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Viernes, 13 de Junio de 2008

¿Y ahora qué, vieja Europa?

Bruselas ha puesto en marcha toda la maquinaria para negar que los resultados en Irlanda sobre el Tratado de Lisboa vayan a sumir a la Unión Europea en la crisis. Las opciones al 'no' son pocas y pueden cambiar para siempre el sistema de toma de decisiones en la Unión

Irlanda dice 'No' a Europa

La Europa que no renuncia a perder sus costumbres democráticas , por Iñigo Sáenz de Ugarte

DANIEL DEL PINO ·13/06/2008 - 20:13h

Sí a pesar del no. En una especie de proceso de negación de la realidad, la Unión Europea no cree determinante el resultado del referéndum en Irlanda sobre el Tratado de Lisboa. Porque la decisión de uno no puede afectar a la de todos, porque Europa no está preparada para un nuevo frenazo institucional o porque el Gobierno irlandés ya había firmado el Tratado el pasado 13 de diciembre en Lisboa.

Da igual la explicación que le quieran dar desde Bruselas, pero este viernes, como ya pasara en 2005 en Francia y Holanda, los ciudadanos han votado ‘no' a la propuesta de Europa que las instituciones comunitarias quieren. Con el 100% de los votos escrutados, un 53,4% de los irlandeses han decidido no respaldar el Tratado de Lisboa y las cosas se complican para el futuro de la UE.

Tras conocer los resultados, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, reconocía que la votación irlandesa es "importante, pero no decisiva", ya que el Consejo Europeo espera escuchar el análisis del primer ministro irlandés, Brian Cowen, antes de tomar una decisión. Y esa decisión cambiará posiblemente para siempre las reglas del juego en Europa.

La Constitución Europea fracasó en 2005 por los resultados desfavorables en las consultas que llevaron a cabo los gobiernos de Francia y Holanda. Y esto influye mucho en las decisiones finales que se toman en Bruselas porque todo el sistema está sometido a lo que se denomina revisión por unanimidad: es decir, un determinado tema no sale adelante si no hay acuerdo entre todos los estados, justo lo que, si no cambian las reglas, puede pasar ahora. El caso de Irlanda es aún más paradójico que los anteriores porque mientras que Cowen firmó el Tratado, la constitución irlandesa obligaba al Gobierno a celebrar un referéndum.

Tres vías 

La idea de que no existe un plan alternativo queda patente por las declaraciones de muchos de los líderes europeos. Se aprobará el Tratado sí o sí. Para ello quedan muchos cambios que hacer sobre la marcha si, como dice Barroso, "el Tratado no está muerto". Uno de ellos es ése, cambiar de pronto el sistema de revisión por unanimidad de manera que, como ya han ratificado el Tratado dos tercios de los Estados miembros, el referéndum irlandés no paralice el proceso.

La otra opción sería obligar a Irlanda, una vez consultado su Gobierno en el Consejo de Europa, a realizar un segundo referéndum, cosa que ha sugerido Barroso, pero esto no parece más que otra operación para ganar tiempo antes de que la realidad sea imposible de negar. Imposible, a no ser que tras el análisis de Cowen, los 27 decidan hacer ciertas concesiones a Irlanda que hasta ahora no tienen, véase, un aumento del número de comisarios. Sin embargo, también parece poco probable, por dos razones: uno, porque habrá países como España, que tendrán el mismo número de comisarios, que se negarán; y dos, porque este tipo de concesiones pueden ser la base para futuras trabas de cualquier otro Gobierno que no haya ratificado el Tratado.

Una tercera opción pasa por seguir adelante con el Tratado de Lisboa como si no hubiera pasado nada y contando con Irlanda en la medida que ellos quieran participar en la UE. Algo así como la situación del euro con Inglaterra. Sin embargo, son muchas las voces que protestan por la continua 'avaricia' que muestran los Estados y la poca visión del conjunto al que pertenecen.

Independientemente de que el Tratado de Lisboa pueda ser considerado bueno o malo, lo que queda claro es que, quizá, negar la realidad no sea lo más adecuado y, a lo mejor, una serie de reformas del aparato burocrático de Bruselas que vayan enfocadas a aumentar la conciencia social y democrática y que destaponen el proceso de toma de decisiones, pueden ayudar a crecer a la vieja Europa. La decisión, como en casi todos los casos, la tienen ellos: negar la realidad, negar a Irlanda, o asumir el ‘no' y cambiar.