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Miércoles, 11 de Junio de 2008

Un premio equivocado para una gran tecnología

Google no contribuye "al progreso de los pueblos", como pomposamente asegura el acta del jurado

PATRICIA FERNÁNDEZ DE LIS ·11/06/2008 - 20:30h

“El Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades será concedido a la persona, grupo de personas o institución cuya labor creadora o de investigación represente una aportación relevante a la cultura universal en esos campos”. No es decir demasiado, la verdad. Con este criterio, el premio de ayer podría haber ido a parar a la SGAE, por su “aportación relevante al incremento de la participación de los internautas en la Red”, dada la cantidad de comentarios que suscitan sus noticias. El jurado se lo ha dado a Google. Y Google se merece infinidad de premios. Pero éste no es uno de ellos.

Sergey Brin y Larry Page han creado el mejor buscador de Internet del mundo, propiciando “el acceso generalizado al conocimiento”, como bien dice el jurado. También gestiona herramientas poderosísimas (un programa de correo electrónico, una televisión por Internet, un sencillo gestor de publicidad on-line). Por todo ello, Page y Brin podrían merecer el Príncipe de Asturias de Investigación y hasta un premio Nobel.

Pero Google no contribuye “al progreso de los pueblos”, como pomposamente asegura el acta del jurado. Al menos, no al del pueblo chino, donde se encuentra el mayor número de internautas del mundo. En ese país, Google ha decidido aceptar la censura del Gobierno a cambio de poder hacer negocios. Los ciudadanos chinos que utilicen la página de Google para buscar información sobre Tíbet, Tiananmen o Falun Gong no la encontrarán. El buscador está censurado.

Eric Schmidt, el presidente de la compañía, ha explicado en varias ocasiones que la decisión de desembarcar en China en estas condiciones ha sido la más difícil que ha tomado nunca, pero que estar allí es una manera de contribuir a su desarrollo y dialogar con sus dirigentes. Yahoo! y Microsoft, además, han tomado exactamente la misma decisión.

Con una salvedad: ellos no salieron a Bolsa declarando que no querían “ser malvados”. El secretismo de Google al mantener los datos de los usuarios que navegan por sus páginas sin explicar para qué lo hace contradice aún más esa declaración.

Google es una gran empresa, tiene una increíble plantilla a la que cuida hasta la obsesión y cuenta con la mejor tecnología del mercado. Pero darle un premio de Comunicación cuando colabora con un censor es un grave error y, lo que es peor, es la confirmación de que al jurado de este importante galardón no le importa que 1.300 millones de personas no puedan acceder a información básica sobre su propio país.