitución europea, el Tratado de Lisboa era el plan B que permitía reforzar las instituciones y facilitar la adopción de decisiones. Buscaba impedir que en una Europa de 27 miembros la UE quedara bloqueada por los vetos interpuestos por los Gobiernos en la defensa de sus intereses nacionales. La arquitectura del poder de la UE había quedado obsoleta tras sucesivas ampliaciones. La unanimidad y el consenso ya no eran objetivos realistas. Los nuevos miembros de Europa del Este traían consigo una experiencia histórica y unas prioridades en política exterior diferentes. No parecían dispuestos a aceptar la tutela francoalemana que es uno de los cimientos de la UE. 

¿Qué propone el Tratado de Lisboa?

El Tratado adopta un sistema de doble mayoría por el que es imprescindible contar con el apoyo del 55% de los Estados, siempre que éstos representen al menos al 65% de la población. Elimina el derecho de veto en 43 materias lo que permite acuerdos por mayoría cualificada. Todas las instituciones salen reforzadas, menos la Comisión. Crea la figura del presidente del Consejo, con un mandato de dos años y medio. Aumenta los poderes del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales. La Comisión será más operativa, pero perderá capacidad de influencia. La UE tendrá un superministro de Exteriores para hacer posible el sueño nunca realizado de contar con una política exterior común.

¿Cómo nos afecta el 'No' irlandés?

Todos los gobiernos españoles se han mostrado a favor de profundizar en la construcción de la unidad europea. Cualquier freno inesperado es por tanto contraproducente ante la falta de alternativas claras. España se ha beneficiado de los fondos de la UE, pero también ha demostrado ser un socio fiel sin enarbolar la amenaza del veto. Ahora descubre alarmada que países como Polonia adoptan una actitud muy diferente. El punto de equilibrio de la UE se desliza hacia el Este y eso no conviene a España. Puede que en el futuro la población española no adopte posiciones tan europeístas como sus dirigentes. Sobre todo, con tratados cuyos autores reconocen en voz baja que son casi ininteligibles.