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Viernes, 13 de Junio de 2008

Sarkozy tendrá que solucionar la crisis de la UE

El rechazo al Tratado altera los planes de la presidencia francesa de la UE. Exigen que siga el proceso de ratificación

ANDRÉS PÉREZ ·13/06/2008 - 21:20h

REUTERS - El bando del no celebró el resultado en Dublín.

El viernes 13 de junio de 2008, el presidente de la República Francesa, Nicolas Sarkozy, entró en la Unidad de Cuidados Intensivos, y con él, toda la Unión Europea y su complejo edificio institucional. Al conocerse los resultados del referéndum irlandés que presenta un golpe duro para la UE, Sarkozy se encontraba de visita en la unidad de tratamientos paliativos de un hospital de la ciudad de Bourges.

Sarkozy, horas antes de reunirse con el presidente de EEUU George Bush, habló de la "necesidad de una cultura del fin de la vida". Todo ello, en el momento mismo en que entraba en delirium tremens su bebé preferido, el Tratado de Lisboa que debía reformar el funcionamiento de la UE de 27 países.

La presidencia europea que Francia iniciará por seis meses el 1 de julio debía ser la de un Pacto sobre inmigración, la de una revolución climática y la de un acercamiento de las instituciones al ciudadano, todo visto como una rampa de lanzamiento que los dirigentes actuales de la UE imaginaban una vez que se había concluida la ratificación por los 27 países del Tratado de Lisboa, que entraría en vigor el 1 de enero de 2009.

Todo ese castillo de naipes se ha desmoronado ahora. "Desmoronado", fue la palabra que empleó ayer el secretario de Estado francés para Asuntos Europeos, Jean-Pierre Jouyet. El hombre, experto en las cosas de Bruselas, sabe mejor que nadie que, tras el no irlandés, los 27 Gobiernos van a entrar de nuevo en complejos tratos incomprensibles.

El primer ejemplo de ese lenguaje críptico llegó de París y Berlín dos horas después de que el anuncio del no irlandés fuera irreversible. Los dos pesos pesados históricos de la Unión habían anunciado una iniciativa conjunta y fuerte en caso de un revés irlandés, pero lo que sacaron fue la típica "declaración franco-alemana".

"El Tratado de Lisboa fue firmado por los jefes de Estado o de Gobierno de los 27 Estados miembros, y el proceso de ratificación ya está terminado en 18 países. Esperamos, pues, que los otros Estados miembros proseguirán la ratificación", reza la declaración que "lamenta" el rechazo irlandés.

"Reformas necesarias"

"Estamos convencidos de que las reformas contenidas en el Tratado de Lisboa son necesarias para hacer que Europa sea más democrática y más eficaz, y que le permitirán responder a los desafíos a los que se enfrentan los ciudadanos", añade el comunciado.

Por igual camino, se manifestó el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso, exigiendo la continuación del proceso de ratificación. El hombre, que ya era presidente en el momento del fracaso del ancestro del Tratado de Lisboa -el proyecto de Constitución de Giscard-, no deparó en un detalle, detalle que ya jugó también en 2005.

Si se respeta la legalidad en vigor, basta con que un sólo país de los 27 vote no, para que el Tratado sea ya nulo de derecho, puesto que no puede entrar en vigor. Es algo que reconoció anteayer el propio primer ministro francés, François Fillon. Y respetar la legalidad en vigor es, en principio, la base de una estructura democrática como la que París y Berlín dicen querer crear.